Joseíto, después de 60 años al servicio de los cucuteños cierra sus puertas
A sus 83 años, el gran maestro de la belleza en Cúcuta, cerrará su negocio este 30 de septiembre.

Joseíto se despide de su oficio en el centro de Cúcuta / Foto Caracol Radio Cúcuta

Cúcuta
Durante más de 60 años, las manos de José Francisco Mansilla, conocido cariñosamente por todos los cucuteños como ‘Joseíto’, transformaron un oficio cotidiano en el salón de belleza más emblemático de la ciudad. Sin embargo, esa apasionante labor que peinó, cortó y llenó de color a generaciones de familias en esta región, está a punto de ser solo un recuerdo, pues el próximo 30 de septiembre, el reconocido establecimiento cerrará sus puertas.
La historia de Joseíto con las tijeras comenzó cuando apenas tenía 20 años, a los 30 se estableció en el tradicional local donde construyó su propio negocio y donde alberga en el momento más de 10 empleados.
Para él, haber atendido a cientos de personas durante más de medio siglo deja una huella imborrable. “Siento mucha satisfacción y mucha alegría con los clientes”, confiesa con la voz entrecortada el estilista de 83 años, quien pese a la nostalgia y al dolor de no querer irse de los sillones, comprende que ha llegado el momento del adiós.
La difícil decisión de cerrar no fue fácil ni voluntaria en su totalidad, las recomendaciones de sus contadores ante una deuda acumulada con la DIAN, sumadas al desgaste propio de la edad, forzaron el cierre. “El problema es más que todo con la DIAN y la familia mía quiere que yo no trabaje más, y yo también quiero descansar”, explica Don José, quien ahora deberá concentrar sus esfuerzos en solucionar su situación tributaria mientras se dispone a disfrutar de un merecido descanso.
Don José no fue solo un patrón, sino un padre y un mentor en este arte. Marleny, quien suma 39 años laborando a su lado, asegura con gratitud que la admiración por él es unánime. “Joseíto siempre ha sido un maestro. A él le debemos muchas cosas de las que logramos. Estoy muy triste por este ciclo que se termina, pero infinitamente agradecida con él”.
Ese sentimiento de amor también lo comparte Georgina Guerrero, conocida en la peluquería como ‘Gina’, cuya vida cambió cuando llegó a este salón. “Yo empecé trabajando acá en la cafetería, luego me pasó a lavar cabezas y en el 2003 a la peinadora. Él me dio una pinza, unas tijeras y una cajita para las cejas y me dijo: ‘aprenda a sacar cejas’. Gracias a Dios y a él, hoy tengo mi oficio”.
A pesar de la tristeza que embarga el lugar en sus últimos días de atención, el futuro de los trabajadores está asegurado gracias al prestigio construido en el salón.
A partir del 1 de octubre, cada uno de los empleados emprenderá una nueva etapa profesional en otros espacios de la ciudad, llevando consigo a la fiel clientela que cultivaron durante décadas bajo el sello de Joseíto.




