Rusia ajusta fecha para hundir la MIR y alerta de hongos mutantes
Rusia ajustó la fecha del hundimiento definitivo de la estación espacial Mir, prevista ahora para el 20 de marzo, mientras algunos científicos alertaron del riesgo potencial de las bacterias y "hongos mutantes" a bordo.
Por Armando PérezMOSCU.----.- Rusia ajustó la fecha del hundimiento definitivo de la estación espacial Mir, prevista ahora para el 20 de marzo, mientras algunos científicos alertaron del riesgo potencial de las bacterias y "hongos mutantes" a bordo.Víctor Blágov, director adjunto del programa de vuelos espaciales de Rusia, anunció en una rueda de prensa que el punto de no retorno se ha rebajado de 250 a 220 kilómetros de altura.Ese momento, antes previsto entre el 13 y 18 de marzo y retrasado al 20 por efecto de la nueva "órbita crítica", tiene un índice de error de más/menos un día, añadió Blágov."Todo depende del estado de la atmósfera y la actividad solar, que son parámetros muy difíciles de pronosticar", dijo el directivo de la cosmonáutica rusa.Valeri Lindin, jefe de prensa del Centro de Control de Vuelos Espaciales, manifestó que en las últimas 24 horas la Mir descendió lentamente unos dos kilómetros y se encontraba ya a 255,1 kilómetros de altura.La decisión de rebajar el "punto crítico" a sólo 220 kilómetros se adoptó para "ahorrar al máximo las 2,7 toneladas de combustible" de la nave Progress adosada a la Mir, informó Serguéi Gorbunov, portavoz de la Agencia Aeroespacial Rusa (AAR).Cuando la Mir descienda al nuevo punto escogido, los expertos en balística del Centro de Control analizarán todos los parámetros de la atmósfera para poner en marcha el proceso de hundimiento.Un "empujón" servirá para reorientar la Mir en su caída, otros dos se usarán como "frenos" limitados y el cuarto ordenará la caída libre, que propiciará el desplome a tierra en sólo 45 minutos.Con un peso total de 137 toneladas, la mayor parte de la Mir se desintegrará por el calor al contactar con la atmósfera, pero se estima que unas 25 toneladas llegarán a la superficie terrestre en unos 1.500 pedazos.Según el plan establecido, la superficie de caída abarca una zona apartada del Océano Pacífico, entre Nueva Zelanda y América del Sur, de 6.000 kilómetros de largo por 200 de ancho, muy apartada de las rutas marítimas.Si por alguna razón fracasaran las maniobras y se llega a perder el control sobre la Mir, sus restos pueden caer "en cualquier lugar" entre los paralelos 52 grados latitud norte y 52 latitud sur, una zona donde habitan cerca de 5.000 millones de personas, la mayor parte de la humanidad.Pero Lindin trató de calmar la ansiedad de algunos países como Japón y Australia con estas palabras: "Por ahora no hay razones para tener miedo, porque la estación (Mir) nos obedece".Los directivos de la cosmonáutica rusa dijeron que hay un 95 por ciento de posibilidades de controlar el hundimiento de la Mir, aunque algunos advirtieron de peligros de otra clase.Al menos un científico espacial, un instituto médico y dos medios de comunicación resucitaron una antigua amenaza que desde hace años ha confundido a los biólogos: las bacterias que existen en la Mir y los "hongos mutantes" desarrollados en sus quince años de vida.Yuri Karash, ingeniero del programa espacial ruso, declaró que algunos microorganismos que sufrieron mutaciones pueden representar un peligro si sobreviven al caer a la Tierra."Me gustaría poder descartarlo, pero el problema existe", dijo en referencia a la historia de las bacterias y hongos que se detectaron por primera vez en 1988, dos años después de que la Mir entrara en órbita.El Instituto de Problemas Médicos y Biológicos de Rusia estudió los posibles efectos de los microorganismos, aunque no hizo pública ninguna advertencia preocupante.Centros científicos occidentales han dedicado gran atención desde el primer momento a estos microorganismos, cuya mutación se achacó a la radiación a bordo de la Mir, 500 veces superior a la terrestre.La supervivencia y desarrollo de bacterias y hongos en las naves espaciales se lleva analizando desde hace más de veinte años, y se han llegado a contar 250 tipos distintos.Pero en 1995 se descubrió en la Mir que algunos microorganismos eran descendientes directos, aunque con mutaciones, de los primeros que habían aparecido siete años antes.Oficialmente, Rusia ha minimizado siempre el caso de los "hongos mutantes", pero astronautas extranjeros que han vivido en la Mir relataron cómo vieron esos microorganismos en ventanas, paneles de control y aparatos de aire acondicionado.




