Bigfoot Coco, pirata romántico de suburbio
En el mismo momento en que los responsables mundiales analizan en el seno del G8 la nueva amenaza del cibercrimen, Bigfoot Coco, "hacker" de un suburbio de una gran ciudad francesa, revisa sus técnicas de piratería informática.
PARIS - En el mismo momento en que los responsables mundiales analizan en el seno del G8 la nueva amenaza del cibercrimen, Bigfoot Coco, "hacker" de un suburbio de una gran ciudad francesa, revisa sus técnicas de piratería informática.Ni los vecinos de la pequeña casa tranquila donde se dedica a sus actividades de piratería, ni sus compañeros de clase -tiene 17 años- conocen su pasión."Hay muy pocas personas que saben lo que hago y, en general, no se algo que grite por los tejados", explica este adolescente ante su tesoro, una computadora que costó a sus padres 1.000 dólares y unas facturas telefónicas de pesadilla.Bigfoot Coco se define a sí mismo como un "hacker romántico" por oposición a los falsos, a los piratas "agresivos" que sólo quieren "hacer daño".Se interesa por la piratería informática desde que tuvo su primera computadora, hace un año. Desde entonces se forma en Internet. De un solo click demuestra que conectarse a una página web de "hack" está al alcance de cualquiera.En esa página aparecen decenas de enlaces amarillos sobre fondo negro que permiten formarse en la técnica del "caballo de Troya", para infiltrarse en otras computadoras, telecargar todo tipo de programas informáticos gratuitos de piratería o informarse sobre las últimas novedades de la "hermandad" mundial de los "hackers".Cinco horas por día de media, Bigfoot Coco navega por internet. Ya sea para "jugar en red con otros internautas" o para "penetrar en sitios e intentar modificar su sistema". Una vez que ha penetrado en el sistema, Bigfoot deja una huella, una pequeña firma electrónica, y se va discretamente.Su objetivo es demostrar los fallos de los sistemas de seguridad, pero se define como un "hacker ético". "El principio consiste en telecargar los datos interesantes, advertir a la víctima, pero nunca matarla", nunca causarle un daño irreparable.Pero este aprendiz de brujo se ha llevado más de un susto. "Un día me introduje en el sitio de Matra", empresa francesa de aeronáutica y defensa, y "ellos me localizaron, tienen a unas 30 personas empleadas únicamente en vigilar el sistema". El adolescente, que no quiere que la policía desembarque en la pequeña calle arbolada donde vive con sus padres, prefirió retirarse.Pero, sobre todo, explica, "no es en absoluto una forma de divertirse" sino "más bien de defender ciertas libertades"."Para mí internet es como un segundo mundo donde somos libres y que tenemos que salvaguardar", afirma, rebelándose contra la expansión de las páginas web comerciales, "lo que más odio son las informacines de pago".




