A los violentos del fútbol con cariño…
A los violentos del fútbol, no se les mira hoy como actores del deporte, mucho menos como protagonistas ni tampoco como hinchas que representan de alguna manera a sus equipos, a los violentos del fútbol se les mira como el cáncer del mismo fútbol.


A los violentos del fútbol con cariño seguramente no los criaron, quizás muchos de ellos se formaron en medio de un entorno de conflicto y su equipo ha sido esa figura que más se ha acercado a una familia y con ese argumento defienden a muerte lo que ellos llaman su pasión, una pasión que en las últimas horas ha cobrado varias vidas de manera indolente y despiadada
A los violentos del fútbol, no se les mira hoy como actores del deporte, mucho menos como protagonistas ni tampoco como hinchas que representan de alguna manera a sus equipos, a los violentos del fútbol se les mira como el cáncer del mismo fútbol, como la parte oscura y pútrida de un espectáculo en el que no hay razas, enemigos ni conflictos, un espectáculo que hace parte del divertimento de una sociedad que como la nuestra necesita de escapes para alejarse de una guerra donde colombiano come colombiano. A los violentos del fútbol no se les teme, a los violentos del fútbol se les señala, como se le señala a un culpable, un culpable de la suspensión no de un partido, ni mucho menos del mismo fútbol si en algún momento se llega a dar, sino a un culpable de empañar de manera corrosiva la imagen del deporte, la imagen del medio, la imagen de la que dependen familias, empresas, jugadores de fútbol, periodistas, deportistas de divisiones inferiores y por supuesto los verdaderos y únicos hinchas, los que van a los estadios con camisetas apoyando y alentando a sus equipos, sin necesidad de manchar de sangre sus manos, y echándose encima la maldita culpa de la maldita violencia. A los violentos del fútbol se les debe recordar que el fútbol es simplemente eso fútbol, que alimenta sanas pasiones en quienes siguen a los equipos, pero que también se mueve como empresa, un día Perez es jugador de Santa fe y al otro día lo puede ser de Millonarios, o un día Gomez es técnico de América y al día siguiente del Deportivo Cali, y es que lo malo no es creerse el cuento, porque eso precisamente hace mágico al fútbol, lo malo es creerse el cuento de la inmortalidad con la camiseta y lo más grave, creerse el cuento de que los demás son mas mortales que uno, por el simple hecho de llevar otra camiseta distinta al del equipo de uno. A los violentos del fútbol con cariño los ha tratado el estado, que aun hoy después de tantas muertes y tantos hechos lamentables, no se ha preocupado por darle un tratamiento especial en su legislación, un día asesinan y en la noche los sueltan, un día acaban con los alrededores de un estadio y a la semana siguiente están de nuevo en el lugar pisando tierra firme. A los violentos del fútbol el poder los ha mirado desde la distancia, los han titulado como “de hechos aislados” y a pesar del agravamiento de la situación, nadie se atreve a ponerla sobre la mesa como un hecho de interés nacional. A los violentos con cariño un día los visitaran sus cómplices en una cárcel, un hospital o un cementerio, porque mientras tanto la sociedad que defiende su legitimo derecho de disfrutar del fútbol, los seguirá mirando y señalando desde la barrera, suplicando por algo que no tendrían que pedir de esta manera, la paz en los estadios, el respeto por las diferencias, la tolerancia por la camiseta. Imagen: Cortesía Diario La Republica.




