En el Catatumbo sienten que la violencia ‘volvió para quedarse’
El silencio y la desconfianza parecieran ser la constante entre la mayoría de los habitantes de los municipios de la región del Catatumbo


El silencio y la desconfianza parecieran ser la constante entre la mayoría de los habitantes de los municipios de la región del Catatumbo, quienes pese a que han vivido cerca de cuatro décadas de violencia, todavía sienten horror por hechos que están volviendo a ocurrir, después unos años de relativa tranquilidad. La concentración del poder, una frontera abandonada, la minería ilegal y el narcotráfico son los elementos que enmarcan todo lo que aquí pasa y se convierten en la dicha de unos y la agonía de muchos. Tibú está a tres horas y medida de Cúcuta, por una de las peores carretas del país, falta hasta un puente que fue volado hace más de un año por las Farc y que en este momento ninguna autoridad se compromete con una fecha para su instalación. Para atravesar el Río Sardinata hay que pasar un improvisado Ferri que cuesta cerca de 10 mil pesos, dependiendo el tamaño del vehículo. Los pasajeros pasan por un puente colgante para evitar el riesgo de las aguas crecidas. Entra Gasolina y sale cocaína Por la misma carretera llega la gasolina de contrabando que usan en la región de La Gabarra y El Tarra para la fabricación de la Cocaína, según lo narraron varios testigos a Caracol Radio, este combustible entra desde Cúcuta hasta el centro del Catatumbo comprando conciencias a 40 mil pesos en cada puesto de control de la carretera
La gasolina es transportada en carro tanques, buses con y sin pasajeros y camiones que aparenten estar trabajando en alguna obra. El negocio de la droga en la región está en manos del ELN, el frente 33 de las Farc y la banda de ‘Los Rastojos’ y en una proporción menor de los ‘Urabeños’, según un investigador que ha estado más de seis años continuos recorriendo los municipios del Catatumbo. También el ministro de defensa, Juan Carlos Pinzón, aseguró que para este negocio las Farc y el ELN son uno solo. También señala el investigador que cerca del 80 por ciento de la droga cultivada y procesada en la Región sale por Venezuela
Más Fuerza Pública y ConsolidaciónEn la Región del Catatumbo el Estado adelanta tiene previsto iniciar uno de los denominados planes de consolidación, como los que han sido diseñados para otros territorios recuperados por la Fuerza Pública después de décadas de asedio de grupos ilegales. El presidente Juan Manuel Santos ha anunciado para esta zona del país once batallones y una Fuerza de Tararea Conjunta integrada por Ejército Fuerza Aérea y Armada, hasta el momento la seguridad es responsabilidad de la Policía y la Brigada 30 del Ejército, cuestionada por la Fundación Progresar que ayuda a las víctimas del conflicto, esta argumenta que el Ejército sigue custodiando los mismos puntos de hace dos décadas y recibiendo golpes de la guerrilla. Entre 1998 y 2010 hubo 1591 acciones guerrilleras en Norte de Santander, en 2011 21 de los 40 municipios fueron escenario de acciones de la subversión. Se registraron siete atentados, siete hostigamientos, tres emboscadas y cuatro atentados. La Producción de la Palma Africana se grandes haciendas de terrenos planos, en manos de empresarios llegados de otras regiones. Lo mismo ocurre con los dueños de varias minas de explotación de Carbón, la mayoría no cuentan todavía con todas las licencias necesarias. La Oposición de la guerrilla a estos proyectos que los cabecillas subversivos califican como monopolios sería otra de las causas de la escalada armada en la región. Esa es otra de las razones por las que los habitantes de estos municipios no sienten que la violencia que está resurgiendo sea por unos pocos días, si no el inicio de otro derrame de sangre. Dentro del casco urbano uno de los primeros temores es quedarse sin energía por la voladura de las torres del sistema de interconexión de emergencia, porque el principal está fuera de servicio desde la madrugada del pasado domingo
La restitución “no es ni siquiera una ilusión”En marzo de 2001, 21 personas fueron masacradas una mañana en dos barrios diferentes de Tibú. Una de las víctimas fue José Hilario Pérez, un lechero de 32 años que vivía en el barrio la Unión con su esposa Clara y tres hijos. Recuerda la señora que una mañana decenas de desconocidos con uniformes del Ejército de Colombia llegaron hasta su casa y se lo llevaron por la fuerza
A los pocos minutos escucharon una balacera y cuando salieron entraron a su esposo agonizando junto con otras 13 personas de la misma cuadra. Los cadáveres fueron dejados en dos grupos cerca de la pista de aterrizaje. Antes de vivir esta tragedia Clara ya había perdido a varios de sus hermanos y la habían golpeado y desplazados dos veces de El Tarra, donde trabajaba en las fincas de la Región. Hoy en día tiene dos parcelas abandonadas en la parte norte del Catatumbo y está convencida de que “nunca las va a recuperar”. Por eso continúa viviendo en la misma casa del barrio La Unión, de donde vio salir a su marido por última vez. Clara no confía que las parcelas que tuvo que abandonar por la presión armada puedan ser recuperadas, “así el gobierno ponga todo su empeño en la Ley de Víctimas y su programa de restitución”. Como ella unas 20 mil personas fueron desplazadas de sus tierras en la región.




