DG-MAX: la plataforma que busca visibilizar las películas del Caribe

Está dirigida a redimir dos sectores de la sociedad, el primero el sector de cineastas y realizadores audiovisuales y el segundo la sociedad en general

Cartagena

El emprendimiento pretende visibilizar la producción de películas producto de un cine emergente que nace de las barriadas populares de Cartagena y el Caribe, de un corte de estética vanguardistas y códices extraídos de la esencia del contexto social en que se desarrolla, como una manifestación clara de una revolución cultural basado en las habilidades, talentos y oportunidades para contar historias de nuevos realizadores del Caribe colombiano.

La propuesta DGMAX reta a las posibilidades que te ofrece el contexto político, económico y tecnológico para poder producir , exhibir y recuperar mediante el desarrollo de una técnica de realización cinematográfica y audiovisual idónea y particular basado en la construcción de códices técnicos y narrativos, aprovechando en gran manera las facilidad de acceso a las nuevas tecnologías han jugado un papel preponderante en las producción cinematográfica y audiovisual, quedado atrás la cultura excluyente de lo análogo abriéndose paso de manera masiva la cultura de lo digital.

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DGMAX está dirigido a redimir dos sectores de la sociedad, el primero el sector de cineastas y realizadores audiovisuales del caribe y el segundo la sociedad en general. En los gremios de cineastas y realizadores de Cartagena y el Caribe hay variados niveles de formación desde los que asumen el oficio de una manera empírica, intuitiva, autodidacta, y otro sector con formación académica de universidades y academias de cine, pero todos conectados por el contexto sociocultural que nos une, las ganas de contar historias, narrarnos como ciudad, como sociedad desde distintos puntos de vista mediante la obra cinematográfica y audiovisual.

Desde el 2006 más o menos han surgido una generación de realizadores mucho más que en épocas anteriores cuando Cartagena era escenario de grandes filmaciones extranjeras como la Quemada que marcó un hito en la historia reciente de la ciudad, a partir de esa experiencia se crearon cooperativas de extras pero no de realizadores por lo costoso que resultaba filmar, entonces era considerado el cine un oficio de las elites, un arte exclusivo y excluyente para los que tenían muchas ganas pero nada de recursos, es más ni para los realizadores con recursos era fácil hacer una película, de echo podemos contar con los dedos las películas de productores del caribe desde mediados del siglo pasado hasta la llegada de la era digital, a partir de la llegada de cámaras, celulares y dispositivos y programas de edición digitales y su desarrollo paulatino entre 1999 y 2022 también ha aumentado el número de realizadores caribeños producto de la revolución cultural y digital.

El Caribe está lleno de realizadores que se han aventurado a crear acontecimientos cinematográficos con la cámara de un celular y sin ningún tipo de formación donde la historia que cuentan es más relevante que el formato y es ese reto del formato donde está el gran problema del acceso a la exhibición, estas películas hechas con celulares o cámaras con baja resolución en un principio de la era digital no eran aceptadas en festivales, canales, por el formato no solo de la imagen sino también del audio, pero se empieza a generar un fenómeno que definiría el acceso al escenario del cine culto a realizadora de estratos medios y bajos pues estos productos que reflejaban y contaban la vida cotidiana de las clases populares se empezaron a vender masivamente en el nacimiento del mercado pirata, cuya distribución y exhibición no era mediante la tradicional sala de cine si no mediante el CD, un dispositivo que podías ver desde un computados o un DVD aparatos a los que cualquiera podía tener acceso,

Estas películas que provenían de un cine emergente entraban en competencia con las grandes películas de la industria woollyboodense que de igual manera eran objeto de la industria pirata, pero la competencia no eran las películas de alto presupuestos de realizadores que venían de la academia que se empezaron a producir en Colombia, la competencia de estas películas de corte popular eran las películas gringas.

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Hasta el día de hoy 2023 la gran deficiencia del cine colombiano en general es la recuperación de capital mediante la exhibición sea cual sea el formato mediante el cual se exhiba a pesar de que la era digital ha creado espacios de visibilizacion del nuevo cine como festivales de cortometrajes producido con celulares, concursos, muestras la industria del cine colombiano es muy débil creando un déficit total.

Pero maravillosamente en el Caribe las películas hechas por los realizadores de barriadas con técnicas empericas y casi que reinventadas se venden como pan caliente mediante un mercado informal, desequilibrado (mercado pirata) cada vez que surge una manifestación de este cine emergente cuya narración y técnica está llena de códices propios que nacen en la práctica de querer contar de manera audiovisual su cultura, vivencias, sueños y conquistas esta es víctima por decirlo así de la piratería donde los realizadores crean fama pero con sus bolsillos vacíos, acción que dificulta el progreso de un cine autentico que puliendo sus códices podría llegar a ser un género y que su desarrollo es bloqueado por el desvió de las ganancias en capital q absorbe para si la piratería.

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