Falta de financiación amenaza la única sala de consumo supervisado de drogas en Bogotá
La sala está ubicada en el barrio Santa Fe, en la localidad de los Mártires en Bogotá. En los últimos 3 años ha sido un espacio seguro para más de 4.800 atenciones supervisadas y en ella han sido atendidas 29 sobredosis a tiempo. Hoy, la falta de financiación amenaza con tener que cerrar el proyecto asociado a Échele Cabeza.

Falta de financiación amenaza la única sala de consumo supervisado de drogas en Bogotá

Hace tres años, el proyecto Cambie, asociado a la corporación Acción Técnica Social que reúne también a Échele Cabeza y otros proyectos, marcó un precedente histórico en el país y en América Latina: se inauguró el primer dispositivo de reducción de riesgos y daños en el país junto a la primera sala de consumo supervisado para personas que se inyectan drogas en la ciudad de Bogotá.
La sala está ubicada en el barrio Santa Fe en el centro de Bogotá y funciona de lunes a viernes en un horario de 12 del mediodía a 6 de la tarde. Los consumidores llegan con sus propias sustancias a la sala y una vez adentro se les brinda un kit de inyección con material higiénico nuevo y seguro.
Los cubículos con los que cuenta la sala sirven cómo espacio seguro para que las personas puedan inyectarse bajo supervisión y recibir un servicio de acompañamiento de parte de un equipo psicosocial, una enfermera, una psicóloga e incluso pares comunitarios que se han sumado a protocolos de cuidado y reducción de daño cómo parte de su propio proceso. La sala es para muchos su único lugar seguro para el consumo y para el acceso a redes de apoyo.

Cortesía de Échele cabeza

Cortesía de Échele cabeza
Desde Cambie confirman más de 4.800 atenciones seguras realizadas dentro de la sala de consumo; 16 sobredosis atendidas exitosamente al interior con una tasa de supervivencia del 100%; 18.000 jeringas usadas recolectadas y retiradas del espacio público, lo que permite reducir riesgos biológicos; y más de 500 dosis de naloxona distribuidas, que permitieron revertir al menos 18 sobredosis en el territorio comunitario.
Adicionalmente, cerca de 20 personas han iniciado un proceso de desintoxicación gracias al acompañamiento brindado en la sala y el vínculo de confianza construido a través del proyecto.
En comparación con el primer semestre del año pasado, la sala ha tenido un aumento de casi el 170% en su uso. Se trata de la única sala de consumo supervisado en Bogotá y es la primera en ser abierta en Colombia y Sur América. Así las cosas, “su modelo ha permitido desarrollar aprendizajes, metodologías y capacidades comunitarias que hoy constituyen un referente para la discusión de nuevas respuestas de salud pública y política de drogas en Colombia y la región. ”

Cortesía de Échele Cabeza

Cortesía de Échele Cabeza
Sin embargo, aunque “por Cambie han pasado comisiones de los ministerios de Justicia, Salud e Igualdad, así cómo delegaciones distritales, y todos coinciden en que el trabajo es riguroso, necesario y ejemplar”, hoy la sala se ve amenazada por falta de financiación.
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La sala atiende en su mayoría a hombres habitantes de calle que debido a diferentes condiciones sociales y en gran medida también al estigma que conlleva el consumo de drogas, no han tenido la posibilidad de acceder a servicios de salud y acompañamiento oportunos. En la sala, encuentran un espacio seguro que, según Estefanía Sánchez, directora de la corporación ATS y el proyecto Cambie, se enfoca en trabajar con la realidad social y no con el imaginario del lugar dónde deberían estar las personas para poder ser atendidas y cuidadas.
Estefanía Sánchez resalta que a través de la sala no solo se han salvado vidas, además, se han empezado a gestar transformaciones profundas en el tejido social pues “Cuando una persona que durante años ha sido rechazada por los servicios de salud tradicionales encuentra un espacio donde no se le juzga por consumir drogas, empieza a construir una relación diferente con el cuidado.” Lo anterior aumenta las posibilidades de que consideren acceder a tratamientos de desintoxicación o simplemente, que sientan que también merecen ser acompañadas y atendidas.

Cortesía de Échele Cabeza

Cortesía de Échele Cabeza
La paradoja es la siguiente, pese a su validación técnica y al reconocimiento que ha recibido cómo experiencia de innovación social y salud pública por autoridades nacionales e internacionales, “Cambie nunca ha contado con una asignación presupuestal pública continua que permita garantizar su sostenibilidad en el tiempo.”
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La sala y todo el trabajo de concientización y distribución de información que se realiza desde ATS ha permitido abrir la conversación en el país para avanzar hacia modelos de atención “más humanos, accesibles y pertinentes”, porque si bien el consumo de drogas está asociado a un fuerte estigma social e histórico en el país, es una realidad activa y vigente. Las personas que las consumen no van a desaparecer y prestarles atención implica reconocer una realidad social y de salud pública en el país que necesita ser abordada.
Así, “mientras entidades del sector salud anuncian convocatorias e inversiones superiores a los mil millones de pesos para investigación y prevención en consumo de sustancias inyectables, la infraestructura, los equipos y las capacidades comunitarias que ya existen enfrentan dificultades para sostenerse.”
-Cambie

Cortesía de Échele Cabeza

Cortesía de Échele Cabeza
Hoy, la única sala de consumo supervisado en Bogotá alerta sobre un posible cierre y desde ATS se hace un llamado a la institucionalidad, a la comunidad internacional y a la ciudadanía para sumar capacidades y recursos. El desafío no consiste únicamente en difundir información y abogar por la prevención. El consumo de drogas es una realidad y trabajar para su prevención y manejo también implica “robustecer las capacidades territoriales que ya han construido experiencia, confianza y capacidad de atención junto a las comunidades.”
Proyectos asociados cómo Échele Cabeza y Cambie han permitido un acercamiento con pares, colectivos territoriales, barras de fútbol, establecimientos de fiesta y diferentes sectores sociales. Esto permite una intimidad que revela patrones de práctica que difícilmente quedan registrados en una encuesta o en un consultorio tradicional.
Así las cosas, el mayor reto es la financiación, “esta presencia permanente requiere recursos y muchas organizaciones estamos sosteniendo buena parte de esa respuesta con capacidades muy limitadas.
¿Qué es el enfoque de Reducción de Riesgos y Daños?
El enfoque de Reducción de Riesgos y Daños (RRD) está orientado a poder minimizar los impactos negativos del consumo de sustancias psicoactivas (PSA), promover decisiones informadas y priorizar el bienestar integral del sujeto. Se presenta cómo una “alternativa idónea” porque permite reconocer la diversidad de realidades en torno al uso de sustancias. Así, proteger el bienestar y la dignidad de las personas está en el centro de la acción.
Colombia es un país pionero en la región al impulsar abordajes alternativos centrados en la salud pública y los derechos humanos. Sin embargo, “existe una distancia enorme entre reconocer la Reducción de Riesgos y Daños cómo enfoque en salud pública y financiarla e implementarla realmente en los territorios. ”
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Para Estefanía Sánchez, es crucial poder fortalecer el trabajo en conjunto entre el Estado y las organizaciones sociales pues, las organizaciones cuentan con conocimiento territorial, vínculos de confianza y capacidades de llegar a poblaciones que muchas veces el Estado no alcanza. Por otro lado, este tiene la responsabilidad y la capacidad para garantizar y cubrir procesos sostenibles en el tiempo.
Los trastornos mentales y los trastornos por consumo de PSA coexisten con frecuencia
La evidencia habla de patología dual, es decir, la existencia simultánea de un trastorno adictivo y otro trastorno mental. Según el Ministerio de Salud los trastornos coexisten con una frecuencia de hasta el 80% y su tratamiento representa un problema creciente pues implica reconocer dos patologías que por sí mismas generan estigma y discriminación.
Existe evidencia científica que demuestra que la patología dual está asociada a una vulnerabilidad genética y biológica que predispone a las personas. Ciertos factores propios del individuo cómo su genética pueden determinar la aparición de las adicciones e incluso llegar a hacer que perciba un mayor placer a la hora de consumir sustancias psicoactivas. A su vez, según el Ministerio de Salud, la neurobiología explica que los efectos de las PSA en el cerebro pueden incrementar la vulnerabilidad para desencadenar posibles trastornos mentales.
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En Colombia, la Encuesta Nacional de Salud Mental (2025) realizada por el Ministerio de Salud confirmó un crecimiento exponencial de trastornos de ansiedad y depresión en adultos, su prevalencia ha venido en aumento significativo en el país desde 2015 y para 2025, el trastorno depresivo se había triplicado y la ansiedad generalizada era cuatro veces mayor.
En ese sentido, una conversación integral que pueda abordar la pregunta por el bienestar emocional y la salud mental, más allá del diagnóstico y los síntomas, y que pueda enfocarse en acompañar el malestar psíquico de manera más integral, es crucial.
¿Qué pasa en la práctica?
Los prejuicios morales y estigmas sociales deben tenerse en cuenta en la Reducción de Riesgos y Daños. Cómo es natural, si se tiene en cuenta su historia, en Colombia todavía existe un imaginario construido a partir de lo vivido, de la violencia y la guerra contra las drogas.
Sin embargo, según Cambie, esto hace que se ignoren factores personales, sociales y culturales que determinan cómo se relacionan las personas con las sustancias.
A su parecer, “Mientras sigamos pensando que podemos construir un mundo sin drogas, la reducción de riesgos va a seguir enfrentándose a prejuicios morales que sí pueden producir daño, porque impiden que las personas reciban información, ejerzan su autonomía y accedan a servicios que pueden salvarles las vidas, como análisis de sustancias, uso de salas de supervisión de inyección, etc.”
Según la experiencia vivida en la sala de consumo supervisado de Cambie, las personas que llegan para acceder a sus servicios son personas que muchas veces han sido juzgadas e incluso expulsadas de otros espacios de atención por su relación con las drogas.
Reconocerlas cómo personas y no cómo simples consumidores, poder hablar honestamente de lo que consumen y lo que necesitan, les permite construir redes de apoyo e incluso encontrar vínculos con otros servicios de salud. Esto no beneficia solamente a las personas consumidoras si no que contribuye a poder facilitar el acceso a la información y poder realizar pruebas de detección de enfermedades que benefician a toda la sociedad.
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La corporación Acción Técnica Social fue reconocida en el 2015 ante las Naciones Unidas, convirtiéndose en voz de la sociedad civil ante el organismo y permitiendo un trabajo en conjunto. Cambie acaba de ser reconocido con el premio Héctor Abad Gómez, de la Asociación Colombiana de Salud Pública, por el trabajo realizado en la sala de consumo supervisado. Hoy, ante una crisis profunda de financiación y a propósito del Día Internacional de la Concientización sobre la Sobredosis, que se conmemoró el pasado 31 de agosto, la corporación hace un llamado de ayuda para poder seguir manteniendo sus servicios. Sobre todo, hace también un llamado a la consciencia social pues




