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Miembros de Greenpeace y otros antinucleares salen al paso al convoy francés

El convoy con residuos radiactivos procedentes de la planta francesa La Hague avanza hacia su destino, el cementerio nuclear de Gorleben (norte de Alemania), entre múltiples acciones de bloqueo de Greenpeace y de activistas antinucleares, dispuestos a entorpecer al máximo el paso del tren.

DANNENBERG.----El convoy con residuos radiactivos procedentes de la planta francesa La Hague avanza hacia su destino, el cementerio nuclear de Gorleben (norte de Alemania), entre múltiples acciones de bloqueo de Greenpeace y de activistas antinucleares, dispuestos a entorpecer al máximo el paso del tren.
El contingente policial apostado en la región de Gorleben -unos 17.000 agentes, a los que se sumarán otros 3.000 en las próximas horas- fue repetidamente sorprendido por la "picaresca" de los activistas, dispuestos a jugar al ratón y al gato mientras aguardan al Castor -nombre con el que se conoce a los contenedores de residuos atómicos-.
Miembros de Greenpeace y otros activistas antinucleares realizaron hoy de nuevo varias "acciones por sorpresa" entre Lûneburg y Dannenberg, el tramo ferroviario final del "viaje de retorno" de la basura atómica, originaria de centrales germanas y vitrificada en La Hague.
A primera hora de la mañana, unos cincuenta activistas treparon al puente de Hitzacker, a pocos kilómetros de Dannenberg, y desplegaron ahí pancartas contra el paso del convoy radiactivo.
Desde lanchas neumáticas o tras descolgarse de los árboles, los miembros de Greenpeace mantuvieron su acción hasta que a mediodía fueron desalojados por la policía.
Paralelamente, otros grupos hicieron sentadas sobre las vías del tren y burlaron, una vez más, la prohibición de llevar a cabo sus protestas en las inmediaciones de los raíles.
La policía observó cierta tolerancia y se limitó a "reagrupar" a los manifestantes, quienes, transcurrido cierto tiempo, optaron por levantar la sentada y marcharse al siguiente "punto de encuentro".
"Hasta ahora, a nadie nos interesa aumentar el nerviosismo", explicó a EFE el portavoz del operativo policial, Dieter Lemkau. "A medida que se acerque el tren vamos a tener menos paciencia", añadió.
La llegada a Dannenberg se prevé para la tarde, aunque podría retrasarse en función de los obstáculos que le salgan al paso.
El tren entró por el sur de Alemania pasada la medianoche, con algo de demora, e incrementó su tardanza a lo largo del trayecto en dirección al norte del país.
La ruta del convoy se mantuvo en secreto para evitar acciones de los antinucleares como las registradas la noche pasada en el trayecto por los estados Baden-Wûrttemberg y Renania Palatinado.
Las protestas se quedaron en actos de "resistencia pasiva" y los manifestantes fueron fácilmente evacuados por la policía.
Otra cosa es la situación que se perfila en el tramo final de Lûneburg a Dannenberg, algo más de 50 kilómetros, donde los activistas pondrán en juego la paciencia y operatividad policial.
Dannenberg es la estación de destino del tren y desde donde se procederá a la operación de traslado de los seis contenedores de residuos a los camiones que los transportarán durante el jueves al cementerio de Gorleben, a unos 20 kilómetros.
A lo largo del día, han llegado a la ciudad miles de activistas antinucleares, dispuestos a entorpecer el transporte de residuos.
"No podemos impedir su paso, pero al menos lo obstaculizaremos cuanto sea posible", explicó a EFE Wolfgang Ehmke, portavoz de la Iniciativa Cívica de Lûchow-Danneberg, que coordina las acciones.
Los antinucleares saben que no pueden detener el tren, como no lo consiguieron ya en los anteriores transportes de 1995, 1996 y 1997.
Su estrategia se concentra ahora en "encarecerlo" tanto como sea posible, visto que cada transporte ha sido más caro que el anterior y ha ido revestido de un mayor operativo policial.
El primer Castor a Gorleben estuvo custodiado por unos 9.000 agentes desplazados a la región; para el segundo la cifra subió a 10.000 y el tercero eran ya 15.000.
Esos transportes quedaron interrumpidos en 1998 por el Gobierno de Helmut Kohl, por razones de seguridad, pero el canciller Gerhard Schroeder acordó su reanudación tras atender la exigencia francesa de recoger las toneladas de "basura atómica" acumuladas en La Hague.
Los convoyes de residuos a Gorleben forman parte del consenso nuclear pactado entre el gobierno roji-verde alemán y la industria del sector para el abandono de esa fuente de energía.
Los antinucleares protestan porque ello implica convertir esa región en cementerio atómico de Alemania y se sienten abandonados por el co-gubernamental partido de Los Verdes, su antiguo aliado "natural".
Pese a ese distanciamiento, varios representantes de la cúpula eco-pacifista asistirán a la manifestación de esta tarde en Dannenberg y el diputado verde Christian Stroebele expresó su descontento por la detención, ayer, de uno de los líderes antinucleares de la región, Jochen Stay.

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