La institución que reemplaza los grados escolares por competencias y certificaciones internacionales
Mientras el sistema escolar tradicional organiza el aprendizaje por grados, Liberland plantea un modelo basado en competencias, talentos y certificaciones internacionales para sus estudiantes desde los seis años.

Para el director de Liberland, emprender desde temprana edad permite que los niños aprendan sobre toma de decisiones, finanzas e inversiones a corta edad. | Foto: Liberland

¿Es posible terminar el bachillerato con certificaciones internacionales en programación, robótica o negocios digitales? Esa es la apuesta de Liberland, un centro de talento que propone un modelo educativo basado en el desarrollo de competencias y la identificación temprana de los intereses de cada estudiante.
A diferencia del sistema escolar tradicional, donde el aprendizaje se organiza por grados y áreas obligatorias, esta iniciativa plantea una formación personalizada que combina contenidos académicos con habilidades técnicas y herramientas orientadas al mundo laboral.
El centro de talento que deja de un lado las clases tradicionales

Una de las prácticas más frecuentes es la interacción de los estudiantes con figuras públicas, como congresistas. En estos espacios, los jóvenes reciben formación en campos como el liderazgo. | Foto: Liberland

Una de las prácticas más frecuentes es la interacción de los estudiantes con figuras públicas, como congresistas. En estos espacios, los jóvenes reciben formación en campos como el liderazgo. | Foto: Liberland
Liberland es un centro de desarrollo de talento que surge como alternativa al modelo escolar tradicional. Su enfoque se centra en impartir las habilidades necesarias para la “vida real”, respaldado por certificaciones de instituciones de prestigio global como las universidades de Nueva York, Michigan, Johns Hopkins y Los Andes.
Detrás de este proyecto está Michael Sandoval, director del centro, quien además es psicólogo y pedagogo especialista en psicología educativa con trayectoria en el sector desde 2009.
Su inspiración nació de una necesidad que para él es crítica: transformar las aulas desde la raíz. Afirma que el sistema tradicional lleva décadas estancado, repitiendo métodos que no han evolucionado y que ignoran las herramientas que realmente preparan a los estudiantes para los retos laborales actuales.
Es por esto que realizó un diagnostico y analizó más de 5.000 clases en 260 colegios. Aunque notó que los jóvenes mejoraban progresivamente en el tiempo sus resultados en las Pruebas Saber, también evidenció que no tenían las herramientas necesarias para su acceso al mercado laboral. “Todo mi trabajo (como docente) resultaba en nada”, confiesa.
Entonces, decidió incluir en sus mallas académicas una materia de emprendimiento, permitiendo que sus estudiantes generaran sus propios ingresos por primera vez.
Allí, evidenció que no a todos les gustaba emprender, por lo que implemento cátedras de otros campos como traiding, creación de videojuegos, Excel y programación.
“Identifiqué que había chicos que no querían ser emprendedores, entonces empecé a enseñar lo que a ellos les gustaba y les servía, por ejemplo: programación, pues hay un déficit de más de 60.000 programadores en Colombia y 400.000 en la América Latina”, afirma.
A partir de ese enfoque, en 2017, nace Libertarios —este es el nombre con el que iniciaron— para luego dar paso finalmente a Liberland.
De esta manera, mediante plataformas digitales, el proyecto ya formó a más de 3.000 niños en 17 países. Asimismo, desde hace tres años, opera con sedes 10 presenciales en los centros de desarrollo y talento en Bogotá.
Así funciona el modelo de aprendizaje

"Cuando escalamos, buscamos desarrollar técnicas de autorregulación emocional y además fortalecer los vínculos de confianza entre padres e hijos", afirma Michael Sandoval. | Foto: Liberland

"Cuando escalamos, buscamos desarrollar técnicas de autorregulación emocional y además fortalecer los vínculos de confianza entre padres e hijos", afirma Michael Sandoval. | Foto: Liberland
Sandoval fundamenta su metodología en las tesis de Miguel de Zubiría, pedagogo Colombiano y autor del libro “La Psicología del Talento y la Creatividad”. Esta teoría es el eje central del proceso en Liberland, el cual se divide en etapas: exploración, identificación y desarrollo del talento.
Los modelos del talento; psicológico, pragmático, conceptual, artístico y conceptual científico, permiten que, mediante diversas actividades, se identifiquen las aptitudes naturales del menor. Esto facilita una orientación profesional precisa desde temprana edad.
Por ello, desde los 6 años, los niños pueden acceder a esta modalidad de aprendizaje. Allí, las clases se organizan por niveles de competencia y no por grados tradicionales, debido a que el contenido impartido es de enfoque universitario.
En cuanto a las habilidades básicas, estas se desarrollan de forma transversal a través de módulos específicos. Por ejemplo, para aprender programación, el estudiante debe aprender matemáticas; para ser evaluado, debe fortalecer su comprensión lectora; y al redactar sus actividades finales también se califica su redacción y ortografía.
En complemento, Liberland también cuenta con el programa ‘Talentos’, en donde los jóvenes reciben clases enfocadas en sus intereses. “La mayoría de las personas estudian ‘lo que les toca’ sin encontrarle un sentido a la vida; por eso muchos no se motivan y no aprenden”, sostiene Sandoval. “No tienen que hacer algo que no les guste. Si quieren ser geógrafos, les enseñamos sobre mapas; si prefieren la biología, sobre seres vivos".
En ese sentido, para garantizar la motivación constante, las clases se estructuran en ocho fases basadas en los sistemas de la mente humana, es decir, cognitivo, afectivo y expresivo; esquema propuesto por Zubiría:
1. Fase motivacional: se explica la importancia de la temática. Sandoval subraya que, para enseñar, primero se debe tocar el sistema afectivo del niño.
2. El encuadre: definición de reglas. “La atención del niño es el recurso más importante; si no entiende, no aprende”, advierte el director.
3. Enunciación: explicación de los contenidos y procedimientos.
4. Modelación: se muestra al estudiante cómo actuar frente al procedimiento.
5. Estimulación: práctica con ejercicios sencillos. “Lo más importante es que se equivoquen, porque en el error es donde realmente aprenden”, señala Sandoval.
6. Evaluación: diagnóstico de lo aprendido para detectar puntos de mejora.
7. Demostración: el estudiante demuestra lo asimilado dentro de su campo de estudio.
8. Síntesis y conclusión: cierre pedagógico del ciclo.
De este modo, cada año, el estudiante se especializa en las áreas elegidas, teniendo en cuenta sus talentos. “A los 11 años, un niño puede egresar con certificados en robótica o Python. Desde los 6 años ya reciben contenido en negocios digitales certificado por la Universidad de Nueva York. Estamos poniendo el conocimiento de las élites mundiales al alcance de ellos”, asevera Sandoval.
Al finalizar el proceso, el estudiante recibe su diploma de bachiller —respaldado por colegios aliados— junto a las certificaciones internacionales de los cursos realizados. “Salen como bachilleres, pero con 12 títulos universitarios que avalan sus habilidades”. En este escenario, dicha formación académica superior les permite acceder a mejores oportunidades y mayor competitividad en el mercado laboral.
¿Cómo responde el sistema educativo tradicional?

Los campamentos hacen parte de las actividades de Liberland, allí los menores aprenden sobre liderazgo y se desarrollan enseñanzas bíblicas. | Foto: Liberland

Los campamentos hacen parte de las actividades de Liberland, allí los menores aprenden sobre liderazgo y se desarrollan enseñanzas bíblicas. | Foto: Liberland
La educación en los colegios públicos de Colombia se rige, desde hace tres décadas, por la Ley 115 de 1994, la cual define nueve áreas fundamentales obligatorias para todas las instituciones. Entre estas se destacan las ciencias exactas y naturales, representadas por las Matemáticas y las Ciencias Naturales, que incluyen la enseñanza de Biología, Química y Física. Aunque esta estructura es nacional, la ley otorga autonomía escolar para que cada institución adapte los contenidos a su contexto regional mediante el Proyecto Educativo Institucional PEI.
A pesar de que las materias base son constantes, el currículo ha evolucionado mediante nuevas leyes que han integrado temas obligatorios recientes como la Cátedra de la Paz, la educación vial y el regreso de Historia como asignatura independiente. Esto permite que, aunque el sistema sea de los años 90, los contenidos se actualicen para responder a las necesidades sociales y ciudadanas actuales, evitando que la enseñanza se quede estancada en el tiempo.
Además, la Educación Media Fortalecida, en los grados 10° y 11° es una estrategia para profundizar en conocimientos específicos, aprovechando la flexibilidad que permite la normatividad. Este modelo busca conectar el colegio con la educación superior o el mundo laboral, permitiendo que los estudiantes elijan énfasis en áreas como ingeniería, tecnologías y comunicativas.
Al respecto, dice Clemencia García, licenciada en Filología e Idiomas y Magister en Educación mediada por las TIC; con más de 30 años de experiencia trabajando en instituciones del estado, que cada año, mediante un proceso de diagnostico integral de los cursos, las diferentes áreas del conocimiento determinan cómo responder ante las necesidades del estudiante con el fin de fortalecer los procesos de aprendizaje.
“En Bachillerato trabajamos con tres ciclos: el ciclo 3, que comprende los grados sexto y séptimo; el ciclo 4, correspondiente a octavo y noveno; y el ciclo 5, integrado por décimo y undécimo. Cada uno requiere estrategias pedagógicas diferenciadas, acordes con las particularidades académicas y formativas de los estudiantes”, aclara.
Además, resalta que, para los docentes, es fundamental que se realice la revisión del Proyecto Educativo Institucional PEI, en su caso, dice, su enfoque está orientado hacía la gestión administrativa y el emprendimiento.
Asimismo, afirma que al proyecto también se suma el análisis de los Derechos Básicos de aprendizaje DBA, los lineamientos curriculares, el Marco Común Europeo y las pruebas tipo Saber.
“Toda esta información nos permite realizar proceso de ponderación, análisis y evaluación para el mejoramiento continuo y su objetivo es fortalecer la calidad educativa y el desempeño del estudiante”.
Por otro lado, García menciona que la mayoría de los docentes que analizó en su estudio cuentan con especialización, maestría y otros con doctorado, sin embargo, advierte que a pesar del conocimiento, y de que los rige la ley 115 de 1994, algunos repiten guías de hace muchos años y las clases tienden a ser monótonas. “Actualmente se deben enfrentar más las situaciones convivenciales y de salud mental dentro de los salones de clase”.
A su vez, Clemencia García considera que lo más importante en las aulas tiene que ver con la salud mental, desde su punto de vista, las instituciones requieren más apoyo por parte de la Secretaría de Educación Distrital con el fin de mitigar y abordar esta problemática.
Cuando el aprendizaje cambia el rumbo

Afirma Edgar Rojas que desde los 17 años, en Colombia, se puede dar inicio a clases de pilotaje. Cuenta que el niño aspirante debe contar con el resultado del ICFES y un examen médico para la escuela que lo formará. La carrera dura entre dos y tres años y la inversión es entre 140 y 200 millones de pesos. | Foto: Liberland

Afirma Edgar Rojas que desde los 17 años, en Colombia, se puede dar inicio a clases de pilotaje. Cuenta que el niño aspirante debe contar con el resultado del ICFES y un examen médico para la escuela que lo formará. La carrera dura entre dos y tres años y la inversión es entre 140 y 200 millones de pesos. | Foto: Liberland
Edgar Rojas es un Colombiano de 19 años, y desde hace dos es piloto graduado para volar aviones multi-motores en Puerto Rico, actualmente reside en Estados Unidos y cuenta que después de pasar por varios colegios privados en Colombia decidió estudiar en casa, fue allí que descubrió a Liberland; pronto su modelo transformó la manera de verse a sí mismo y de proyectar su futuro.
Desde su experiencia, el sistema tradicional no logró conectar con sus intereses. “La verdad no me funcionó mucho el método tradicional, me aburrí”, relata.
Rojas destaca que uno de los mayores aportes que recibió fue encontrar un espacio donde el aprendizaje no giraba únicamente alrededor de materias tradicionales, sino alrededor del estudiante. “No es siempre repasar matemática, español o sociales, sino descubrir qué te gusta, qué te apasiona y construir un camino por esa vía”, explica.
Ese proceso, según cuenta, terminó marcando una decisión que hoy define su proyecto de vida. Durante años creyó que quería dedicarse al fútbol, pero asegura que fue dentro de ese acompañamiento que descubrió su interés por la aviación. “Lo que me dio Liberland fue un norte en la vida”, afirmó.
Asimismo, Rojas recuerda que empezó a volar desde los 14 años y que una de las barreras más grandes que tuvo que superar fue pensar que era demasiado joven para perseguir ese objetivo. Dice que la formación que recibió le permitió cambiar esa percepción: “Mi mente se expandió, me dijeron que todo es posible”.
Aunque actualmente aún no ejerce profesionalmente como piloto, considera que haber descubierto temprano aquello que realmente quería hacer fue determinante. Por eso, recomienda este tipo de experiencias educativas a otros jóvenes y sostiene que el verdadero valor de una escuela está en ayudar a descubrir talentos y no únicamente en transmitir contenidos.
“Todos nacimos con un potencial, con un don, con un talento que nos diferencia, y qué mejor que una escuela que se dedique a descubrirte eso”.
Luz Vanegas y su esposo Edgar Rojas, son los padres del piloto y cuentan que la búsqueda de una alternativa educativa comenzó mucho antes de imaginar que su hijo terminaría graduándose como piloto. Recuerdan que uno de los primeros signos de alerta fue que ir al colegio se convirtió en una experiencia de desgaste. “Todos los días que tenía colegio no quería ir”.
La familia residía en Puerto Rico y viajaba a Colombia durante las vacaciones de junio, allí, conoció inicialmente el proyecto mediante talleres dirigidos por Michael Sandoval. Encontraron una propuesta que coincidía con una pregunta que ya venían haciéndose como padres: ¿Qué hacer cuando un hijo no conecta con el modelo escolar tradicional?.
“Estábamos buscando algo que él quisiera aprender y desarrollar”, explicó Vanegas. Sostiene que empezaron a buscar herramientas que les permitieran entender cuáles eran las fortalezas de su hijo y acompañarlo en ese proceso.
Después de participar durante dos años en talleres y encuentros virtuales, notaron un interés cada vez más claro por la aviación. “En menos de un año entendió que lo que él quería hacer era ser piloto”. A partir de ahí, asegura, comenzó un proceso de acompañamiento que incluyó búsqueda de materiales, orientación y formación complementaria para validar si realmente ese era el camino que quería seguir.
Para ella, uno de los momentos más difíciles como madre fue comprender que la resistencia de su hijo al colegio no necesariamente significaba desinterés por aprender. “Es muy frustrante tratar de convencerlo de que vaya y pensar que eso es lo mejor, y resulta que no”.
“Pienso que los padres deben buscar ese talento, desarrollarlo, buscar un mentor y un acompañamiento. Darles la oportunidad de que desarrollen su potencial”, agrega.
El reto de consolidar el modelo

Según Michael Sandoval, aprender programación ayuda a los menores a resolver problemas, estructurar su mente e impulsar su creatividad. | Foto: Liberland

Según Michael Sandoval, aprender programación ayuda a los menores a resolver problemas, estructurar su mente e impulsar su creatividad. | Foto: Liberland
A la fecha, Liberland ha formado 3.122 estudiantes entre procesos virtuales, consultorías y formación presencial. Según explicó Michael Sandoval, el proyecto inició en 2017 con apenas 10 estudiantes y entre 2017 y 2022 alcanzó a atender cerca de 3.000 personas mediante formación virtual y programas enfocados principalmente en emprendimiento.
Actualmente cuentan con diez sedes en Bogotá y 133 estudiantes matriculados, su meta es llegar a 430 para enero del próximo año. A largo plazo, su visión apunta a consolidar 40 sedes con 1.000 inscritos cada una, alcanzando una comunidad de 40.000 familias.
Para Sandoval, el crecimiento del proyecto responde a un inconformismo que, asegura, ya existe dentro de muchas familias frente al modelo educativo actual. “Mi mensaje para las familias es que dentro de cada una existía un malestar consciente o inconsciente. Los padres sienten que sus hijos están viendo lo mismo que ellos vieron hace más de 30 años y las cosas no están cambiando”.
Desde su punto de vista, el debate no debería centrarse únicamente en cambiar metodologías, sino en abrir posibilidades sobre cómo educar. “No tiene que ser Liberland. Puede ser homeschool, travel school o cualquier otra alternativa. No hay una única manera de desarrollar el proceso educativo con los hijos”, sostiene, e invita a las familias a explorar nuevas formas de aprendizaje.
Por eso, el director considera que el sistema educativo enfrenta una demanda creciente por modelos más flexibles y personalizados. Atribuye parte de esta búsqueda al deseo de las familias de encontrar experiencias distintas a las tradicionales y plantea que el futuro educativo debería avanzar hacia mayores niveles de autonomía curricular y libertad de enseñanza.
En ese escenario, proyecta una transformación impulsada más por las decisiones de las familias que por cambios institucionales. “La libertad no debería ser la excepción sino la regla”, concluye.
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Adriana González
Comunicadora social y periodista de Prisa Inspira. Su interés por el oficio nace en la sala de su casa:...




