Pasado comunista del padre de la bomba atómica a debate en EEUU
La posibilidad de que J.Robert Oppenheimer, conocido como el "padre de la bomba atómica", perteneciese al Partido Comunista se debate en la Universidad de California en Berkeley, donde el científico fue profesor.
San Francisco (EEUU).--- La posibilidad de que J.Robert Oppenheimer, conocido como el "padre de la bomba atómica", perteneciese al Partido Comunista se debate en la Universidad de California en Berkeley, donde el científico fue profesor.La "caza de brujas" del senador Joseph McCarthy, artífice de la cruzada contra los sospechosos de simpatizar con el comunismo durante los años 50, continúa dando que hablar cinco décadas después, esta vez con motivo de la celebración del centenario del nacimiento de Oppenheimer.Según el profesor de Historia de la Universidad de California en la localidad de Merced Gregg Herken, unos documentos descubiertos recientemente muestran que Oppenheimer pertenecía a un grupúsculo secreto del Partido Comunista en Berkeley.Herken es uno de los participantes del ciclo de conferencias y exposiciones organizado por Berkeley sobre el científico que lideró el nacimiento de la bomba atómica en el súper secreto "Proyecto Manhattan" (puede encontrarse más información en la dirección de internet http://ohst.berkeley.edu/oppenheimer).El grueso de las conferencias se centra en las acusaciones de comunismo contra el científico, que fue despojado de los privilegios de que gozaba hasta ese momento como consejero de alto nivel del gobierno estadounidense.Eran los años de la Guerra Fría, que coincidieron con el final de la Guerra de Corea y la emergencia de la Unión Soviética como potencia nuclear.Después de que la Unión Soviética obtuviese un arma nuclear gracias en parte al espionaje de los estadounidenses Julius y Ethel Rosenberg (quienes fueron ejecutados en 1953), el senador McCarthy estaba convencido de que había comunistas infiltrados en todas las esferas del país, Gobierno incluidos.El senador extendió su búsqueda a funcionarios oficiales, científicos nucleares, diplomáticos del Departamento de Estado, militares e incluso altos cargos del Gobierno del presidente Dwight Eisenhower.Entre ellos se encontraba Oppenheimer.Muchos colegas saltaron entonces en defensa del científico, fallecido en 1967 a los 62 años, y denunciaron que el ostracismo contra él se debía a su oposición a la bomba de nitrógeno y a que abogaba por el control de armas.A pesar de ello, su pertenencia al Partido Comunista continuó siendo una incógnita que los historiadores nunca terminaron de despejar, al menos hasta ahora."Las pruebas son claras", señaló Herken en referencia a dos memorias que todavía no se han publicado, una escrita por un profesor de Berkeley y la segunda por la esposa de un colaborador cercano al científico.Ambos libros dan detalles de la existencia de un pequeño grupo de profesionales de esta universidad en la bahía de San Francisco que se reunían con regularidad, a veces en el domicilio de Oppenheimer, en lo que se describe como una "unidad secreta del Partido Comunista"."Oppenheimer siempre negó su pertenencia al Partido Comunista", señaló Herken, "ahora, está claro que no estaba diciendo la verdad".A pesar de ello, Herken dijo que no creía que el científico hubiera traicionado a su país. "Era un comunista, pero también un patriota", señaló al diario "San Francisco Chronicle".Otros historiadores no comparten esta opinión, y expresaron sus discrepancias con las tesis de Herken.Entre ellos se encuentran el profesor de la Universidad de Tufts Martin Sherwin, coautor de una biografía de Oppenheimer, y el historiador de la Universidad de Yale Daniel Kevles.Por su parte, el nieto del científico, Charles Oppenheimer, restó importancia a la posible pertenencia de su abuelo al Partido Comunista."Creo que lo que ocurrió en los años 50 es insultante. (Oppenheimer) sirvió a su país de todas las maneras posibles", dijo el nieto de un personaje que quizá cambió el rumbo de la historia.Según otro de sus biógrafos, el físico Jeremy Bernstein, si Oppenheimer no hubiera estado al frente del laboratorio nuclear de Los Alamos que desarrolló las primeras bombas atómicas, "para bien o para mal la Segunda Guerra Mundial hubiera acabado de manera muy diferente: sin armas nucleares".




