¿Por qué a Montería se le conoció como la ciudad de las golondrinas?
En el centro de Montería hace años llovía excremento de estas aves, según un historiador.


Corría la década del 80 y a Montería llegó un fenómeno natural que literalmente le cambiaría la vida por varios años a los habitantes del centro de Montería. A lo largo de la carrera segunda, entre las calles 35 y 37, una bandada de golondrinas llegaba al caer la tarde, era un espectáculo y un atractivo para los propios y visitantes, que tarde a tarde se agolpaban a verlo
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Según cuenta el historiador Víctor Negrete, “al caer la tarde todo el comercio de la zona se tornaba inquieto, como molesto, y miraban todos al cielo como esperando algo. A cualquier persona que estuviera de visita se sorprendía con esa actitud. Y de un momento a otro salían cantidades de aves, golondrinas, que llegaban a sobrevolar”
Los relatos de la época dan cuenta del terror de algunas personas que tenían que esconderse para evitar ser golpeados por las golondrinas. “Parecía una de esas películas de terror de Hitchcock sobre los pájaros, pero era solo un instante, después era muy alegre ver cómo esos pajaritos surcaban los cielos y buscaban entre cables de energía y techos dónde posarse”, dice Víctor
Lo incómodo para los residentes y que explica la reacción de molestia al llegar las aves consistía en que las golondrinas defecan con mucha frecuencia. Lógicamente cuando finalmente se posaban en los cables, parecía un aguacero de excremento, como lo narra jocosamente Víctor, “uno escuchaba los golpecitos ‘tac’, ‘tac’, por aquí y por allá, y le caía a uno en la cabeza, en el vestido, era como si comenzara a llover”
A raíz de este suceso los residentes del lugar decidieron enfrentar tan desagradable situación, y la mejor manera fue insistir durante varios meses con palos y trapos envenenados para ahuyentar a la bandada. “Paulatinamente se fueron yendo, en otra época se ponían junto al río, a la altura de la calle 34, pero también se fueron, y esa es la historia del porqué a Montería se le conoció como la ciudad de las golondrinas”, asegura el septuagenario Víctor.




