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Policía de Bolívar promueve diálogo ciudadano sobre seguridad

Entre la ciénaga, el bullerengue y un sueño juvenil, la Policía refuerza su cercanía con la comunidad en el marco del Plan Seguridad y Dignidad

Foto: Policía de Bolívar.

Foto: Policía de Bolívar.

Bajo el inclemente sol que cae sin tregua sobre Maríalabaja, el paisaje se abre paso entre ciénagas, canales y memoria viva. En este territorio donde el agua dicta el ritmo de la vida, el Canal del Dique conecta historias y esperanzas con el majestuoso río Magdalena, columna vertebral de la hidrografía regional.

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En el marco del Plan Seguridad y Dignidad, el coronel Diego Fernando Pinzón Poveda, comandante del Departamento de Policía Bolívar, inició su jornada con un gesto cercano y simbólico: saludó uno a uno a los policías de la Estación de Maríalabaja, escuchó sus experiencias y reconoció el compromiso de quienes, día y noche, velan por la tranquilidad de esta comunidad.

Posteriormente, el oficial realizó un recorrido acompañado del gobernador de Bolívar, Yamil Arana Padauí, y del alcalde municipal, Ramiro González Mancilla. Juntos llegaron hasta la ciénaga del corregimiento de San Pablo, en el municipio de Maríalabaja, el cuerpo de agua más importante de la zona, donde se llevó a cabo la siembra de 382 mil alevinos de bocachico, una acción clave para fortalecer la pesca artesanal, proteger el ecosistema y garantizar la seguridad alimentaria de cientos de familias.

Más allá de los actos protocolarios, el comandante sostuvo diálogos abiertos con líderes comunitarios, escuchando de primera mano las problemáticas que afectan a la población. Porque la seguridad, cuando es cercana, también se construye con presencia y escucha activa.

La jornada se llenó de identidad y alegría cuando el bullerengue, música ancestral del Caribe afrocolombiano, marcó el encuentro entre la comunidad de Maríalabaja y del corregimiento de San Pablo, los policías y las autoridades. Afro, cultura, dignidad y seguridad confluyeron en un mismo espacio.

El cierre lo dio un momento cargado de simbolismo. En medio del diálogo comunitario, una adolescente de 17 años se acercó al coronel para contarle su sueño de ingresar a la Policía Nacional de los colombianos. Allí mismo, en una videollamada, el comandante resolvió cada una de sus inquietudes, sembrando —como los alevinos en la ciénaga— una esperanza que empieza a nadar hacia el futuro.

En Maríalabaja, entre el sol ardiente y el murmullo del agua, la seguridad se narró como un acto humano: cercano, digno y con futuro.

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