El beso del delfín

El acuario de Santa Marta es el único sitio de Colombia donde se practica delfinoterapia y donde se recupera a estos mamíferos para devolverlos al mar. Esta es una crónica de amor que, como pocas, terminan en un beso feliz.

EL BESO DEL DELFÍN

Tengo que empezar por decir que no me gustan los animales en cautiverio. Sin embargo creo que son un recurso para investigar sobre ellos y aproximar su comprensión a la mayoría de nosotros que difícilmente podríamos estar cerca de tiburones, leones marinos, anguilas, o los míticos delfines, por hablar de especies marinas. Lo importante es que estén en buenas condiciones y en ese sentido ha sido un goce visitar de nuevo el Acuario de Santa Marta, que hoy está renovado, mucho más cómodo para los habitantes y visitantes, y en vías de ampliación.
Maryori Orellano es una experimentada entrenadora de delfines, que nos va poniendo en contexto sobre la vida íntima de estos mamíferos, su relación con el juego, sus habilidades manipulatorias, su mundo afectivo y su intensa vida erótica:

ENTREVISTA MARYORI

Este acuario es desarrollo de un tolimense, más lobo de mar que cualquier nativo de la costa. Se trata del Capitán Francisco Ospina Navia (q.e.p.d), quien montó este museo marino y acuario natural (sin piscinas artificiales) en 1965. Hoy, más de cincuenta años después y liderado por Juan Carlos Ospina, uno de sus hijos, opera también como Museo marino y Museo de la cultura Tayrona de la que fuera gran enamorado, investigador y coleccionista.

El historiador Eduardo Botero, líder del Museo Tayrona que enriquece al acuario de Santa Marta, da fe de la manera como este testimonio indígena es clave para comprender al “ombligo del mundo”, como ha sido llamada esta región.

ENTREVISTA EDUARDO BOTERO

El acuario es un lugar interactivo donde se ofrece cumplir el sueño de nadar con delfines, bien sea para fines lúdicos o terapéuticos. También es el único lugar de Colombia donde se recuperan y se readaptan para que recuperen su libertad. Es el caso de Paz, una hermosa adulta que llegó herida por unos pescadores y que regresará a su hábitat en pocas semanas.

Después de ver el espectáculo de los leones marinos en medio de un libreto divertido y sano para la familia, va aumentando la confianza en que esta gente sí hace un trabajo serio. Ni loca sometería mi cuerpo a un combate con un grandulón de más de 300 kilos, que viaja a 60 km por hora, y mucho menos lo haría con mis hijos que no pasan de 35 kilos y bajo este calor, difícilmente corren. Después de dos horas de recorrido y varias conversaciones con un equipo humano enamorado de lo que hace, la confianza aumenta como la temperatura que se acerca a los 40 grados centígrados. Por si acaso, una charla previa con Walter Roman Laforie, jefe de entrenadores de delfines con más de 25 años de experiencia.

ENTREVISTA WALTER.

No se diga más. Al agua, donde un entrenador por mamífero y visitante nos espera para alimentarlos con trozos de pescado, acariciar su piel “cauchuda”, mirarnos a los ojos y terminar con dulces besos trompa a boca. Nos muestran su cuerpo, sus aletas laterales, el espiráculo por donde botan el agua, su trompa, sus dientes y su poder que ejercen con prudencia, como quien reconoce y respeta la fragilidad del otro.

Estos animales se ven felices. Sin duda son divertidos, pero también practican sus habilidades sanadoras a través de sus sonidos. Yo, que no quiero perder esta oportunidad de conectarme más allá, abrazo a “Andrés”, el delfín que se me ha asignado, para compartirle unos secretos y unos deseos que sabrá llevar a la madre agua.

Gran felicidad experimentan los niños cuando nadan remolcados agarrados de su aleta dorsal y en cada interacción despiertan una admiración profunda por la naturaleza, por la vida, por su relación amistosa con nosotros.

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