¿Golpe a la mesa de La Habana?
Los ataques del fin de semana en Arauca y Caquetá contra bases militares del Ejército por parte de las Farc vuelven a plantear dudas sobre el futuro del proceso de paz.
Los ataques del fin de semana en Arauca y Caquetá contra bases militares del Ejército por parte de las Farc vuelven a plantear dudas sobre el futuro del proceso de paz. Es evidente que se trata del golpe más duro de las Farc este año, con saldo de 19 muertos en ambas acciones. El anterior, el 13 de febrero, había dejado siete militares muertos en el Caquetá. Lo primero que despejaría cualquier temor de ruptura del proceso de diálogo con las Farc son las declaraciones del jefe de Estado que, luego del golpe del fin de semana, dijo que “estos ataques no son el camino y serán enfrentados con contundencia”
Ya el proceso ha tenido otros momentos críticos como la agenda que han querido imponer Iván Márquez y Timochenko con sus propuestas de Asamblea Constituyente y zonas de reserva campesina o el secuestro de dos patrulleros y un ingeniero en enero de este año
Para el presidente Juan Manuel Santos es claro que esas son las condiciones acordadas con la insurgencia. El diálogo en medio de la confrontación fue la única alternativa que dejó el cese bilateral del fuego del Caguán. Pero si bien lo ocurrido el fin de semana puede no ser el fin del proceso –que debe reanudar una nueva fase este fin de semana--, sí causa desazón en la opinión y sobre todo da argumentos a los opositores del Gobierno para ejercer presión. En una reciente entrevista a El País, de Cali, el expresidente Uribe hizo una especie de llamado a la insubordinación de las tropas al decir que si fuera soldado se quedaría esperando el fin de las negociaciones
El otro interrogante de este ataque es qué buscan las Farc con estos golpes. Al menos habría dos razones que explicarían estas arremetidas: una, insistir por la fuerza en el cese del fuego bilateral; dos, aprovechar la situación tensa de los paros para generar desconcierto y ayudar a promover el caos con acciones terroristas a pocos días de sentarse de civil, con maletín ejecutivo y guayabera, a discutir con el Gobierno sobre cómo participar en política. Ciertamente: el país, pero sobre todo el periodismo, queda en deuda con “Mono” José Salgar. Ejemplo de periodista íntegro e integral, que no dejó el país ni el periódico en los momentos más difíciles cuando los carteles quisieron someter al Estado.




