Se completa un año de la masacre de una familia que detonó crisis en el Catatumbo
Este hecho marcó el inicio de una confrontación armada que aún golpea a la población civil.

Familia asesinada en Tibú el pasado 15 de enero / Foto: Archivo
Norte de Santander.
Este 15 de enero de 2026 se cumple un año de la masacre de Miguel Ángel López, su esposa Zulay Durán y su hijo de nueve meses, asesinados en zona rural del municipio de Tibú, hecho que se convirtió en el detonante de la confrontación armada entre la disidencia de las Farc y el ELN en el Catatumbo.
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Doce meses después, la violencia persiste y los impactos humanitarios no solo continúan, sino que se han profundizado.
Lina Mejía, coordinadora de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario de Vivamos Humanos, aseguró que el balance de este primer año es crítico.
“A un año de la crisis vemos las mismas consecuencias, incluso algunas más profundas de las que se registraron al inicio”, afirmó a Caracol Radio.
Uno de los efectos más graves ha sido el desplazamiento reiterado de comunidades enteras. Mejía explicó que muchas familias que huyeron tras esa masacre y los primeros enfrentamientos tuvieron que desplazarse nuevamente con la intensificación de los combates en diciembre de 2025.
“Hay personas y núcleos familiares con doble afectación, que se desplazaron en enero y febrero del año pasado y hoy se ven obligadas a salir otra vez”, indicó.
La situación ha derivado también en escenarios de confinamiento y en afectaciones a derechos básicos.
De acuerdo con Vivamos Humanos, más de 1.100 niños han resultado afectados por la suspensión de clases en varias zonas rurales.
“El impacto sobre niños, niñas y adolescentes es una de las mayores preocupaciones”, sostuvo Mejía.
Otro factor que agrava la crisis es la presencia de minas antipersonal en caminos comunitarios, cascos urbanos y zonas cercanas a escuelas, sumado al uso de drones con explosivos.
“Estas acciones han generado muertes y heridas de civiles, daños a bienes protegidos y un impacto emocional profundo en las comunidades”, advirtió.
Durante las comisiones humanitarias realizadas en sectores como Versalles, Bertrania, Campo 6 y Filogringo, la organización evidenció territorios prácticamente vacíos, comercio cerrado y una ruptura total de la vida cotidiana.
“Encontramos lugares donde la mayoría de las familias ya no está, pueblos marcados por el miedo y el desplazamiento”, señaló.
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Para Vivamos Humanos, lo más preocupante es la falta de una respuesta institucional acorde con la magnitud de la crisis.
Aunque se han planteado propuestas de alivio humanitario y priorización de acciones, estas no se han materializado.
“Las necesidades humanitarias siguen siendo urgentes y la respuesta no llega en la dimensión que se requiere”, concluyó Mejía.



