La batalla por los pagos en la pantalla pequeña
Con las pantallas grandes, los modelos de negocio de Internet nunca lograron demasiado dinero.


Hasta ahora habíamos utilizado Internet desde terminales de pantalla grande, ya fuera desde nuestros computadores de escritorio o portátiles, pero ahora estamos usando también Internet desde pantallas pequeñas como nuestros móviles o tabletas. Y este no ha sido el único cambio, pues hay otra cosa que ha cambiado: el modelo de negocio
Con las pantallas grandes, los modelos de negocio de Internet nunca lograron demasiado dinero del bolsillo de los usuarios finales
En la pantalla grande, nos hemos acostumbrado a utilizar las cosas de manera gratuita. Si Google nos hiciera pagar por cada búsqueda, cambiaríamos de buscador. Si nos hiciesen pagar por nuestro correo electrónico, cambiaríamos de correo. Y cuando nos han querido hacer pagar por leer las noticias de nuestro periódico, hemos cambiado de periódico
En la pantalla grande, los modelos de negocio mayoritarios se han basado en servicios gratuitos capaces de reunir a grandes audiencias; aquí el dinero se obtenía (cuando lo había) mediante la publicidad o los datos que estas grandes audiencias podían generar. El resumen podría ser: la gente no está dispuesta a poner dinero, deberás buscarlo en otro sitio
Pero con la aparición de las pantallas pequeñas todo ha cambiado: con ellas nos hemos acostumbrado a pagar
Con el teléfono ya estábamos acostumbrados a pagar. Pagábamos por cada llamada, por cada mensaje y lo hacíamos de manera implacable: tantos minutos de llamada, tantos pesos de pago. Que Internet llegara al móvil significaba que Internet llegaba a un dispositivo cuyos usuarios ya estaban acostumbrados a pagar. Actualmente, pagamos por apps que nunca habríamos pagado en la pantalla grande
El móvil da pie a nuevos modelos de negocio en los que, ahora sí, podría ser el cliente final quien pusiera el dinero. La BBC tiene una app para ver algunos de sus programas desde el móvil: el iPlayer, que cuesta 7,99€ al mes o 74,99€ al año y que ha resultado ser un rotundo éxito. El servicio no existe en versión web, porque en pantalla grande nadie habría aceptado pagar para ver un programa de la BBC
Así pues, la novedad es que hay gente dispuesta a pagar por acceder a servicios y contenidos desde un dispositivo móvil. Y esta es la premisa para entender qué está pasando en la industria del móvil: hay una verdadera batalla para ver quién gestionará este increíble volumen de transacciones económicas
Apple reinventó el concepto del móvil con su iPhone y ya de entrada lo complementó con el concepto de tienda AppStore. El usuario irá a una tienda a buscar aplicaciones, muchas gratuitas pero otras de pago y Apple se quedará con un 30% de todo lo que allí suceda. Un gol para los operadores de telefonía móvil, que veían como aparecía un actor que esquivaba su sistema de facturación mensual con el consumidor
Hasta ahora, la gestión de los pagos estaba en manos de los proveedores del servicio (por ejemplo: Claro, Movistar o Tigo) y de los gestores económicos (como VISA, Mastercard o cualquiera de nuestros bancos). Y a este entorno, ahora, se ha incorporado un tercer actor: el fabricante del teléfono
¿Quién gestionará las transacciones en los móviles? El fabricante de smartphones intenta que su plataforma sea exclusiva y que los usuarios vayan a su tienda (AppStore para Apple, PlayStore para Android, Blackberry, Telefónica y otras también han hecho la suya). Hay quienes dicen que Samsung le ha restado protagonismo a Google en Android, pero mientras la gente compra los teléfonos a Samsung, la tienda de apps es propiedad de Google. No está mal para Google
Hay pocas dudas sobre el hecho de que muy pronto el teléfono móvil va a ser nuestro dispositivo personal de pagos. Usaremos el teléfono móvil para acceder al transporte público, para pagar en las tiendas, para entrar al cine…Más allá de las apps, liderar las transacciones económicas en las plataformas móviles puede que sea el gran negocio del siglo XXI. Claro, Movistar, Tigo, Apple, VISA, Mastercard, AvVillas, Bancolombia, Google y el resto de postulantes a hacerse con el mayor pedazo del pastel son muy conscientes de los miles de millones de dólares que están en juego. La batalla no será pequeña.




