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Técnicas de ADN sólo permiten identificar a centenares de muertos

La identificación de las víctimas de los atentados del 11 de septiembre mediante técnicas genéticas de ADN sólo ha permitido poner nombres a unos centenares de muertos, aunque los restos humanos recuperados se cuentan por miles.

WASHINGTON.--- La identificación de las víctimas de los atentados del 11 de septiembre mediante técnicas genéticas de ADN sólo ha permitido poner nombres a unos centenares de muertos, aunque los restos humanos recuperados se cuentan por miles.
Los expertos en biología forense se enfrentan a lo que se ha llamado "el mayor y más doloroso proyecto de identificación de la historia", que supone el reto de recomponer un macabro rompecabezas, según han señalado a EFE especialistas en análisis genéticos.
"La gente no deja su ADN en el congelador pensando que puede ocurrir una tragedia", aseguró Keith McKenney, profesor de Biotecnología y Biociencias Forenses de la Universidad George Mason de Virginia.
Centenares de genetistas y ayudantes se afanan, 25 días después de la tragedia, en cotejar el material genético que extraen de miembros y despojos humanos con el obtenido de archivos militares, manchas de sangre, cepillos de dientes o máquinas de afeitar que pertenecieron a los muertos y que pueden atesorar su ADN.
McKenney, experto en Química Genética que ha desarrollado numerosas investigaciones con ADN humano, asegura que "es un tipo de actividad tremendamente emotiva" la que se está llevando a cabo en Nueva York, con los restos hallados en las Torres Gemelas y con los recuperados en el Pentágono y en Pensilvania.
En total, la cifra de muertos y desaparecidos se ha rebajado a 5.588, tras los ajustes de las listas que contenían nombres repetidos.
En Nueva York son 4.986 los desaparecidos, 369 los muertos y 301 los identificados, mientras que los muertos en el Pentágono son 189 y en Pensilvania 44.
Los investigadores, con la ayuda de analizadores genéticos, máquinas similares a los secuenciadores del ADN utilizados en la confección del Mapa del Genoma Humano, tratan de juntar las dos piezas fundamentales de esta investigación.
Por un lado, según ha explicado a EFE Keith McKenney, se necesita extraer de los fragmentos humanos recuperados "el perfil nuclear del ADN", que contiene las características genéticas que identifican a un individuo.
Pero ese perfil genético tiene que contrastarse, "y ese es el gran problema" según el forense, con algo que perteneciera en vida a la persona desaparecida y que contenga también su huella genética.
Los familiares de los muertos en Nueva York han buscado entre las pertenencias de sus seres queridos una camiseta con manchas de sangre, un cepillo de dientes en el que hayan podido quedar prendidas células del paladar o una máquina de afeitar que conservara entre las cuchillas las finas láminas de piel que se arrancan en cada rasurado.
"Si se tiene acceso de inmediato a un cepillo de dientes, puede valer. Dos días después de la muerte quizás también, pero dos años después ya no", afirma el científico, que ha trabajado con restos humanos de gran antigûedad.
En 1996, McKenney dirigió los análisis de AND mitocondrial que se realizaron en EEUU con los restos de una princesa inca, cuya momia había permanecido enterrada durante 500 años.
En Nueva York, donde se ha instalado el principal operativo de identificación de las víctimas, trabaja ininterrumpidamente el Equipo de Respuesta de Operaciones Forenses ante Desastres, cuyos responsables creen que tendrán que manejar más de 20.000 fragmentos de restos humanos.
Robert Shaler, jefe médico en la operación y biólogo forense, ha llamado la atención en varias ocasiones sobre la importancia de mantener la moral de los voluntarios que trabajan en la recuperación de los cadáveres, porque las condiciones en las que operan son penosas.
Aunque los atentados del 11 de septiembre han puesto miles de muertos sobre la mesa de los forenses, este tipo de trabajos de identificación no es nuevo.
Los accidentes del vuelo 800 de la TWA, que tuvo lugar en julio de 1996, y el del vuelo 111 de Swissair, que se estrelló en aguas de Nueva Escocia en septiembre de 1998, han servido de banco de pruebas a los equipos especializados en identificación de víctimas en las catástrofes.
Pero el mayor proyecto de identificación que se lleva a cabo se realiza en Sarajevo, para poder conocer los nombres de cerca de 25.000 víctimas producidas en la guerra.

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