Groenlandia: una no tan feliz colonia de Dinamarca
El control colonial de Dinamarca sobre Groenlandia es más difuso. Sería mejor hablar de simbiosis, pues Dinamarca necesita a Groenlandia y Groenlandia necesita a Dinamarca.

Groenlandia: una no tan feliz colonia de Dinamarca
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Groenlandia
Hace dos días, el primer ministro de Groenlandia hizo un llamado a todos los groenlandeses: aplacemos el sueño de ser independientes mientras pasa la situación que está generando Trump. El mensaje fue visto por los habitantes de la isla como un paso necesario para convencer al líder de los Estados Unidos de que ni él, ni China, ni Rusia podrán llegar a tomarse la isla impulsando política y financieramente campañas para que se adelante el aplazado referendo de independencia.
Pero el mensaje también fue visto como una nueva claudicación a la posibilidad de consolidar un sueño que desde la década de 1970 ha estado en los corazones de una gran cantidad de groenlandeses: ser finalmente independientes del Reino de Dinamarca.
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El inicio de la relación de Dinamarca y Groenlandia
La historia de la relación entre la isla más grande del planeta y ese pequeño reino ubicado al norte de Europa se remonta a comienzos del siglo XVIII cuando un misionero llamado Hans Egede llegó a la costa occidental de Groenlandia y fundó un asentamiento luterano en el lugar donde hoy se encuentra Nuuk.
Fueron casi tres siglos de absoluto control danés sobre Groenlandia. Ninguna mercancía entraba o salía sin el visto bueno de la corona que además ejercía sobre el pueblo autóctono una contundente y dolorosa estrategia para occidentalizarlos hoy llamada la “asimilación forzada”.
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Groenlandia y Dinamarca se necesitan
Hoy el control colonial de Dinamarca sobre Groenlandia es más difuso y para ser precisos en lugar de colonialismo sería mejor hablar de simbiosis, pues Dinamarca necesita a Groenlandia y Groenlandia necesita a Dinamarca. En el primer caso, Dinamarca sin Groenlandia perdería relevancia estratégica global, pues dejaría de ser un país ártico, con peso en discusiones sobre asuntos de seguridad global y medioambientales, para convertirse en un país europeo de importancia media. Así mismo, a mediano plazo perdería acceso a la riqueza minera de la isla, esa misma que hoy ambiciona Trump.
Por su lado, Groenlandia sin Dinamarca rápidamente se convertiría en una isla empobrecida, pues quedaría prácticamente desfinanciada ya que casi tres cuartas partes del presupuesto de Groenlandia dependen del subsidio danés. Pero a eso se sumaría la urgencia de tener que conformar un ejército, un cuerpo diplomático y varias entidades de gobierno que hoy administra Dinamarca.
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La independencia de Groenlandia tendrá que esperar
Aplazar el sueño de independencia es costoso para muchos groenlandeses, quienes se quejan de la discriminación de la que son víctimas por parte del pueblo danés. “Nos menosprecian, nos pagan menos, nos hacen sentir inferiores”, nos dijo Anse, ingeniero de telecomunicaciones groenlandés, quien estudió en Copenhague y trabaja en una multinacional danesa. “Pero la solución tampoco es Trump”, remató.

Protestas en Groenlandia contra Estados Unidos. Foto: Getty Images. / NurPhoto
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