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Gento: una galerna de paisano, por Juanma Trueba

Quizá lo vean algún día pasear su perro por los alrededores del estadio Bernabéu, escondido detrás de sus gafas y camuflado bajo su aspecto de anciano venerable.

Gento: una galerna de paisano, por Juanma Trueba

Se afirma, y nadie lo discute, que fue el mejor extremo izquierdo de todos los tiempos. Se cuenta que la velocidad fue herencia directa de su madre, doña Prudencia, centella de Guarnizo. Dice la leyenda que, en los comienzos, ni el balón podía seguirle. Garrincha, el Mozart de la otra banda, aseguraba que cualquier equipo sería campeón si los tenía a ambos; los extremos se juntan. Eduardo Galeano hizo una definición más poética: “Francisco Gento, el forajido, tenía la captura recomendada por todos los equipos rivales. A veces conseguían encerrarlo en cárceles de alta seguridad, pero él se zafaba siempre”. Hoy sería icono de Nike y retaría a los deportistas del mundo a seguir su rastro: ‘Just do it’. O de Adidas, en cuyo caso daría alcance al Cometa Halley: ‘Imposible is nothing’. Hoy valdría 80 millones. O diez más. Llevaría otro peinado, le rodearía un séquito de agentes y aduladores, coleccionaría deportivos y se haría fotos con Usain Bolt, desafío entre relámpagos. Pero Gento ya no es futbolista. Al menos, en activo. Quizá lo vean pasear su perro por los alrededores del Bernabéu, escondido detrás de sus gafas y camuflado bajo su aspecto de anciano venerable. Sólo los muy observadores advertirán en sus piernas el arqueamiento de quienes fueron futbolistas, el orgulloso caminar. Di Stéfano, por cierto, no vive muy lejos, a tiro de pase largo.Quienes le conocen aseguran que Gento agradece la invisibilidad. Su modestia es recalcitrante y de tanto esquivar defensas se ha vuelto huidizo. No le gustan los homenajes y es muy probable que tampoco le gusten las estatuas, pero debería tener docenas, homenajes y monumentos. La Saeta suele repetir que a Gento no se le ha hecho justicia y los números le dan razón. Jugó 18 temporadas en el Real Madrid y ganó seis Copas de Europa, doce Ligas, una Intercontinental y dos Copas nacionales. Un palmarés inigualado e inigualable. “El Matthews español”, así le llamaron en sus últimas temporadas

Cuando se retiró en 1971 dejó unas declaraciones en AS Color que son un tratado de filosofía madridista. “Estoy preparado para dejar el fútbol; lo que no estoy preparado es para dejar el Real Madrid. Me quedaría siempre aquí, aunque fuera, como ya dijo Puskas, para llevar el botijo”. Sin embargo, el adiós había llegado. “El tiempo es el animal con patas más veloces que conozco”. Y añadió otra perla: “El Madrid tenía una consigna: ganar y callar”. Otros tiempos

Los inicios no fueron fáciles, nunca lo son. Hasta las galernas empiezan en brisa. Costó millón y medio de pesetas más la cesión al Racing de Espina y Urcelay. Tenía 20 años y sólo había jugado ocho partidos de Liga en el club de El Sardinero. Instalado en Madrid, planteó dudas. Tantas fueron, que se discutió su cesión al Celta. Rial fue el primero en entender que era una flecha sin arco. Y decidió transformarse en cuerda y madera. Sus paredes y sus pases precisos lograron que el joven Gento diera en la diana, en el puro centro. Después se sucedieron los enamoramientos. El Bernabéu gozaba sus carreras y Di Stéfano se frotaba las manos con su inmenso potencial. Luego vino Puskas y jugó a tirar frisbis al galgo. El milagro ya estaba conseguido. El talento había rescatado al talento. Mienten quienes dicen que la belleza no se contagia

Sin llegar a la gula de George Best, Gento frecuentó a las guapas de la época, vedettes se llamaban entonces. Disfrutó de una popularidad enorme y alcanzó la gloria deportiva en 1960, en la final de la Copa de Europa contra el Eintracht de Frankfurt (7-3). Cada repetición del partido, y han sido miles en los últimos 50 años, demuestra que Gento (26 primaveras) ya estaba a la altura de esa constelación de estrellas que era el Real Madrid. Taconazos, paredes, galopadas, agilidad, ingenio…En 1963 formó parte de la Selección Mundial que participó en el Centenario de la Federación Inglesa. Kopa, Law, Di Stéfano y Eusebio fueron algunos de sus compañeros. Gento ya estaba encaramado en el estrellato del fútbol y en ese balcón seguiría ocho temporadas más. En todo ese tiempo sólo hubo algo comparable a su calidad de jugador: su regularidad como atleta. Disputó más de 20 partidos de Liga por temporada durante 16 campañas, sin lesiones de consideración y con un único secante conocido, el paraguayo Julio César Benítez

Se retiró en 1971, el mismo año que Lev Yashin, el mejor portero de todos los tiempos, y sólo pidió un homenaje como el del portero ruso (URSS vs Selección Mundial). Tuvo más que eso. Recibió tres homenajes: 1965 (contra River Plate), 1972 (frente a Os Belenenses, al que marcó su último gol) y 2007 (en la visita del Partizán al Trofeo Bernabéu)

Alguien escribió que “el mundo necesita democracia y extremo izquierdo”. Y sigue vigente. Por ambas cosas debemos luchar con paciencia y sin denuedo. Eso sí. Si algún día descubren a Francisco Gento paseando con su perro por los alrededores del Bernabéu, no le aborden de improviso ni le disputen el balón. O habrá galerna

Publicado por cortesía de As Color.

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