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Tragedia en Baikonur golpea con fuerza al sector espacial ruso

El sector espacial ruso sufrió un duro revés al desplomarse sobre un grupo de técnicos el techo de una de las instalaciones del cosmódromo de Baikonur, emblema de la carrera de Rusia hacia la conquista del espacio.

MOSCU.--- El sector espacial ruso sufrió un duro revés al desplomarse sobre un grupo de técnicos el techo de una de las instalaciones del cosmódromo de Baikonur, emblema de la carrera de Rusia hacia la conquista del espacio.
A última hora de la tarde los equipos de salvamento seguían buscando entre los escombros a los ocho técnicos sepultados al hundirse el techo de uno los complejos de prueba y montaje de lanzamiento de cohetes espaciales en Baikonur.
"Lo más seguro es que todos los integrantes de la brigada de operarios hayan muerto", señaló Sergueí Gorbunov, portavoz de la agencia espacial Rosaviakosmos.
Según el ministerio de Situaciones de Emergencia ruso, por causas desconocidas se desplomaron tres secciones de las cinco que componían el techo de las instalaciones, que disponen de unas paredes de entre 70 y 100 metros de altura.
Un equipo de especialistas partirá de Moscú mañana para investigar la tragedia.
Los trabajadores desaparecidos reparaban el techo del módulo de montaje y experimentación MIK, donde había tres bloques con sistemas de combustible de la nave lanzadera "Burán" y de su cohete de propulsión "Energía".
En el hangar destruido también se encontraba una "Buran", construida para competir con los "Shuttle" de Estados Unidos.
El accidente de Baikonur supuso una nueva losa sobre la industria espacial rusa, tras el hundimiento en el océano el año pasado de la estación Mir por falta de fondos.
El accidente también ensombreció el ánimo de los especialistas que han puesto ya a dos turistas millonarios en órbita a bordo de la Estación Espacial Internacional (ISS) con unos ingresos de 20 millones de dólares (22,1 millones de euros) por viaje.
Baikonur se había convertido en los últimos tiempos en objetivo de turistas de alto poder adquisitivo, que pueden disfrutar tras décadas de secreto y misterio de una estancia de dos días por 2.500 dólares (2.759 euros), con visita a los cohetes y rampas de lanzamiento incluida.
Baikonur, también conocido como Tiuratam, ocupa una extensión de 7.000 kilómetros cuadrados de la estepa kazaja y es el cosmódromo más antiguo del mundo y buque insignia de la industria espacial rusa.
En un tiempo fue el secreto más guardado ante el enemigo estadounidense -su nombre procede de una aldea minera situada a cientos de kilómetros de distancia, para despistar-, sólo revelado en 1957 gracias a los aviones espía U-2 de EEUU y a viejos mapas alemanes.
Los familiares de los cosmonáutas y científicos que trabajaban en Baikonur debían dirigir sus carta a lugares tan ficticios como "Moscú-400" o "Leningrado-300".
Aunque en territorio kazajo, Rusia tiene derecho al uso de las instalaciones de Baikonur en virtud de la Declaración de Minsk, firmada en diciembre de 1991, pero los impagos de renta por Moscú han enturbiado la última década de vida del cosmódromo.
Baikonur empezó a construirse el 2 de junio de 1955 sobre el "Area de Pruebas número 5", campo de pruebas para misiles intercontinentales.
Desde entonces, y sin olvidar su nacimiento al servicio del motor bélico de la URSS, Baikonur ha sido el escenario de los principales éxitos de este país en el espacio.
Los hangares de Baikonur albergan los mayores cohetes del mundo, como los Protón-K, Rokot, Tsiklón, los Soyuz y el Zenit, auténticos gigantes que han protagonizado los pasos más afortunados del hombre en el espacio exterior.
Desde Baikonur se lanzó el primer satélite artificial en 1957, el famoso Sputnik, y en 1961 despegó la nave Vostok-1, que puso en órbita al pionero en el espacio, Yuri Gagarin.
El 20 de febrero de 1986, de Baikonur despegó la primera estación orbital de la historia, la Mir, que puso fin a su singladura espacial en marzo del año pasado.
Desde Baikonur partió el 25 de abril la expedición Marco Polo que llevó a la Estación Espacial Internacional al segundo turista sideral de la historia, el sudafricano Mark Shuttleworth, sucesor del multimillonario Dennis Tito, quien viajó a la ISS hace un año.
Pero Baikonur fue también el escenario de una de las mayores tragedias de la astronáutica rusa, cuando el 24 de octubre de 1960 una explosión causó casi un centenar de muertos.
Ese accidente revelaba el doble uso, militar y pacífico, que se ha dado siempre a Baikonur: entonces fue un misil intercontinental R-16 el que explotó matando a 92 personas en el peor desastre espacial de la historia.
Entre los muertos estaba Mitrofán Nedelin, comandante en jefe de las Fuerzas de Misiles Estratégicas, aunque su fallecimiento fue ocultado por el poder soviético, que informó sobre un accidente aéreo para explicar la muerte del mariscal.
Por ironía del destino, en el mismo día pero tres años después, ocho personas murieron cuando un misil balístico, un R-9A, estallaba por una fuga del combustible de oxígeno líquido; desde entonces, nadie trabaja en esa fecha en Baikonur.

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