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Hambre y "maíz de diseño" crea dilema humano en el sur de Africa

La hambruna que azota a varios países del sur de Africa y que amenaza a más de catorce millones de personas en la región ha creado un dilema humanitario, ya que algunos Gobiernos se niegan a aceptar el maíz manipulado genéticamente que ofrece EEUU, el mayor donante en la crisis.

JOHANNESBURGO.--- La hambruna que azota a varios países del sur de Africa y que amenaza a más de catorce millones de personas en la región ha creado un dilema humanitario, ya que algunos Gobiernos se niegan a aceptar el maíz manipulado genéticamente que ofrece EEUU, el mayor donante en la crisis.
Para Mozambique, Zambia, Zimbabue, Malaui y Suazilandia, los países más afectados, el maíz es el alimento básico, pero la sequía, la corrupción, la pobreza, la situación política de Zimbabue -que antes de la era del presidente Robert Mugabe era el granero de la zona-, hace que dependan de las donaciones internacionales para mantener viva a su población.
El Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA) ha destinado más de 500 millones de dólares para ayudar a resolver esta crisis alimentaria, pero la mayor parte de las miles de toneladas de maíz y soja aportadas por Estados Unidos están genéticamente modificadas.
Aunque en esos países africanos mucha gente ha muerto de hambre y otros sobreviven alimentándose de raíces, hierbas, frutos y hojas salvajes normalmente no comestibles, lagartos y hasta comida para cerdos, sus gobernantes han prohibido o restringido la distribución del maíz genéticamente manipulado.
Una variedad que los ciudadanos estadounidenses consumen todos los días desde hace siete años, sin que se haya detectado hasta la fecha ningún efecto nocivo o secundario contra su salud.
El presidente de Zambia, Levy Mwanawasa, afirmó que el "maíz de diseño es veneno". En Zimbabue, Mozambique y Malaui, las autoridades aceptaron donaciones pero con la condición de que ese tipo de maíz se muela antes de ser distribuido, para evitar la "contaminación".
Este requisito impuesto, según el PMA, retrasa y encarece la distribución de las donaciones en medio de una crisis en la que la lucha es "contra reloj".
La raíz del problema, de acuerdo con los expertos, es que esos países obtienen la mayor parte de sus divisas de la exportación de alimentos a Europa, donde sus habitantes rechazan el consumo de productos del campo manipulados genéticamente.
Sin embargo, también se han cruzado acusaciones de todo tipo que parecen formar parte de la "guerra comercial" existente entre Estados Unidos -líder mundial de la biotecnología- y Europa.
El país americano acusa a varias Organizaciones No Gubernamentales (NGOs), como Greenpeace, de hacer una campaña de desinformación en los países africanos afectados por la hambruna contra los productos de manipulación genética "a costa de agravar el problema del hambre en la región".
La NGO, por su parte, acusó a Estados Unidos de intentar lograr una penetración de esos productos modificados -por lo tanto patentables- en los mercados mundiales, "mientras que sus efectos sobre la seguridad biológica y sobre los consumidores todavía no se conocen".
También hay quien culpa a los propios líderes africanos. "Parte del problema está en que muchos gobernantes intentan ocultar la gravedad del problema, y los fallos de sus propias políticas, tras este absurdo debate", dijo Ross Herbert, del Instituto Africano de Asuntos Internacionales de Johannesburgo.
La ONU ha dejado clara su postura. El pasado 30 de agosto, Jacques Diouf, el mandatario de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), se definió respecto al "maíz de diseño".
"La FAO, junto a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el PMA, puede asegurar, tras consultar una gran variedad de fuentes y las últimas investigaciones científicas, que el maíz ofrecido a los países del sur de Africa puede ser consumido y es muy improbable que suponga un riesgo para la salud humana", declaró Diouf.
Pero Greenpeace señaló que ésta sería la primera vez que un producto genéticamente modificado vaya a ser utilizado como alimento básico: "lo cual lo puede hacer más peligroso".
Sudáfrica es el único país de la zona que permite la manipulación genética, sistema que para muchos científicos africanos representa el único camino para erradicar el hambre del continente.
"Sólo a través de la agricultura podemos transformar el continente africano", manifestó Kainyua M´bijjewe, un científico keniano afincado en Johannesburgo, quien aseguró que "solamente podremos transformar la agricultura africana por medio de técnicas modernas como la biotecnología. El continente necesita de semillas a prueba de sequías".
Una vez más, indican los analistas, parece que los africanos, como en los más duros años de la "guerra fría", sufren las consecuencias de un conflicto cuyo origen está fuera del continente.
Pero la decisión final sobre el dilema del "maíz de diseño" está en las manos de los gobernantes de esta región. Quizá a largo plazo exista un mínimo de riesgo, pero sólo para el bien de catorce millones de hambrientos el continente no puede permitirse el lujo de rechazar alimentos que en otros países se consumen a diario.

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