El Papa rindió homenaje a víctimas en campos de concentración comunistas
Juan Pablo II rindió homenaje, en su primera día de estancia en Astaná, a los centenares de miles de personas que fueron deportadas en los once campos de concentración soviéticos levantados en Kazajistán y a los miles que murieron debido al frío, el hambre y las enfermedades.
ASTANA.--- Juan Pablo II rindió homenaje, en su primera día de estancia en Astaná, a los centenares de miles de personas que fueron deportadas en los once campos de concentración soviéticos levantados en Kazajistán y a los miles que murieron debido al frío, el hambre y las enfermedades.El Papa rezó ante el monumento levantado en la capital kazaja y después dirigió unas palabras a los presentes. Mientras estaba leyendo, el atril en el que tenía los folios cayó al suelo y volaron las hojas, que fueron recogidas por el presidente kazajo, Nursultan Nazarbayev.Desde los tiempos de los zares, Kazajistán, el gran territorio del Asía Central, fue una tierra de deportaciones y durante el periodo del comunismo fue uno de los lugares elegidos por el régimen soviético para las deportaciones colectivas e individuales.Centenares de miles de hombres y mujeres acabaron en esas tierras inhóspitas de la estepa asiática.En 1936 cuando el régimen de Moscú puso en marcha el plan de colectivización, fueron deportados a la zona de Karaganda, en el centro del país, pueblos enteros, en su mayoría ucranianos.Quienes sobrevivieron fueron obligados a construir factorías colectivas junto con la población local, obligada a su vez a romper con la tradición nómada y a trabajar en los "koljoses".A la mínima ocasión que se rebelaban, eran enviados a los campos de concentración.La deportación más grande fue la de 800.000 alemanes de la zona del Volga, en la década de los años 30, y la de 100.000 polacos durante la segunda guerra mundial.Kazajistán también ha sido tierra de martirio para miles de obispos, sacerdotes y laicos católicos.El escritor Alexander Soltzenitsin pasó un tiempo en un campo de concentración, el de Jhezgasghan. Lo visto y padecido lo plasmó en su libro "Un día en la vida de Ivan Denisovich".Durante la segunda guerra mundial también fueron deportados soldados alemanes, japoneses, italianos, franceses, ucranianos y finlandeses, entre otros. Todos murieron por el frío, el hambre y las enfermedades.Con este homenaje concluyó la primera jornada del Papa en tierras kazajas. Mañana oficiará una misa en la plaza central de Astaná y se reunirá con los jóvenes en la Universidad Eurasia.




