Historia

De espía nazi a referente intelectual: una historia real en Colombia

El húngaro Ferenc Vajta se mezcló con la élite académica de Bogotá, conocido por su vasto conocimiento en historia y arte.

De espía nazi a referente intelectual: una historia real en Colombia /

La historia de Ferenc Vajta es digna del cine: apoyó al nazismo como periodista y diplomático en Hungría y Austria, intentó asegurar su huida a través de pactos frustrados con Francia, el Vaticano y EEUU y, en 1950, llegó por casualidad a Colombia. Al igual de importantes lideres alemanes y del mismo Adolf Hitler en el territorio colombiano.  

A pesar de que existen multiplicidad de documentos de inteligencia estadounidenses que siguen la trayectoria de Vajta desde que escapó de Europa, la razón de que eligiera llegar a Colombia no pudo ser determinada.

La investigación aporta un posible dato clave: Bogotá fue el mismo destino que escogió para escapar el jesuita de origen húngaro Nyisztor Zoltan, jefe de prensa del Vaticano para finales de la Segunda Guerra Mundial. Zoltan había recibido a Vajta en el Vaticano en su proceso de huida y también era señalado como un simpatizante nazi.

Otra incógnita del derrotero de Vajta es si existió un acuerdo entre el Gobierno estadounidense, encabezado por Harry Truman (1945-1950) y el colombiano de Mariano Ospina (1946-1950) para permitir el ingreso de Vajta, que llegó a Colombia en un vuelo de Avianca —aerolínea de origen colombo-alemán— el 5 de febrero de 1950.

A pesar de que la estadía de Vajta en Bogotá inquietaba tanto a la diplomacia estadounidense en Colombia como a la propia inteligencia colombiana, el húngaro logró hacerse rápidamente un lugar en la sociedad bogotana. Vajta se convirtió en uno de los nombres de referencia de la incipiente Universidad de los Andes, que se nutrió de variedad de profesores europeos exiliados en sus primeras carreras de ciencias básicas.

En esa experiencia universitaria Vajta conoció a Frans von Hildebrand, quien llegó a ser decano de la Universidad de los Andes y llegó a Colombia junto a su familia escapando del nazismo. Hildebrand protegió a Vajta a pesar de no compartir sus ideas con respecto al nazismo.

De hecho, Torres logró entrevistar al hijo de Hildebrand, el antropólogo Martín von Hildebrand, quien recordó que Vajta solía visitar su casa a pesar de los rumores que lo señalaban como un simpatizante nazi. Según el hijo, Hildebrand solía ser cuestionado por su amistad con Vajta pero solía responder que "no podía juzgar a una persona por una decisión de estar en el lado equivocado que había tomado todo un pueblo".

De todas maneras, el hijo de aquel encumbrado docente considera que es probable que su padre "no conociera a profundidad" la verdadera historia de Vajta en Europa.

El húngaro también se hizo un nombre en el mundo del teatro colombiano. Además de apoyar económicamente emprendimientos teatrales a modo de mecenas, el nombre de Vajta está grabado entre los promotores del primer Festival Nacional de Teatro realizado en 1957 en el Teatro Colón de la capital colombiana.

El informe de El Tiempo reconstruye a Vajta como un "hombre corpulento, de gran nariz y de pelo negro engominado". Quienes lo conocieron en su etapa colombiana lo describen con un intelectual respetado, "con aire doctoral, muy académico pero muy respetuoso", que además mostraba un profundo conocimiento sobre el arte y, en especial, el teatro europeo.

El hijo de Hildebrand lo recordó como un caballero "de apariencia triste y que daba la impresión de que sufría mucho".

Es que, a pesar de haberse adaptado al ambiente bogotano, Vajta seguía con intenciones de abandonar Colombia y regresar a Estados Unidos. Intentó varias veces enviando cartas y realizando gestiones diplomáticas ante Washington, en las que aseguraba que los rumores sobre su apoyo al nazismo eran construcciones del comunismo húngaro y soviético para perjudicarlo. Estados Unidos nunca accedió a concederle la visa que solicitó en infinidad de ocasiones.

Mientras tanto, su convicción anticomunista no cesaba. Vajta llegó a protagonizar un escándalo nacional en Colombia al denunciar ante la embajada estadounidense en Bogotá al también profesor húngaro Jorge Kibedi, que dictaba clases en la Universidad Javeriana. Según Vajta, el docente era en realidad un espía de la Unión Soviética. La denuncia provocó que el Gobierno de Colombia, que en esa época penaba con cárcel ser comunista, expulsara a Kibedi del país.

Quizás la contracara de eso fue la postura que la revista estadounidense Time, de la que Vajta comenzó a ser corresponsal en 1956, tomó al enterarse de su pasado pronazi. La publicación decidió interrumpir las colaboraciones del húngaro, que presentó la decisión como un problema de tiempo debido a las exigencias de su vida académica.

La reconstrucción de los últimos días del húngaro se da de la década de 1960, cuando el cuerpo de Vajta fue encontrado sin vida en su casa. Producto de la soledad en la que vivía tras separarse de su esposa y su hijo, su cadáver no fue encontrado hasta varios días después de su deceso.

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