Los barones del Contralor
En la pelea por elección de ese servidor público nadie ha ganado y se ha mostrado de nuevo la crisis de las cortes.
La elección de contralor general este año ha resultado más compleja de lo que se creía, y se convirtió no solo en la primera prueba política de fuego del presidente Juan Manuel Santos sino en su primer gran desgaste que parece innecesario cuando apenas está empezando su segundo mandato
Visto desde la opinión, este proceso ha salido tan mal que no ha habido un solo ganador y quienes le metieron la mano terminaron dándole la razón a quienes piensan que la elección del contralor hizo crisis y que hay que empezar por quitarles a las cortes la facultad nominadora para ternar a los jefes de organismos de control y darle otro origen a esa nominación. Una de las cosas que ha dejado al descubierto este proceso para escoger al sucesor de Sandra Morelli es la fractura interna en las cortes, sin excepción, y el control de las mismas por unas mayorías que actúan sin importar la violación de los reglamentos internos como fue lo que pasó con Edgardo Maya, cuya primera elección en la Constitucional se hundió y revivió luego de manera sorpresiva. En el caso de los otros dos ternados, pesaron más las consideraciones políticas que las calificaciones profesionales de los nombres enviados al Congreso
La pelea de la última semana en que se vieron enfrentados Santos y el expresidente César Gaviria –dos aliados sólidos en la campaña presidencial—pareciera no tener mayores explicaciones porque el jefe de Estado se había comprometido a ser “neutral”. Pero en el fondo hay una serie de hechos políticos que obligaron a Santos a meter la mano
El más importante, la intención del expresidente Uribe de apoyar a Gilberto Rondón, promovido por Gaviria. Para cualquier presidente, tener un procurador o un contralor aliado de su contradictor, se vuelve un dolor de cabeza. Ya Santos lo ha vivido con el caso de Ordóñez, especialmente por el proceso de paz. El nombre del vallenato Maya, por lo demás, le baja presión a la bancada costeña sobre el gobierno que no quedó contenta con la participación burocrática
La otra razón para buscar desde la Casa de Nariño inclinar la balanza en favor de Maya es el respaldo que le dieron a ese nombre el vicepresidente Germán Vargas –que en este gobierno tendrá el control de la chequera más abultada—y el fiscal Montealegre, con quien la contralora saliente tuvo la peor relación jamás vista entre dos jefes de organismos de control. Ambos son hoy los aliados más importantes del presidente para sus propósitos de gobernabilidad y paz. Con Maya, Montealegre, además, consolidaría su poder en las cortes. Hoy el contralor ya no es el hombre poderoso burocráticamente de las épocas de Rodolfo González en cuyo despacho se definían los nombres de candidatos presidenciales y de acordaban las directivas del Congreso. Los 500 cargos de manejo del despacho están lejos de los miles que había antes para ofrecer. Pero un control de advertencia de ese despacho sí puede frenar la venta de una entidad como Isagen y un contralor delegado, ficha de un congresista, puede poner en aprietos a un ministro o a un superintendente mediante la entrega de información que puede ser útil al momento de hacer control político en el Senado
Lo que ha debido ser una proceso tranquilo y acorde con la ley, terminó siendo un asunto de honor, de pulso entre barones políticos y de guerra sucia, para escoger a un funcionario que tiene la tarea de vigilar el uso debido de los recursos públicos.




