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La sexta edición pasará a la historia por la tragedia de Foé

La sexta edición de la Copa de Confederaciones no ha logrado dejar su huella entre los aficionados ni los medios de comunicación, y pasará a la historia por la trágica muerte del camerunés Marc-Vivien Foé, que falleció minutos después de desplomarse en el terreno de juego durante la semifinal contra Colombia.

PARIS.--- La sexta edición de la Copa de Confederaciones no ha logrado dejar su huella entre los aficionados ni los medios de comunicación, y pasará a la historia por la trágica muerte del camerunés Marc-Vivien Foé, que falleció minutos después de desplomarse en el terreno de juego durante la semifinal contra Colombia.
El fallecimiento del jugador africano hizo saltar las alarmas en todo el mundo del fútbol y fue una coartada más para los que alertan contra la sobrecarga que tienen que soportar los futbolistas.
Y mientras se esclarecen los motivos de la muerte del jugador, la Copa de Confederaciones recibe ataques por su flanco más débil, el del exceso de partidos y su inclusión forzada en un calendario repleto.
Al margen del fallecimiento de Foé, la Copa de Confederaciones no ha logrado borrar su imagen de trofeo sin prestigio de final de temporada.
La ausencia de algunas de las estrellas más esperadas (Zidane, Makelele, Roberto Carlos, Ronaldo, Rivaldo) redujo la dosis de "glamour" del torneo, mientras que la fatiga de los que si que estuvieron deslució el espectáculo.
Con ese panorama, el conocido como "mundialito" no ha despertado un gran interés entre los aficionados, pero tampoco en la prensa.
Ni siquiera la final, para la que se habían clasificado los anfitriones franceses, logró llenar el Estadio de Francia y eso que los organizadores habían previsto abrirlo en su configuración más pequeña.
Algo más de medio centenar de aficionados acudió a la final y eso contando con un fuerte aporte procedente de la abundante comunidad camerunesa residente en Francia.
La final no trascendió de la categoría de anécdota. Francia no se paralizó, ninguna autoridad se trasladó al partido, lo que contrastó con la final de 1998, cuando el presidente, Jacques Chirac, y el entonces primer ministro Lionel Jospin se convirtieron en los primeros aficionados de los "bleus".
La Copa de Confederaciones no ha dejado de ser una competición secundaria. Los aficionados la perciben como un conjunto de partidos amistosos y, la ausencia de decepciones que suele acompañar las derrotas, es comparable a la falta de alegrías que conlleva la victoria.
Ni Brasil sufrió una crisis tras no superar la primera fase, ni a Francia le han llovido las críticas por su mal juego. Sólo selecciones con poco prestigio, como Camerún o Japón, han pescado cierta estima en el río revuelto de una competición turbulenta.
Hasta que la muerte de Foé lo paralizó todo y lo sacó del contexto de la polémica. El fútbol siguió su paso marcado por la tragedia, que dejará su huella en la historia. Y será la única.

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