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LA HORA DEL BOCADILLO

Parece que la única diferencia entre lo que medio mundo llama "sandwich" y los españoles "bocadillo" es el tipo de pan utilizado; al menos, eso es lo que señala el Diccionario, que apunta que el el primer caso se usa pan de molde y en el segund...

Parece que la única diferencia entre lo que medio mundo llama "sandwich" y los españoles "bocadillo" es el tipo de pan utilizado; al menos, eso es lo que señala el Diccionario, que apunta que el el primer caso se usa pan de molde y en el segundo -como en los "panini" italianos- un panecillo.

No tiene por qué ser exactamente un panecillo; basta con que se trate de pan-pan, con corteza -no demasiado dura- y miga, y no del clásico pan industrial de tipo anglosajón. Probablemente, y panes honrados de hornos de pueblo aparte, hoy sea el pan tipo "baguette" el más apreciado para el "bocata", tal vez con el de tipo italiano, tipo "ciapatta" o "ciabatta".

Un bocadillo, para un español, es el más clásico de los tentempiés. De hecho, la pausa matinal en el trabajo se llamó siempre no "coffee-break", sino "la hora del bocadillo". Para dejar claro que se trata de una porción pequeña, algo que no siempre sucede, pues hay bocadillos espectaculares, suele disimularse llamándole "montado" o "montadito", aunque la Academia explique que, en ese caso, sólo lleva una rebanada de pan.

Puede hacerse un bocadillo de casi cualquier cosa, aunque el bocata por excelencia sea el de jamón, jamón serrano, no cocido, cortado a máquina; ahora se ha puesto de moda, y es una moda muy satisfactoria, frotar cada mitad del pan, por la parte de la miga, con tomate antes de colocar entre ellas las lonchas de jamón.

Pero pueden prepararse bocadillos de muchísimas cosas, desde casi cualquier tipo de queso hasta calamares fritos, pasando por toda la amplísima gama de embutidos y pescados en conserva -atún, caballa, sardinas...-, solos o combinados con elementos vegetales como tomate o pimientos. Al fin y al cabo, una hamburguesa no viene siendo más que un bocadillo, aunque se use un pan industrial más cercano en textura y sabor al de molde que al artesano.

Quizás el bocadillo con más prosapia de la oferta española sea el allí llamado "pepito", que suele apellidarse "de ternera". La verdad es que es una deliciosa solución de emergencia... si tanto el pan como el bistec son buenos y, sobre todo el segundo, tiernos. Un "pepito", como habrán ustedes adivinado, es un bocadillo que lleva dentro un bistec recién pasado por la parrilla, plancha o sartén.

La ternura del bistec es fundamental. Ha de ser, claro, más bien pequeño, al menos en su grosor, y lo más limpio de grasas posible, para facilitar su correcta ingestión. Es que, a veces, le dan a uno por ahí pepitos con un tipo de carne que no hay quien trocee sin más ayuda que la de la dentadura, con lo que ocurre que, al primer mordisco, se viene detrás todo el filete, lo que pone al comensal en una situación muy apurada... y pringosa.

Hay bocadillos algo más rebuscados, tal vez de influencia británica, pero igualmente sabrosos; para nosotros, uno magnífico en verano es el que intercala entre el pan unos cuantos filetes de anchoa en aceite y unas rodajas de pepino, tal cual, que ya las anchoas tienen aceite y sal para aliñar la hortaliza...

La verdad es que un buen bocadillo no tiene más límites que el buen gusto, la imaginación y, claro, la sabiduría de no mezclar sabores antagónicos. A partir de ahí... lo que ustedes quieran. Y recuerden que, por su carácter de tentempié, suele ser compañero inseparable, más que del vino, de una cerveza bien fresquita

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