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La Habana-Quito-Urabá

Acabar o debilitar a grupos como el Clan Úsuga es tan importante como una buena negociación con la guerrilla.

(Colprensa/ Archivo)

La semana pasada el proceso de diálogo con las guerrillas dio un paso importante con el ingreso de la guerrilla del Eln a la mesa, pero la futura paz del país recibió una dura advertencia con el paro armado que llevó a cabo la banda criminal de los Úsuga, que dejó nueve militares muertos y paralizó actividades en municipios de Antioquia, Chocó y varios de la Costa como Córdoba.

Mientras el proceso con las Farc entra en su etapa final, y avanza en medio de las diferencias, y con el Eln se inicia una negociación que quienes lo conocen de cerca estiman que esta vez sí va para algún lado tras aceptar que dejarán las armas al final de los acuerdos, con el Clan Úsuga apenas empieza la estrategia militar para aniquilarlos, según decisión de última hora en la que se anuncia una especie de grupo elite para perseguirlos.

Desaparecidos los logos de los paramilitares que negociaron con el gobierno Uribe, el Clan Úsuga recicló a quienes le pusieron conejo a los acuerdos de Ralito y a ex guerrilleros de las Farc y el EPL. Hoy han montado una poderosa organización que controla o contrata bandas locales para ejercer dominio en zonas estratégicas; tiene una gran capacidad de intimidación y está haciendo uso de las redes sociales para ordenar el cierre de negocios como pasó la semana anterior. Y como sucedió con los carteles de los 80 y los 90, han infiltrado a la Policía, la Fiscalía y tienen nexos con políticos y autoridades locales. Es decir, la historia se repite.

Ya el presidente Juan Manuel Santos advirtió que no habrá negociación política con esa organización criminal sino sometimiento. Es más, es parte de los compromisos de la agenda de La Habana el desmonte de esas organizaciones. Pero acabarlas no será fácil por más bajas o capturas que se logren en los próximos meses. Esta organización como todo grupo al margen de la ley tiene la capacidad de recomponer sus cabecillas mientras el negocio del narcotráfico, la minería ilegal y la extorsión sea lucrativo. Según los organismos de inteligencia, el solo negocio de las dragas para extraer oro les deja 7 mil millones de pesos al mes.

Sacar del circuito de los generadores de violencia a bandas como los Úsuga parece por ahora una decisión tardía del Gobierno, como lo advierten los analistas que consideran que se ha menospreciado la capacidad de hacer daño por parte de esos grupos. Y lograrlo será una acción compleja porque implica una estrategia integral que va desde la captura o dada de baja de las cabecillas junto con intervenciones a fondo de autoridades locales, redes de apoyo y depuración de fiscales y organismos de la Fuerza Pública. Esto en el mediano plazo, porque por delante quedan acciones del Estado de orden estructural como presencia con inversiones e institucionalidad y el gran problema que se sale de su órbita: la nueva lucha contra las drogas, que pasa por las decisiones de la comunidad internacional.

Acabar o debilitar a esos grupos es tan importante como una buena negociación con la guerrilla. Que esos acuerdos funcionen y no haya más armas, dependerá en buena medida de lo primero.

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