Familia de policía cartagenero secuestrado en el Cauca clama por su libertad
Harold Luis Ricardo Martínez fue retenido por disidencias de las Farc cuando viajaba a conocer a su hijo recién nacido

Harold Luis Ricardo Martínez, policía secuestrado. // Cortesía

Entre el aroma de los aguacates que vende a diario para subsistir y las lágrimas que no logra contener, Eliezer Ricardo Díaz eleva una plegaria que se ha convertido en su rutina desde hace casi cuatro meses: que su hijo, el patrullero cartagenero Harold Luis Ricardo Martínez, regrese sano y salvo a casa.
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El uniformado fue secuestrado el pasado 31 de octubre de 2025 mientras se movilizaba en motocicleta por la vía que comunica a La Plata (Huila) con Popayán (Cauca). Harold no estaba en una misión de combate; estaba de vacaciones y se dirigía a la capital del Cauca para encontrarse con su pareja, también funcionaria, quien acababa de dar a luz a su hijo.
“Estas son las condiciones en las que yo trabajo, y de aquí saqué a mi hijo para que fuera alguien en la vida. Lastimosamente, lo agarró la guerrilla ahí cuando iba a ver a su hijo recién nacido”, relata don Eliezer con la voz quebrada.
Un silencio que atormenta
La última prueba de supervivencia que recibió la familia data del 24 de diciembre, un video donde el patrullero, con evidente angustia, le pide directamente al presidente Gustavo Petro y al ministro de Defensa adelantar las gestiones necesarias con el Estado Mayor Central de las Farc para su liberación.
Desde aquel mensaje de Navidad, el silencio ha sido absoluto. La incertidumbre consume a esta familia cartagenera que hoy ve cómo los días pasan sin noticias oficiales sobre el paradero o el estado de salud de Harold.
Llamado al Gobierno Nacional
La familia Ricardo Martínez asegura que el drama es insostenible y que la falta de avances en las mesas de diálogo con el grupo armado está postergando un reencuentro que debió ocurrir hace meses.
“Yo le pido al Gobierno que se ponga las pilas. Ya va para cuatro meses y no sabemos nada de él. Que procuren hacer negociaciones con esa gente para que mi hijo vuelva”, sentencia su padre desde su puesto de trabajo en la capital de Bolívar.
Mientras en las esferas oficiales se habla de paz total, en un rincón de Cartagena una familia sigue aferrada a la esperanza de que el nombre de Harold Luis Ricardo Martínez no se convierta en una cifra más del olvido, y que el patrullero pueda, finalmente, abrazar al hijo que el conflicto le impidió conocer.




