Cuando asesinaron a su mamá, comenzó a engordar
La vida de Mery, cambio desde hoy. La Fundación Gorditos Felices de Corazón, la vinculó a su programa que consiste en un tratamiento que deberá finalizar con un bypass gástrico


La gordura de Mery Rocío Carrillo, arranco el día en que mataron a su mamá. En el restaurante que manejaban ella y su madre, hace 18 años ingresaron varios hombres armados que sin mediar palabras, le dispararon en diez oportunidades. La mamá de Mery, una matrona de Caqueza en Cundinamarca, cayó en los brazos de su hija y allí cerró sus ojos para siempre
Lo que le generó a Mery la muerte de su madre, fue una ansiedad total por comer y tomar trago, esta comerciante de 48 años de edad, paso de pesar 90 a pesar 240 kilos, kilos que con el paso de los años se han convertido en una tortura
Mery no puede caminar más de tres pasos sola, porque su cuerpo no le da. Desde hace mas de una década la tienen que bañar, asegura que tiene que dormir sentada y que el dolor en las yagas que se han formado en sus piernas no lo aguanta mas. Esto sin contar que esta mujer padece entre otras cosas de diabetes, tensión alta e hígado graso
Pero lo que las mas la mortifica es la depresión que le ha provocado su gordura, al punto que ha ido a la funeraria a medirse ataúdes los que ha pedido aumentar 10 centímetros a lo ancho para poder caber en la caja. Con lagrimas dice que no quiere seguir siendo una carga para quines la cuidan, que los quiere liberar y que por eso es mejor morir
Pero la vida de Mery, cambio desde hoy. La Fundación Gorditos Felices de Corazón, la vinculó a su programa que consiste en un tratamiento que deberá finalizar con un bypass gástrico
Mery en medio de todo el dolor que le ha generado el peso de su cuerpo, hoy estaba feliz, esperanzada y soñadora. En su natal Caqueza, fue recogida por el equipo medico de la fundación que la traslado a Bogotá, para arrancar una nueva vida, una nueva historia
Con una tímida sonrisa, Mery nos confeso que lo primero que quiere hacer cuando pierda kilos, es poder sentir de nuevo la sensación de cruzar sus piernas.




