Comer en avión: vuelta a técnicas milenarias
Cualquier usuario habitual de líneas aéreas sabe muy bien que la comida que se sirve a bordo, sobre todo en la sufrida clase turista o económica, no es, precisamente, uno de los atractivos del viaje.
MADRID.---- Cualquier usuario habitual de líneas aéreas sabe muy bien que la comida que se sirve a bordo, sobre todo en la sufrida clase turista o económica, no es, precisamente, uno de los atractivos del viaje.Y muchos de esos usuarios están preocupados por algunas de las consecuencias menos graves, pero molestas, de la tragedia del pasado día 11 en Manhattan; concretamente, por la más que probable prohibición de utilizar ningún tipo de cuchillo a bordo.Cuchillos... de momento, porque alguien caerá en la cuenta de que un tenedor de púas afiladas aplicado sobre la yugular puede ser un arma tan letal como un cuchillo. De modo que habrá que ir pensando en un futuro inmediato en el que no dispondremos, en los aviones, de los dos cubiertos más utilizados por los ciudadanos occidentales.Bueno, siempre podemos retrotraernos al tiempo del Imperio Romano y comer con las manos; para ello no hará falta más que servir la comida cortada en trozos manejables. Unos muslitos de ave preparados de forma que quede la parte superior del hueso limpia, para tomarlos con la mano por allí sin pringarse, son una de las posibilidades; hay más, claro.Me dirán que la forma de comer de los romanos, echados sobre el costado en sus triclinios, es incomodísima para un ciudadano de hoy. Seguro; pero no mucho más que hacerlo en el reducidísimo espacio que hay entre los asientos de la clase turista, y más cuando el pasajero de delante reclina el suyo para echar un sueñecito y, al mismo tiempo, el de atrás se apoya en el respaldo del nuestro para levantarse e ir al baño...Pero hay cosas que se pueden comer con la mano, y cosas que no. Para éstas, la mejor solución no viene de la antigua Roma, sino del eterno Oriente: los palillos, artilugio al que auguramos un brillante futuro y cuyo uso es muchísimo menos complicado de lo que suelen pensar los occidentales; como comprenderán, una cosa que cada día hacen muchos cientos de millones de personas no puede ser muy difícil.Queda, también, la solución de apelar al más antiguo y universal de los cubiertos: la cuchara. Hay montones de posibilidades de platos "de cuchara" servidos en cazuelitas que pueden calentarse a bordo; claro que... habría que olvidar las sabrosas preparaciones a base de frijoles o, en general, cualquier leguminosa; son, quién lo duda, muy apetecibles, pero... un avión es un espacio cerrado, los vuelos transoceánicos duran lo suyo y las leguminosas tienen unos efectos aromático-musicales bien conocidos, que pueden hacer aún más irrespirable la atmósfera de un avión atestado de pasajeros, muchos de ellos, para colmo olfativo, desprovistos de sus zapatos.En serio: hay cientos de posibilidades de ofrecer una comida atractiva, por supuesto más que la que se servía hasta ahora, sin necesidad de suministrar al pasaje cuchillo y tenedor. Hay quesos, embutidos, pizzas, sandwiches fríos o calientes, brochetas de mil y una cosas -ensartadas no en un pincho, sino en un tallo vegetal no rígido, al estilo oriental-, sopas y cremas frías y calientes, sushis, "tacos" al estilo mexicano, rollitos de primavera o de cualquier estación y preparaciones similares de algo envuelto en pasta fina...Con la mano, con cuchara o con palillos. Viejísimas formas de comer todas ellas -el tenedor es cosa de ayer mismo en la mayor parte del mundo- que, miren por dónde, van a imponerse para hacerlo en uno de los símbolos que mejor identifican los tiempos actuales: el avión. Qué de vueltas dan la historia y la vida.




