La OEA no pudo avanzar en su visión sobre la democracia
La crisis de Bolivia se convirtió en el revulsivo de la Asamblea de la OEA pero, ni siquiera con una crisis de este calibre sobre la mesa, el foro fue capaz de avanzar en la idea de cómo reforzar la democracia continental
La crisis de Bolivia se convirtió en el revulsivo de la Asamblea de la OEA pero, ni siquiera con una crisis de este calibre sobre la mesa, el foro fue capaz de avanzar en la idea de cómo reforzar la democracia continental. En el caso de Bolivia, la reticencia de los bolivianos a aceptar cualquier tipo de mediación internacional evitó a la Organización de Estados Americanos (OEA) tener que hacer un pronunciamiento más fuerte o de decidir, por ejemplo, el envío de una misión al país andino. El secretario general José Miguel Insulza, sin embargo, no descartó esta posibilidad "más adelante". Por tanto, la cuestión se resolvió con la aprobación de una declaración de buenas intenciones en la que se expresa la disposición de la organización a "brindar toda la cooperación" que las autoridades bolivianas soliciten. En opinión de los observadores, "se pasó de puntillas por la crisis", ya que se entiende que este es un problema al que la OEA, en realidad, no tiene forma de hacer frente. "Si se armara realmente, no quedaría otra que hacer lo mismo que en Haití. Que es recurrir a Naciones Unidas, porque ellos tienen Consejo de Seguridad y la facultad de mandar tropas. La OEA no tiene tropas", dijeron a EFE fuentes familiarizadas con estos procesos. A estas alturas, a la OEA le queda poco más que el diálogo y la negociación para la mediación en las crisis, por muy profundas y virulentas que éstas sean. Para los más críticos, que quisieran que la organización fuera más eficaz en los problemas del continente, la reunión que terminó en la medianoche del martes en Fort Lauderdale ha sido, en cierto modo, un "baile de máscaras" en el que "se ha tenido tiempo para los discursos y halagos diplomáticos, pero no para debatir los problemas que acosan al continente". Oficialmente, Para Insulza, la Asamblea "fue buena". Fuentes consultadas por EFE reconocieron con cierto pesar que "es triste" que la Asamblea haya concluido sin que se hayan debatido las dificultades por las que atraviesan muchos países del continente. Los analistas coinciden en que estamos asistiendo al "resurgimiento de una América Latina conflictiva", con problemas muy serios en muchos países y consideran que, si la OEA quiere ser "efectiva y relevante", no puede ignorar esta realidad. "Tendremos que dotarnos de alguna formula para evitar que un gobierno que ha sido elegido democráticamente por millones de personas sea tumbado por unos miles de manifestantes", dijo a EFE un embajador latinoamericano que lamentó que se haya perdido la oportunidad de "hacer algo más". Sin embargo, los problemas de Bolivia quedaron reducidos a expresiones de solidaridad, y la inestabilidad de Ecuador, las dificultades de Colombia, el volcán de Haití, la situación límite en Nicaragua y la corrupción en Centroamérica fueron tratados poco menos que en comentarios de pasada. Lo que sí tuvo un nuevo capítulo fue la tensión entre Estados Unidos y Venezuela derivado del comentario público del secretario de Estado Adjunto para Latinoamérica, Roger Noriega, respecto a que "es obvio" que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ha tenido un papel en la crisis de Bolivia, lo que consideró "preocupante". Al canciller de Venezuela, Ali Rodríguez, le faltó tiempo para rechazar categóricamente esta acusación "de los intrigantes de siempre" que, dijo, no hacen más que "echar leña al fuego cuando los diplomáticos deben apagarlo". Con estas tensiones y la conflictiva situación de América Latina como telón de fondo, la aprobación de la Declaración de Florida, el documento emblemático de esta reunión, encontró grandes problemas para ser aprobada. La pretensión inicial de EEUU de incluir en el texto la creación de un "mecanismo de supervisión" de las democracias, que fuera capaz de anticiparse a las crisis del continente, tuvo una frontal oposición de los países latinoamericanos que formaron una piña y consiguieron deshacer los planes estadounidenses. La prolongada negociación de este texto -que tradicionalmente se aprueba sin mayores complicaciones- demoró durante más de seis horas la clausura de la reunión, que terminó en la medianoche del miércoles. Al final, el "mecanismo de supervisión" se quedó reducido a una referencia a "iniciativas de cooperación" en las crisis continentales. Para los analistas, la propuesta estadounidense podía haber sido una "buena idea". Pero fue presentada "en mal momento y de mala maneras".




