Tributo a los oficios que se niegan a desaparecer
El sastre, el relojero, la modista, el zapatero, siguen vigentes pese al avance arrollador de la tecnología.


Por Luis Enrique RodríguezEn la calle 22 de Pasto los viejos oficios no mueren. Por el contrario, permanecen como testigos del interesante proceso de desarrollo que ha vivido nuestra sociedad, cada vez menos apegada a lo tradicional y más sumisa ante consumismo que nos traen los avances tecnológicos
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Caminando por empinadas vías de Pasto y llegamos a la calle 23 entre carreras 13 y 14, donde encontramos auténticos íconos de los oficios que durante años "le han dado y le siguen dando de comer" a miles y miles de familias de nuestra sociedad apegada por lo antiguo, incluso por sus trabajos de antaño
Precisamente en este Primero de Mayo, cuando celebramos el Día Internacional del Trabajo, el país le rinde culto a esos quijotes que con esfuerzo y tezón sacaron adelante al país, cuyo legado se mantiene gracias a la costumbre familiar de heredar los oficios y profesiones
Al primero que hallamos fue a José Antonio Villamarín, un zapatero que dice haber llegado de Chile a Pasto hace muchísimos años. Allí encontró el amor de su vida, se quedó y hoy representa uno de los íconos laborales, el hombre que con pegante, hilos y tachuelas le da larga vida a los "chagualos". Y es que a pesar de que hoy todo es "desechable", don José Antonio, oculto tras una malla que le sirve de enrejado, ayuda a darle vida a esos zapatos que sus clientes no quieren condenar al basurero
Pocos metros más adelante, rumbo hacia la esquina de la catorce, está don Orlando Rodríguez, un hombre que lleva muchos años arreglando relojes de todo tipo. "Si me traen uno de cuerda, aquí se lo dejamos dando la hora exacta", asegura. Luego dice que pese a que la electrónica domina la medicion del tiempo con relojes que son de vida limitada, él trata de medir el avance de los segundos, los minutos, las horas y los días ayudando a arreglar aquellos aparatos que en el pasado, con una tecnología más rústica pero muy precisa, le dieron la hora a la humanidad
En un local contiguo abordamos a don Segundo Francisco Rodríguez, quien "muy tieso y muy majo" se colocó sobre su cuello el metro que le sirve de identificación a los sastres que todavía creen en las puntadas a mano, "porque con buenos hilos los trajes quedan más elegantes y duran para rato". Su vieja máquina de coser, unas tijeras antiguas, muchos alfileres y enorme paciencia, hacen que el tiempo pase y este oficio no sucumba ante las máquinas modernas que producen muchos vestidos en pocas horas
A una cuadra, sobre la 22, no podía faltar la vieja peluquería donde las navajas todavía se afilan sobre cintas de cuero colgadas a las sillas antiguas, y donde todavía recuerdan con nostalgia el "corte humberto" y el "corte americano", que niños y adolescentes de pantalones cortos usaban, obligados por sus padres
A todos ellos, un feliz Día del Trabajo y un aplauso por hacerle recordar a Colombia que nos hemos forjado con la tarea diaria de millones de personas que, con poca tecnología y mucha pasión, han sacado adelante el país.




