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Conozca las historias de varias personas que están conservando y defendiendo los tesoros naturales de Santurbán.

Ligia Salamanca: pionera en cultivos orgánicos(Foto: Tomás Ortiz.)

Ligia Salamanca: pionera en cultivos orgánicos

Ligia Salamanca

Esta mujer de 55 años y madre de dos hijos ha mantenido viva la tradición agrícola de su familia en una finca ubicada en la vereda La Caldera, en el municipio de Mutiscua (Norte de Santander). Sin embargo, desde que tomó la riendas del predio, Ligia Salamanca comprendió que debía hacer un vuelco a la forma de cultivar.

"Como estudié bacteriología en la universidad aprendí que los insecticidas y pesticidas utilizados en los cultivos deterioran bastante los recursos naturales. Esto es más alarmante en una zona como Mutiscua, uno de los municipios que conforman ese tesoro hídrico llamado páramo de Santurbán", comentó.

Con sus conocimientos universitarios y una especialización en protección de alimentos, Ligia empezó a convertir su finca La Frontera en un sitio libre de químicos, una iniciativa que llamó 'Orgánicos doña Ester' en honor al nombre de la abuela que le enseñó a trabajar la tierra y cuidar la biodiversidad paramuna.

"Ya llevo más de 10 años cultivando de una manera orgánica productos como uchuva, papa, zanahoria, remolacha, brócoli, cebolla, repollo, berenjena, arveja y mora, cultivos de tierra fría que están ubicados en la zona de amortiguación que hay entre el páramo y el bosque altoandino".

Además de proteger la naturaleza del páramo de Santurbán, otra de las motivaciones que tuvo Ligia para dar el paso hacia una producción sostenible fue una condición de su hijo mayor. "Él tiene autismo. Una de las teorías que propician esa condición es la intoxicación a través de los alimentos, por eso mi proyecto mezcla algo familiar, profesional y ambiental".

Hace cinco años, cuando el proyecto MiPáramo empezó a trabajar con cerca de 1.200 familias campesinas del páramo de Santurbán para que conserven los bosques y nacimientos de agua a cambio de insumos y asesorías en producción sostenible, Ligia fue una de las primeras en participar.

"Yo ya tenía definidas todas las zonas ambientales de mi finca, como una extensa área de bosque altoandino que jamás he tocado porque ahí nace el agua. Además, por destinar terrenos para la siembra de árboles nativos, MiPáramo me ha ayudado con insumos para mejorar mi producción orgánica".

Este año, Ligia participó en el concurso Piensa Verde, liderado por varias entidades y MiPáramo, del cual salió ganadora con la construcción de un invernadero de 500 metros para sembrar arándanos orgánicos. "Mi nueva meta es lograr la marca orgánica para así poder comercializar mejor los productos en el mercado".

Esta visionaria e innovadora mujer asegura que debido a iniciativas como la suya, cerca del 95% del páramo de Santurbán en Norte de Santander hoy está bastante conservado.

"Por eso no estoy de acuerdo en que culpen a los campesinos por todas las problemáticas ambientales. Nosotros hacemos parte de la biodiversidad del páramo, vivimos allí desde hace más de 200 años y somos sus custodios. Cada vez somos más los que hacemos una mejor producción".

Adriana Anteliz: ovejas y bosques

Adriana Anteliz

Desde pequeña, Adriana Anteliz, una campesina del municipio de Mutiscua, aprendió de sus abuelas y mamá el arte de tejer con la lana de las ovejas, una actividad que ha pasado de generación en generación en las mujeres de su familia.

"Con el tiempo ví que la mayoría de mis amigas y conocidas de la vereda nos dedicábamos al tejido de la lana, por lo cual decidimos unirnos para fabricar productos como ruanas, mochilas, zapatos, guantes y bufandas, además de capacitarnos con entidades como el Sena o negocios como Artesanías de Colombia".

En septiembre de 2012, cerca de 20 campesinas expertas en hilar y tejer con la lana a mano decidieron crear la Asociación de Familias Artesanas del Municipio de Mutiscua (ASOMERCED), una iniciativa que honra las raíces de sus antepasados y la cual busca que las nuevas generaciones sigan con ese legado ancestral.

"Cada una de las mujeres hila y teje en su casa con la lana de las ovejas. Todas me traen sus productos y los comercializamos en diversas partes de la región. Antes solo hacíamos ruanas y gorros, pero ahora ya ampliamos el negocio a zapatos, pie de camas y cojines".

Desde hace más de cuatro años, las campesinas de la asociación empezaron a participar en el proyecto MiPáramo, que trabaja con las familias del páramo de Santurbán para mejorar las actividades productivas y cuidar los bosques altoandinos que rodean el ecosistema.

"Hacemos como un trueque: por conservar los bosques y nacimientos de agua, el proyecto nos da insumos para hacer una producción agrícola más sostenible, como cercados para las ovejas. También nos ayudan a comercializar los productos en sus eventos y redes sociales".

Los tres hijos de Adriana, que están a poco tiempo de graduarse como ingenieros, también le ayudan a comercializar e innovar en los productos. "Mis dos hijas saben tejer, pero como ya son casi profesionales se están encargando de las cosas más técnicas. Todos son conscientes que por la lana de las ovejas están saliendo adelante, por lo cual no van a olvidar sus raíces".

Para esta campesina, el páramo de Santurbán representa la vida misma. "Sin el agua que nos brinda no podríamos sobrevivir. Sin embargo, las comunidades paramunas merecemos un poco más de respeto, ya que lo hemos cuidado y conservado durante muchos años porque sabemos que de ahí proviene el agua que sale de la llave".

Marina Pabón: la guardiana del agua

Marina Pabón

Nació hace 55 años en la vereda La Plata, que hace parte del municipio de Mutiscua. Uno de los recuerdos de su infancia que permanece vivo fue conocer el nacimiento del río Zulia, uno de los titanes hídricos del departamento de Norte de Santander.

"Mi papá, que era el cuidador de una extensa finca en la vereda donde me crié, me llevó a ese paraíso. En esa época no había mucha cultura de conservación, ya que se talaban árboles para destinar las tierras a los cultivos; sin embargo, la mayoría de los bosques han sobrevivido en la región, un territorio de paz donde no hay ni robos".

Desde pequeña, Marina Pabón supo que las tierras que la vieron nacer y crecer hacían parte del páramo de Santurbán, un complejo distribuido en 30 municipios de los Santanderes. "Con el paso del tiempo, muchos campesinos fuimos capacitados por las autoridades ambientales para que lo protegiéramos, una tarea en la que estoy totalmente comprometida".

Esta campesina heredó de su padre el predio La Chorrera, una pequeña parte de la finca donde su progenitor trabajó durante décadas y la cual logró comprar. "Uno de los mayores tesoros de mi predio es un nacimiento de agua en un tupido bosque, el cual tengo cercado para que nadie intente afectarlo, en especial el ganado".

En La Chorrera consolidó su familia luego de un corto paso por Venezuela. "Con mi esposo nos dedicamos a cultivar, pero siempre protegiendo el nacimiento de agua y los bosques altoandinos, un ecosistema donde inicia el páramo. Luego empezamos a trabajar en varios proyectos ambientales, como la reforestación y biodigestores en las cocinas".

Ese compromiso ambiental de la familia empezó a ser conocido en la región. "Corponor nos buscaba para que le ayudáramos a convencer a los campesinos de que sembraran árboles nativos en sus fincas. Yo regañaba a la gente que no quería y les hacía entender que la reforestación nos va a ayudar a tener agua para toda la vida".

Desde que llegó el proyecto MiPáramo al municipio, Marina y su esposo han recibido varios incentivos por su lucha ambiental. "Nos dieron cercas para proteger el nacimiento y las zonas que hemos reforestado, además de centenares de árboles nativos. También nos brindan asesoría técnica para mejorar la producción".

El nuevo proyecto de esta nortesantandereana es un cultivo de arándanos orgánicos, un piloto que ya arrancó con la donación de un invernadero, las semillas y capacitaciones para hacer abonos.

"MiPáramo es una compensación por cuidar la naturaleza. Por conservar los bosques y sembrar especies nativas, nos ayudan a mejorar nuestra calidad de vida. Es un tome y dame, un trueque en el que los campesinos destinan áreas en sus fincas a cambio de ayudas productivas sostenibles".

Yamid Ávila: de la huerta a la mesa

Yamid Ávila

La pandemia del coronavirus le cambió la vida a Yamid Ávila, un joven de 34 años nacido en el municipio de Pamplona. Las medidas para controlar los contagios, como el cierre de restaurantes y establecimientos comerciales en todo el mundo, pusieron fin a su trabajo como chef en México, donde llevaba algún tiempo.

"Ante esto decidí regresar a Colombia a la finca de mis padres llamada El Cerezo, ubicada en una zona montañosa de la vereda Monteadentro. En ese paisaje del bosque altoandino, donde inicia el páramo de Santurbán, empecé a crear un proyecto que mezclara mis conocimientos en cocina con la producción sostenible y las raíces ancestrales de la región".

La finca familiar era el espacio perfecto para dar marcha a su iniciativa, ya que cuenta tanto con cultivos como varios relictos boscosos. "Mi ideal era consolidar un espacio donde la gente conociera las técnicas ancestrales culinarias, como el uso del barro, la arcilla, los tiestos y la leña, los productos locales de nuestros campesinos y nuestros recursos naturales".

Ávila construyó una cocina de vieja guardia dentro del predio, la cual cuenta con varios hornos de leña y paredes bastante parecidas a la que hacían los campesinos e indígenas con bahareque. "Este espacio sería el epicentro del proyecto 'Del Páramo', un taller de cocina donde los turistas prueban los platos típicos de la región mientras aprenden sobre la historia del territorio".

Los productos que Yamid le ofrece a los visitantes provienen de varios cultivos de su finca y de algunos campesinos de la zona, es decir que todo sale de la huerta y llega directo a la mesa. "Esta cocina es un espacio para aprender de la identidad nortesantandereana y los sabores locales, técnicas ancestrales y mi propuesta gastronómica".

Mientras va cocinando en leña productos emblemáticos de la zona como la trucha, este joven le cuenta a los turistas historias de antaño, como que la zona estuvo habitada por indígenas chitareros, cariongos y coicos, quienes elaboraban artesanías y veneraban la naturaleza.

"El ideal es que nuestra huerta tenga el menor impacto ambiental, es decir restringir los pesticidas, fungicidas o agroquímicos".

Luego de deleitarse con varios de los platos típicos de la región, Yamid lleva a sus visitantes a recorrer las zonas boscosas de la finca, donde habitan diversas especies de aves y mamíferos. "El bosque altoandino es fundamental para el páramo. Por eso también les cuento la importancia y conectividad de estos dos ecosistemas".

Este pamplonés busca consolidar la finca paterna en un espacio para el ecoturismo. "Además de los saberes culinarios, queremos que la gente pueda venir a quedarse en la finca y conozca la fauna del páramo".

El proyecto MiPáramo, que trabaja con familias del páramo de Santurbán en los Santanderes, apoya esta iniciativa culinaria y ambiental a través de insumos para que Yamid realice una producción agrícola más sostenible.

"Mi aporte para el páramo es incentivar a las personas para que conozcan y protejan la biodiversidad del ecosistema y rescatemos la cultura del territorio. Proteger el páramo es protegernos a nosotros mismos; el agua no se vende".

María Elisa Pabón: comida tradicional

María Elisa Pabón

Esta mujer lleva al campo en su sangre. Nació hace 50 años en la vereda La Plata del municipio de Mutiscua, donde aprendió a tejer con la lana de las ovejas, sembrar diferentes cultivos como papa, cebolla, trigo, maíz y habas, y ordeñar vacas.

"Durante toda mi infancia ayudé a mis padres en las labores del campo en este terruño aledaño al páramo de Santurbán. Cuando me casé y consolidé mi familia seguí por la misma senda: cultivar y vivir de lo que nos regala la tierra".

Su esposo heredó la finca El Pino, tres hectáreas ubicadas en una vereda de Mutiscua donde crío a sus cuatro hijos y se enamoró de la naturaleza. "Por la mitad del predio pasa una quebrada cristalina que es visitada a diario por muchas aves".

Hace 15 años quedó viuda, por lo cual debió dejar la tristeza a un lado para darle estudio a sus hijos. "Me enfoqué en cultivar diferentes productos y la cría de truchas, pero siempre protegiendo las zonas de bosque en las partes más altas y la quebrada".

En El Pino, María Elisa empezó a trabajar en una producción más sostenible en sus cultivos a través del proyecto MiPáramo, el cual está en Santurbán desde hace cinco años asesorando a 1.200 familias campesinas para que conserven los bosques y mejoren la actividad productiva.

"La agricultura de mi predio es limpia porque limitamos bastante el uso de plaguicidas e insecticidas. He recibido varios insumos para mejorar mi iniciativa, como tanques para riego, a cambio de conservar el bosque y reforestar algunas zonas con cerca de 100 árboles nativos".

Esta campesina quiere que su terruño se convierta en un proyecto ecoturístico. Por eso, de la mano de MiPáramo está consolidando un restaurante para que los turistas prueben platos típicos de la zona elaborados con productos orgánicos.

"Muchas personas me han dicho que tengo una buena sazón. Por eso decidí aprovechar ese talento para ofrecerle a los visitantes una comida típica con mis cultivos y truchas. Como El Pino cuenta con mucha naturaleza, la gente sale muy contenta de su visita".

María Elisa está convencida de que estas iniciativas y el apoyo de las entidades y organizaciones, son la clave para conservar el páramo de Santurbán, donde nace el agua que surte a más de 1,5 millones de personas de los Santanderes.

"El campesino necesita de ayudas para realizar una producción sostenible. Somos parte del páramo y estamos demostrando que sí es posible cultivar y cuidar todos los tesoros naturales de la zona y al mismo tiempo".

Germán Salamanca: veedor del páramo

Germán Salamanca: veedor del páramo

Este pamplonés de 60 años es dueño de uno de los predios mejor conservados del municipio de Mutiscua, 1.190 hectáreas en la vereda San Isidro que albergan cinco lagunas que en el pasado fueron sagradas para varios grupos indígenas.

"El predio se llama laguna Colorada, un territorio del páramo de Santurbán que llevo cuidando más de 27 años. El proyecto MiPáramo me ha ayudado con insumos y nuevas alternativas para consolidar un proyecto de ecoturismo en la zona, y que así los turistas recorran los senderos, avisten muchas aves y se puedan quedar".

Según Germán Salamanca, este terruño paramuno está cubierto por extensos valles de frailejones y árboles nativos del bosque altoandino como romeros. "Es un tesoro en donde se puede apreciar la verdadera cara de Santurbán: una riqueza hídrica con mucha biodiversidad".

La laguna Colorada no es el único proyecto ambiental que Germán ha liderado. Este licenciado en química y biología aprendió desde pequeño que cuidar del agua y los ecosistemas debe primar ante las actividades extractivas como la minería de oro.

"Fui alcalde de Mutiscua en dos oportunidades y una vez en California, donde lideré una lucha frontal contra la minería de las multinacionales extranjeras. Me gané muchos enemigos en la zona, ya que movilicé a las comunidades para evitar que siguiera esa tragedia ambiental a cielo abierto en el páramo".

Tiene bastantes objeciones sobre la delimitación del páramo, ya que afirma que este mecanismo fue creado con la intención de frenar la minería, algo que según Salamanca no ha ocurrido.

"Afectaron a los campesinos cuando prohibieron las actividades agropecuarias. La delimitación de 2014 fue a la ligera y no para proteger al páramo, sino para beneficiar a la minería; los títulos mineros otorgados antes de 2011 pueden seguir explotando".

Salamanca ha tomado la vocería de las comunidades campesinas en diversas ocasiones. "Hemos hecho muchas marchas y ayudamos a poner una tutela por no haber socializado primero la delimitación con los habitantes del páramo. El campesino también es biodiversidad y ha estado durante más de 200 años en estos ecosistemas".

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