“32 puntos y medio” una mezcla de danza, tecnología y arte
Proyecto que busca demostrar el margen de error en la danza, permitir el estudio del movimiento y ver los cambios que se generan en cada interpretación cuando es la misma danza; nunca el movimiento es el mismo, no existe la perfección.


32 puntos y medio es un proyecto de investigación dirigido por Catalina Quijano docente de planta de la Universidad de los Andes, Diseñadora Grafica Multimedia y amante de la danza. El trabajo basado en el cuestionamiento de la tecnología como herramienta para la creación visual de una manera análoga, permite la escritura del movimiento, de la música a través del la tecnología, siendo ésta la base de todo el proyecto, mezclando el diseño grafico, el arte y la danza con la tecnología
Lo que comenzó siendo una herramienta pedagógica y representativa de la danza, personificando el cuerpo como un todo, como la vida, hoy es un proyecto que tiene aspiraciones de darse a conocer a nivel mundial, a colocar en la mano de analistas, coreógrafos y bailarines una herramienta que permitirá que la danza deje de ser algo efímero, que no deja rastro visual, para poder ser objeto de estudio, su estructura de movimiento y las figuras diseñadas en la relación del espacio temporal, de esta manera la tecnología pasaría de ser algo premeditado para convertirse en algo natural
El proyecto se basa en dos elementos, el más importante y el que le da su nombre es su giro en torno al parámetro de diseño 32, pero no es solo este parámetro el que permite darle el nombre a esta investigación, sino los 32 sensores de movimiento en una plataforma de presión, 32 colores divididos en 8 grupos compuestos por cuatro colores, ejercicios de 32 tiempos dividido en 4 y los 32 puntos en el cuerpo del bailarín de los cuales 8 son energéticos , puntos que han sido estudiados y que son vitales en cualquier tipo de movimiento
El segundo elemento es el medio digital y análogo, círculo, color y cuerpo, como prototipos reales; los colores usados provienen del cambio que se genera en la naturaleza con el pasar del tiempo, para hallar dichos colores que son cientos, se tomaron fotografías a la naturaleza y los cambios que se generaban en ella y se hallo que aunque se ve un color, éste está compuesto por pequeños puntos de colores distintos, que se encuentran en cerca de 256 pixeles. El proyecto consiste en demostrar varios puntos, que el margen de error existe, que la tecnología no es perfecta y que la interpretación es distinta, no importa que sea la misma coreografía. Pero todo esto comienza desde el momento en que el bailarín de coloca sobre la plataforma, la cual es accionada por el peso del bailarín, y es allí donde se comienza a generar movimientos que el sensor va detectando gracias a un traje especial con luz roja que permitirá a los sensores de la plataforma detectar los movimientos y genera una información cromática, que mas tarde se convierte en un árbol, donde se ven uno a uno los movimientos realizados por el bailarín sean estos lentos o rápidos, todo esto basado en la metáfora del árbol y el estudio del movimiento desde su mínima expresión. No importa el tipo de danza incluso desde la danza butoh, movimiento suave, hasta movimientos más bruscos serán detectados. El proyecto tomó como referencia varios puntos entre los cuales se destaca a la cultura quimbaya la cual evalúa el círculo de cuatro formas, concéntrica, radial, sonal y cuadrante
Al final se concluirá que la exactitud del trabajo la realiza el cuerpo, que el error crea conciencia temporal y todo gracias a un diseño que se crea a partir del círculo, la percepción del color, del movimiento, y del número 32 como una nueva opción de pensar la danza a partir del diseño, teniendo en cuenta que se invierten los procesos en la creación: el diseño prima antes que el cuerpo
Carlos Mario Rodríguez Perdomo, Camilo Nemocon asistentes de investigación uniandinos y el Laboratorio colibrí, colaboratorio de interacción, visualización, robótica y sistemas autónomos hacen parte de este proyecto que hoy busca ser llevado a roma. Jenniffer Castiblanco




