El Gobierno echa a los peces "no autóctonos" de un foso imperial
El Ministerio de Medioambiente japonés comenzó a pescar los peces "no autóctonos" de uno de los fosos que rodea el Palacio Imperial con el fin de proteger a la población local acuática "japonesa" que está siendo devorada.
Tokio.---- El Ministerio de Medioambiente japonés comenzó a pescar los peces "no autóctonos" de uno de los fosos que rodea el Palacio Imperial con el fin de proteger a la población local acuática "japonesa" que está siendo devorada.Según el ministerio de Medioambiente japonés, en la primera redada realizada a primera hora de la mañana se cazó a seis agallas azules (Lepomis macrochirus) "extranjeros" junto a otros 30 peces japoneses "motsugo", de la familia de las carpas, en una operación encomendada al Centro japonés de Investigación de la Vida Salvaje y expertos de la Universidad de Tokio.Los investigadores examinarán el estómago de los agallas azules para estimar cuántos "motsugo" han devorado, después de descubrir que en los últimos años la población de peces "no japoneses", mayoritariamente procedentes de EEUU, domina sobre la de los "nativos" en los fosos del palacio.Las carpas capturadas durante la operación serán evacuadas a otros fosos del recinto imperial, que desde la Era Edo (1603-1867) han constituido el hábitat de estos peces, dijo el ministerio.Los jardines nipones han contado tradicionalmente con carpas de colores en los estanques como parte de una estética establecida.Sin embargo, en los últimos años, los aficionados a la pesca han ido introduciendo en los fosos del recinto imperial varias especies de agalla azul y lubina negra (Micropterus salmoides floridanus), que tras alimentarse de los "motsugo" japoneses han terminado por superarlos en número.En un estudio realizado por el Gobierno en el año 2000, sobre 3.400 peces atrapados, los peces "no nativos" constituían el 99 por ciento, con una presencia mayoritaria de agallas azules.Estos últimos fueron introducidos por primera vez en Japón durante la década de los sesenta, mientras que la lubina negra entró en el país en los años 20.Desde entonces, estas dos especies se han reproducido con gran velocidad por su calidad de omnívoros y han expandido su población en lagos y ríos al alimentarse de otros peces, gambas, plantas acuáticas y huevas.




