¿Cuánto puede resistir el corazón de un hombre?, por Gustavo Gómez
El corazón de un hombre, y más que el músculo vital, lo que representa, ha mantenido vivo a Pablo Emilio Moncayo durante doce años en que su familia ha estado secuestrada.

¿Cuánto puede resistir el corazón de un hombre?, por Gustavo Gómez
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Por Gustavo Gómez¿Cuánto puede resistir el corazón de un hombre? ¿De qué está hecho para soportar las presiones que romperían al más sólido de los metales? ¿Qué fuerza enorme se esconde en este estrecho espacio que pareciera tener la única y poco interesante función de bombear líquidos? El corazón de un hombre, y más que el músculo vital, lo que representa, ha mantenido vivo a Pablo Emilio Moncayo durante doce años en que su familia ha estado secuestrada, en que ha vivido solo para esperarlo y para soñar con reconstruir abrazos, caricias y cosas tan simples como las palabras que padres e hijos se regalan para fortalecer eso tan complejo que llaman familia
El 21 de diciembre de 1997 la guerrilla se tomó Patascoy, con Pablo Emilio adentro, y le regaló a los Moncayo la primera de muchas amargas navidades. El 24 de marzo de 1998, llegó la primera prueba de supervivencia, que es como formalmente llamamos al sufrimiento de alguien capturado en video o atrapado, como él, entre papeles. En ese momento Moncayo rogó que fueran al frente por él, pero no armados, o por lo menos armados solo de palabras
Moncayo volvería a hablar artificialmente con su familia y con todos nosotros el 27 de abril, cuando aprovechó para darnos una pequeña y hermosa clase de altas finanzas: la paz, dijo, tenía un precio que él estaba pagando en carne propia. La paz, siempre más productiva que la guerra
Pero la guerra, en realidad millones de veces menos productiva que la paz, seguiría determinando la suerte de Moncayo y su familia. El 15 de junio de 2007 la guerrilla hizo llegar al canal Telesur un nuevo registro suyo. Como siempre, habló con nombres propios, con palabras repletas de protagonistas del dolor. Uno de los nombres elegidos esta vez, el de otra víctima, Ingrid Betancur
Lo último que supimos de Moncayo fue en septiembre de 2009. Ese fue el día en que uso el puño para tocar a una puerta que se resistía a abrirse
La puerta se abrirá hoy, Pablo Emilio volverá y su familia, que no ha dejado de amarlo un instante, regresará a la libertad. Termina un calvario pero viene otro y otro y otro en la fila interminable de las angustias de las familias colombianas. Acaba un martirio de doce años y Moncayo entrega la posta a cualquiera de los muchos mártires que este país es especialista en producir. Esta es tierra fértil para el sufrimiento, así que asistamos hoy al inusitado episodio de la felicidad de un hombre con corazón de hierro y una familia que vuelve a ser familia. Mañana le madrugaremos nuevamente a la tragedia. Hoy la felicidad ha tocado a nuestra puerta y con ella viene Pablo Emilio Moncayo




