Música colombiana, la nueva apuesta musical de los bares en 2026 para ser el centro de la rumba
Ritmos como la champeta, el bullerengue, la cumbia y el porro son los protagonistas de la programación nocturna.

Bares colombianos. Foto: Suministrada

En muchos bares del país, la música colombiana es ahora el centro de la experiencia nocturna. Antes, esta música se escuchaba de vez en cuando, pero ahora es la protagonista. Ritmos como la champeta, el bullerengue, la cumbia y el porro ya no son solo una curiosidad en una lista de música global, sino que forman parte importante de la programación.
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Según el DANE, en enero de 2026, la inflación anual fue de 5,35%, y el sector de restaurantes y hoteles aumentó un 9,01%. Esto significa que salir a divertirse cuesta más dinero. Cuando los precios suben, la gente busca experiencias únicas y con identidad clara.
En este escenario, algunos bares han decidido enfocarse en la música para ofrecer algo especial. En lugar de poner solo canciones populares, diseñan una experiencia sonora con un inicio, un desarrollo y un final coherente. La música ya no es solo de fondo, sino que es la columna vertebral de la noche.
En Cartagena, Barra 7, nominado recientemente a Mejor Bar de Colombia en los Premios Cocktail 2025, es un ejemplo de esto. Su gerente, Carlos Sierra, dice que el cambio no fue solo estético, sino que fue una decisión estratégica. “Cuando todo es más caro, lo genérico no vale la pena. La gente busca cosas con carácter, y la música es lo primero que define ese carácter”, explica.
Este fenómeno también se refleja en las cifras de consumo cultural. La Encuesta de Consumo Cultural del DANE muestra que alrededor del 20% de la población asiste a conciertos o espectáculos en vivo. Además, el Anuario LEP 2025 reportó 23.203 eventos registrados en 2025, frente a 19.462 en 2024. Con más opciones culturales, la gente está más dispuesta a descubrir nuevos sonidos y a participar activamente en la experiencia.
Este cambio se nota en la forma en que la gente interactúa en los bares. Ahora, la gente pregunta qué música está sonando, de dónde viene y quién la interpreta. La conversación ya no se centra solo en los cocteles, sino también en la música. Cuando la selección es buena, la gente se queda más tiempo y recomienda el lugar a otros.
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Sin embargo, el desafío es evitar que lo local se utilice solo como decoración. La diferencia está en el contexto y la coherencia: integrar los ritmos tradicionales en una narrativa sonora consistente, sin tratarlos como una tendencia pasajera. Cuando la curaduría es sólida, la música no interrumpe la experiencia, la estructura.
Más allá de una moda, lo que se observa es una revalorización de la música colombiana en la vida nocturna. En ciudades como Cartagena, algunos bares comienzan a asumir un rol cultural además de comercial. En un país con más de mil ritmos documentados, la noche se convierte en un espacio para redescubrir esa diversidad.

Laura Rojas
Periodista y comunicadora social de la Universidad Sergio Arboleda. Experiencia en periodismo digital...




