Fajardo y el ego
Sergio Fajardo está dando ejemplo de realismo. No es común oír hablar a un político y casi a ningún colombiano de haber fracasado. Ante la derrota surgen interpretaciones y pretextos como los que oímos del entrenador de fútbol, como los que expresa el ministro enlodado, como los que dan los alumnos corchados.


Sergio Fajardo está dando ejemplo de realismo. No es común oír hablar a un político y casi a ningún colombiano de haber fracasado. Ante la derrota surgen interpretaciones y pretextos como los que oímos del entrenador de fútbol, como los que expresa el ministro enlodado, como los que dan los alumnos corchados. Y etcétera. Fajardo se inclina ante las cifras y dice que los resultados de las elecciones parlamentarias fueron para su grupo político y para él mismo un fracaso. Y enumera sin amargura los errores cometidos, pero se abona para sí una inversión de dos años de excursiones que le sirvieron para adentrarse en el país que ahora conoce mucho mejor. Y Sergio Fajardo está dando también ejemplo de que es capaz de lo que no se creía de él, especialmente de él tan matemático y tan apuesto y tan vigoroso. Nadie esperaba que Sergio Fajardo fuera capaz de emprender la tarea de demoler su ego. Y lo ha hecho. Contra todo pronóstico lo ha hecho
Puntillazo. El candidato liberal Rafael Pardo está con razón indignado. A través de la Internet se le está haciendo una campaña negra. Se le sataniza con el disparate de ser candidato de la guerrilla. Una manifestación más de la guerra sucia que se emplea en la campaña política. Y aunque puede que nada tenga que ver, se debe recordar que el hoy candidato presidencial Juan Manuel Santos cuando estaba en el gobierno lanzó contra Pardo una muy parecida y criminal acusación




