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Los estragos de "Charley" siguen patentes en Florida

Aunque el huracán "Charley"es historia, sus estragos en Port Charlotte y Punta Gorda (Florida) siguen patentes por el alcance de la devastación y la angustia de miles de personas que hace una semana perdieron lo que tenían.

Port Charlotte (EEUU).---Aunque el huracán "Charley"es historia, sus estragos en Port Charlotte y Punta Gorda (Florida) siguen patentes por el alcance de la devastación y la angustia de miles de personas que hace una semana perdieron lo que tenían.
En esta zona de la costa occidental de Florida (EEUU), que hace siete días era un remanso de paz, sol y agua, sus habitantes intentan superar el trance. No es una tarea sencilla.
Una semana después del paso furioso de "Charley", miles de personas, sobre todo ancianos que se trasladaron al lugar en busca de su clima benigno, tratan de recuperarse con la ayuda de las autoridades y varias organizaciones humanitarias.
La cifra de muertos se elevó hoy oficialmente a 23 y los daños materiales sobrepasan los 17.000 millones de dólares.
Desde el azote en agosto de 1992 del huracán "Andrew", que arrasó la zona sur de Miami, Florida no había sufrido una catástrofe de esta magnitud.
El impacto de "Charley", un huracán de categoría cuatro en la escala de intensidad Saffir-Simpson (de cinco grados), es todavía palpable en las dos poblaciones más castigadas: Port Charlotte y Punta Gorda.
La suspensión del servicio de electricidad afecta a unas 400.000 personas, hay 150.000 líneas telefónicas cortadas, miles de damnificados y cuantiosas pérdidas en la industria de cítricos.
En los centros de acogida, donde van y vienen voluntarios y funcionarios de los servicios de socorro, los damnificados recuerdan cómo sobrevivieron hace una semana a la fuerza de los vientos.
Embarazada de siete meses y con dos pequeños hijos a su cuidado, Tabatha Fedrick cuenta que se encerró en un armario cuando los vientos desatados por "Charley" soplaron a más de 220 kilómetros por hora.
Cuando salió del armario lo que vieron sus ojos era desolador. Había perdido todo.
"Ya no tenemos casa ni ropa ni muebles", relata a EFE la joven madre, mientras pide a sus hijos, Joseph, de dos años, y Dante, de siete, que terminen de comer la bolsa de tortillas de maíz que han recibido en el centro de acogida.
Esperanza y Domingo Simó tuvieron mejor suerte. Aunque su casa resultó dañada por el huracán, no la perdieron por completo.
La pareja cubana es una más de las miles de personas que ha acudido al Centro de Recuperación de Desastres en Port Charlotte, administrado por la Agencia Federal para la Gestión de Emergencias con la colaboración de media docena de entidades de servicio y socorro, entre ellas la Cruz Roja y el Ejército de Salvación.
"Mi esposo y yo quisimos salir de la casa cuando azotó el huracán, pero ya era demasiado tarde", recuerda Esperanza, originaria de La Habana.
Domingo, quien nació en Las Villas, asegura que los vientos dañaron su vivienda y que espera que el seguro cubra la reparación, aunque "por si acaso no lo hace", solicitará ayuda económica al Programa de Asistencia para Individuos y Hogares de esa agencia.
Semejante ayuda esperan recibir Jennifer Edmonson y su padre Bill, o "Mr. Ed" como es conocido en la Escuela Intermedia de Arcadia en donde impartió clases de arte durante 33 años.
"Qué bueno que estamos vivos, pero esa primera noche tuvimos mucho calor, miedo y desesperación", dice a EFE "Mr. Ed".
A tres kilómetros de distancia de Port Charlotte, los habitantes de Punta Gorda intentan volver a la normalidad a pesar de los estragos de "Charley".
Uno de los edificios más afectados es el Centro Médico Regional de Charlotte.
George Fink, uno de los voluntarios, asegura que por lo menos 115 pacientes fueron trasladados a hospitales de Tampa y Sarasota ante la emergencia.
El edificio principal perdió el tejado por los vientos de "Charley", mientras el centro de radiación, así como varias oficinas médicas y un centro de cuidado de la salud, quedaron totalmente inhabitables.
"Tenemos a 600 personas trabajando en la reconstrucción del edificio", dice Fink.
Siete días después el mayor inconveniente es la falta de electricidad. Dentro de las casas el calor acumulado es insoportable y en las calles cada cruce se ha convertido en un peligro por la falta de semáforos.
Los conductores deben parar en cada intersección y esperar su turno para pasar. Soldados del ejército estadounidense se han convertido en guardas urbanos para controlar el tráfico por unas carreteras en las que hay numerosas señales de tráfico derribadas.
También se nota un intenso tráfico hacia el norte. Son gente que ha tirado la toalla.
"Prefiero regresar a Michigan y dejar todo esto atrás. Esto es demasiado difícil de soportar", afirma Dean McCary, quien perdió su casa móvil en Port Charlotte.

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