Fernando Soto Aparicio manifestó en vida que quería ser sepultado en su tierra natal, Boyacá

El cantautor Ricardo Bautista Pamplona, aseguró que en una de sus tertulias como amigos, el escritor expresó que su voluntad era ser sepultado en Santa Rosa de Viterbo.

Al escritor, poeta y guionista boyacense Fernando soto Aparicio, nacido hace 83 años en Socha pero criado en Santa Rosa de Viterbo (Boyacá), se lo llevó un cáncer gástrico que incluso le hizo reflexionar sobre la muerte en sus últimas letras.

El compositor boyacense Ricardo Bautista Pamplona, uno amigos cercanos de Soto Aparicio aseguró en Caracol Radio que “una de las voluntades de Fernando Soto era que el quería ser sepultado en el cementerio central de Santa Rosa de Viterbo, incluso decía que no en el paredón, sino en la tierra, en las raíces de su tierra, sin embargo será la familia quien decida donde sepultarlo”.

Bautista Pamplona recordó que el maestro tras más allá de sus letras, era “muy recatado, humilde, muy exacto en lo que decía, no decía más de la cuenta, hablaba exactamente lo que era necesario, casa palabra que expresaba tenía una dosis de literatura y de sabiduría inmensa”.

Agregó que “siempre estuvo lamentando que Colombia y el mundo estaba muy en deuda con el porque jamás se le dio un nobel”.

Para Bautista, uno de los amigos de confianza del literato, “Ha faltado contundencia en los lideres departamentales trascender la obra de él a los colegios que era su sueño más grande, que la obra trascendiera los límites y llegara más a los pupitres y a las escuelas. Faltó una contundencia local de política pública”.

Su obra le llevo a tener grandes reconocimientos tales como el premio Selecciones Lengua Española con su obra “La Rebelión de las Ratas”, en 1961,. Además, fue Premio Casa de las Américas en 1970 y Premio Ciudad de Murcia en 1971.

El maestro, estuvo consciente de que su muerte se acercaba, por eso, su última obra publicada fue “Bitácora de un agonizante”, en la que divulgó que padecía de cáncer.

El maestro soto Aparicio fue uno de los hombres más queridos en Boyacá. Fue docente de lectoescritura y afines en universidades de Bogotá. Ejerció el periodismo en el diario El Espectador entre los años 60 y 70, escribió editoriales para El Tiempo y dirigió durante tres años la revista Cromos.

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