“Todos los días lloramos por un paciente”: cirujana venezolana
Caracol Radio recorrió el hospital El Algodonal en Caracas en donde las ratas se pasean por los consultorios y los pacientes mueren por falta de medicamentos básicos en medio de la crisis.

Es uno de los hospitales más antiguos de Caracas y un referente en el tratamiento de pacientes con tuberculosis desde que fue inaugurado en 1939, pero ahora ya no tiene ni gasas ni analgésicos ni siquiera bolsas plásticas para las canecas que solo son forradas en papel periódico para recoger los desechos.
La doctora Marieta Rea, jefe de cirugía de El Algodonal, afirma que en los últimos días han tenido que dar de alta a la mayoría de pacientes que esperaban ser operados porque no tiene cómo mantenerlos hospitalizados ya que no hay comida y por los cortes de luz de los últimos días no tenían cómo hacerles rayos x. “Hay 300 pacientes en la lista de espera, la mayoría de ellos con cáncer”.
Desde el año pasado el Gobierno de Nicolás Maduro no le da presupuesto a este hospital, que es el único del país que trataba la fibrosis quística en niños y era una referencia nacional en operaciones de cáncer de tórax, pero ya no cuenta con insumos para tratar ninguna enfermedad.


“No es posible que en un país tan rico como fue Venezuela los pacientes con epilepsia se mueran convulsionando porque no tienen que ponerles, que el médico se siente a llorar porque no tiene nada que hacer”, afirma Rea.
Ante la escasez de medicamentos, el ejecutivo está haciendo convenios con países como la India para tratar de conseguir insumos, pero los médicos aseguran que están ingresando medicinas que no están aceptadas por la Agencia de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA), así como equipos chinos de mala calidad.
“Es un laboratorio indio muy cuestionado que se llama Sum Pharma. Aquí trajeron una suturas que no sirven y visceran a los pacientes (…) el gobierno no puede meter al país unos medicamentos que fueron probados en el Hospital Militar y los desecharon, no voy a aplicarle eso a mis pacientes”, afirma la doctora Rea.
A parte de los problemas del hospital, los galenos de este centro tienen que lidiar con el día a día del venezolano. Desde hace seis meses el hospital no le puede pagar a los médicos residentes como el doctor Luis Alonso, originario del estado de Portuguesa, un estado ubicado en el centro occidente del país, quien vino a Caracas a hacer el posgrado en cirugía.
“No hemos contado con pagos de ninguna especie, muchos somos de otros estados que venimos a hacer un posgrado acá y no contamos con los recursos. Tenemos turnos de lunes a lunes pero en cualquier tiempo que queda libre tenemos que hacer colas para comprar alimentos”, afirma.


A pesar de esto siguen tratando de cumplir su labor en un hospital cuyas instalaciones se caen a pedazos entre las zonas que llevan años en labores de remodelación sin concluir y las partes como cirugía y tratamiento de tórax en donde enormes manchas de humedad se ve en las paredes.
“Cuando llueve ya no son goteras sino regaderas y se forman charcos por los que los pacientes tienen que caminar”, dice la jefe de Cirugía del hospital.
Pero aquí lo único que falta no son los medicamentos y la infraestructura, también los elementos de aseo y la comida. “No tenemos con qué limpiar, a veces no hay guantes ni gorros, tenemos que reusar lo que tenemos”, dice Reina Selma, la camarera más antigua del hospital, quien asegura que desde que llegó el chavismo al poder, empezó la escasez.
“Cuando llegué aquí en el año 86, había de todo; en el año 99 aún había material, pero desde ahí en adelante ya no”, señala Selma mientras aparece en el consultorio una rata que ha salido de su escondite y se pasea por el consultorio. “Esto se ha convertido en un criadero de ratas, ya parecen conejos”, dice Rea.


A la doctora Rea se le aguan los ojos cuando empieza a recordar casos puntuales de sus pacientes como el de una mujer con cáncer de seno a la que no se le pudo aplicar la radiología y su tumor reapareció o una joven de 18 años que llegó con una intoxicación por comer camarones y se murió delante de los médicos porque no tenían qué darle. “Todos los días aquí lloramos por un paciente”, dice con la voz entrecortada.




