La renovación interior de Juan Pablo II en Tierra Santa
Juan Pablo II parece saborear cada momento de su peregrinaje en Tierra Santa, con el cual soñaba desde hacía 20 años, a pesar de sus dolencias y su avanzada edad.
JERUSALEN, - Juan Pablo II parece saborear cada momento de su peregrinaje en Tierra Santa, con el cual soñaba desde hacía 20 años, a pesar de sus dolencias y su avanzada edad.El Sumo Pontífice logró reservarse algunos momentos de intimidad, pese a la agitación que rodea a todos sus desplazamientos. En el Monte Nebo de Jordania, en la gruta de la Natividad de Belén, así como en la Sala del Cenáculo, en Jerusalén, se "aisló del mundo" para orar o meditar algunos minutos o durante largo rato, sorprendiendo a veces a su séquito.Sus problemas de salud no le impidieron llevar a cabo un sueño que manifestó en 1978, cuando fue electo para ocupar el trono de San Pedro, como el 263º Papa, pese a que el 18 de mayo cumplirá 80 años.Tampoco ocultó a los periodistas, en el avión que lo llevaba de Roma a la Tierra Santa, que se sentía "excitado" ante la perspectiva de esta visita a los lugares sagrados que ya había recorrido cuando era obispo de Cracovia.El lunes pasado, en el Monte Nebo, donde según la tradición Moisés falleció después de ver la tierra prometida, Juan Pablo oró en dos ocasiones. La primera vez fue en el interior de la basílica, donde se arrodilló, cerró los ojos y cruzó las manos.Más tarde declaró que había hecho "una breve oración por los habitantes de la tierra prometida, cristianos, musulmanes y judíos".La segunda pausa tuvo lugar en la cima del Monte Nebo. Desde allí contempló a la ciudad de Jerusalén mientras se ponía el sol y sus acompañantes se mantenían alejados.El martes, consagrado íntegramente a Cisjordania, el Papa sorprendió a su comitiva en la Gruta de la Natividad, donde Jesús nació en Belén, pidiendo un asiento en el ábside de la Iglesia del Tránsito para leer solo su breviario.El jueves se aisló en la sala de la "cena", donde los apóstoles comieron por última vez con Jesucristo. Rezó largo rato, arodillado en el suelo, los codos apoyados en el altar.El Papa tendrá numerosas ocasiones para apartarse hasta el domingo. El viernes en la Casa de Pedro y en la Iglesia de la Multiplicación de los Panes y los Peces, cerca del Lago Tiberíades, así como en la Iglesia San Pedro, donde Cristo apareció por tercera ante sus discípulos, después de resucitar.El sábado, Juan Pablo II irá a la Basílica de la Anunciación en Nazareth, y el domingo a la del Santo Sepulcro, en Jerusalén, después de una visita excepcional al Muro de los Lamentos, el lugar más sagrado del judaísmo.Este peregrinaje constituirá uno de los momentos más intensos y emocionantes de todos sus viajes. El jefe de la Iglesia católica conservará en su memoria la histórica visita que efectuó al memorial del Holocausto Yad Vashem, y su conmovedor encuentro con Edith Tzirer, una superviviente del Holocausto salvada por el joven cura Karol Vowtyla cuando ella tenía 14 años.Su emoción fue clara cuando declaró recordar a "(sus) amigos y vecinos judíos, algunos de los cuales murieron y otros sobrevivieron", o cuando se entrevistó con unos 20 antiguos compatriotas judíos de la ciudad de Wadowice.




