La verdad detrás del mito de El Dorado
El sueño de El Dorado, la ciudad perdida hecha de oro, llevó a muchos conquistadores a emprender una búsqueda inútil, y muchas veces mortífera, a través de las selvas colombianas.

(Thot)

Según confirman descubrimientos arqueológicos recientes, "El Dorado" no era realmente un lugar, sino una persona.
El sueño de El Dorado, la ciudad perdida hecha de oro, llevó a muchos conquistadores a emprender una búsqueda inútil, y muchas veces mortífera, a través de las selvas y montañas de Latinoamérica, según lo explica BBC Mundo.
El mito de El Dorado, revela la verdadera naturaleza del territorio y las personas que vivían ahí. Para éstas, El Dorado nunca fue un lugar, sino un gobernante tan rico, que supuestamente se bañaba en oro y se lavaba todas las noches en un lago sagrado.
En el corazón de la misma se encuentra una ceremonia real llevada a cabo por los Muiscas que hacen vida en el centro del país desde el año 800 d.C. hasta nuestros días.
Diferentes cronistas españoles que llegaron al continente a principios del siglo XVI la describieron como la ceremonia de "El Dorado". Uno de los mejores relatos lo produjo Juan Rodríguez Freyle.
En el libro "La conquista y descubrimiento del reino de la Nueva Granada", publicado en 1636, el cronista cuenta cómo cuando el jefe de los Muiscas moría, se daba inicio a un proceso de sucesión para escoger al "líder dorado" o "El Dorado".
El nuevo jefe de la comunidad, generalmente un sobrino del anterior líder, pasaba por un largo proceso de iniciación que culminaba con acto final, en el que remaba en una canoa por un largo sagrado, tal como la laguna de Guatavita.
El jefe se presentaba desnudo, sólo cubierto por polvo de oro. Rodeado de cuatro sacerdotes de alto rango adornados con plumas, coronas de oro y demás ornamentos, hacía una ofrenda de objetos dorados, esmeraldas y otros materiales preciosos a los dioses, que arrojaba al lago.
La orilla del lago circular se llenaba de espectadores ricamente aderezados que tocaban instrumentos musicales y encendían fuegos que casi bloqueaban la luz solar que bañaba el lago. La canoa misma llevaba cuatro fogatas que lanzaban columnas de incienso a los cielos.
Una investigación reciente llevada a cabo por María Alicia Uribe Villegas del Museo del Oro en Bogotá y Marcos Martinon-Torres del Instituto de Arqueología del University College de Londres muestra que estos objetos de "oro" eran hechos específicamente para usarlos en forma inmediata como ofrendas a los dioses, a quienes se pedía balancearan el cosmos y aseguraran una relación equilibrada con el ambiente.
El trabajo en oro de los Muiscas no se parecía a nada que hubieran visto antes. Trágicamente, la cacería desesperada de oro sigue viva. Los arqueólogos que trabajan en institutos de investigación como el Museo del Oro están luchando contra una ola creciente de saqueadores.
La cantidad descubierta es impresionante. En los años 70, el número de nuevos lugares hallados fue tal que el precio mundial del oro se desplomó.
Como consecuencia, la gran mayoría de los objetos preciosos precolombinos de oro han sido derretidos y su valor real como pistas para entender el trabajo de una cultura antigua se han perdido para siempre.
Afortunadamente, las colecciones que sobrevive en sitios como el Museo del Oro y el Museo Británico pueden abrir una ventana para entender las diferentes perspectivas sobre el valor material y la percepción humana, y aún más importante, entender la verdadera historia detrás del mito de El Dorado.
El sueño de El Dorado, la ciudad perdida hecha de oro, llevó a muchos conquistadores a emprender una búsqueda inútil, y muchas veces mortífera, a través de las selvas y montañas de Latinoamérica, según lo explica BBC Mundo.
El mito de El Dorado, revela la verdadera naturaleza del territorio y las personas que vivían ahí. Para éstas, El Dorado nunca fue un lugar, sino un gobernante tan rico, que supuestamente se bañaba en oro y se lavaba todas las noches en un lago sagrado.
En el corazón de la misma se encuentra una ceremonia real llevada a cabo por los Muiscas que hacen vida en el centro del país desde el año 800 d.C. hasta nuestros días.
Diferentes cronistas españoles que llegaron al continente a principios del siglo XVI la describieron como la ceremonia de "El Dorado". Uno de los mejores relatos lo produjo Juan Rodríguez Freyle.
En el libro "La conquista y descubrimiento del reino de la Nueva Granada", publicado en 1636, el cronista cuenta cómo cuando el jefe de los Muiscas moría, se daba inicio a un proceso de sucesión para escoger al "líder dorado" o "El Dorado".
El nuevo jefe de la comunidad, generalmente un sobrino del anterior líder, pasaba por un largo proceso de iniciación que culminaba con acto final, en el que remaba en una canoa por un largo sagrado, tal como la laguna de Guatavita.
El jefe se presentaba desnudo, sólo cubierto por polvo de oro. Rodeado de cuatro sacerdotes de alto rango adornados con plumas, coronas de oro y demás ornamentos, hacía una ofrenda de objetos dorados, esmeraldas y otros materiales preciosos a los dioses, que arrojaba al lago.
La orilla del lago circular se llenaba de espectadores ricamente aderezados que tocaban instrumentos musicales y encendían fuegos que casi bloqueaban la luz solar que bañaba el lago. La canoa misma llevaba cuatro fogatas que lanzaban columnas de incienso a los cielos.
Una investigación reciente llevada a cabo por María Alicia Uribe Villegas del Museo del Oro en Bogotá y Marcos Martinon-Torres del Instituto de Arqueología del University College de Londres muestra que estos objetos de "oro" eran hechos específicamente para usarlos en forma inmediata como ofrendas a los dioses, a quienes se pedía balancearan el cosmos y aseguraran una relación equilibrada con el ambiente.
El trabajo en oro de los Muiscas no se parecía a nada que hubieran visto antes. Trágicamente, la cacería desesperada de oro sigue viva. Los arqueólogos que trabajan en institutos de investigación como el Museo del Oro están luchando contra una ola creciente de saqueadores.
La cantidad descubierta es impresionante. En los años 70, el número de nuevos lugares hallados fue tal que el precio mundial del oro se desplomó.
Como consecuencia, la gran mayoría de los objetos preciosos precolombinos de oro han sido derretidos y su valor real como pistas para entender el trabajo de una cultura antigua se han perdido para siempre.
Afortunadamente, las colecciones que sobrevive en sitios como el Museo del Oro y el Museo Británico pueden abrir una ventana para entender las diferentes perspectivas sobre el valor material y la percepción humana, y aún más importante, entender la verdadera historia detrás del mito de El Dorado.






