Trágico triunfo
En su muy miope arrogancia, el uribismo fanático está contento por la baja votación de las consultas internas del liberalismo y del Polo Democrático Alternativo. Ellos, los uribistas a ultranza, los que de política solo saben de Uribe, se la jugaban en silencio para que los partidos de oposición no movilizaran masas. Y ganaron. A juzgar por los resultados en bruto, los uribistas ganaron esa apuesta y por eso están felices como cierta reina de belleza.


En su muy miope arrogancia, el uribismo fanático está contento por la baja votación de las consultas internas del liberalismo y del Polo Democrático Alternativo. Ellos, los uribistas a ultranza, los que de política solo saben de Uribe, se la jugaban en silencio para que los partidos de oposición no movilizaran masas. Y ganaron. A juzgar por los resultados en bruto, los uribistas ganaron esa apuesta y por eso están felices como cierta reina de belleza
Pero me temo que es una felicidad con un trasfondo de tragedia porque no le viene bien a la democracia una abstención como la registrada. Ni ninguna otra cifra abstencionista que es la que siempre ha marcado las elecciones en Colombia, con Uribe incluido
Los por qué de la baja votación abundan. El habitual desánimo, la tradicional apatía, un domingo de elecciones con fútbol y etcétera y etcétera
A ninguna democracia le conviene una baja participación electoral. Ni siquiera al arrogante Uribismo que confunde la mayoría con la unanimidad. Porque una democracia verdadera es la que cuenta con partidos fuertes y con una oposición con posibilidades de volverse gobierno, como un contrapoder al poder presidencialista. Por eso la felicidad de los uribistas con la baja votación no tiene ninguna relación ni guarda ningún aprecio por la verdadera democracia
Cierro El Escaparate con una reflexión gastronómica. Ante el boom de la cocina peruana, como hace unos fue la tailandesa, como hace siempre fue la china, como toda la vida ha sido la italiana, están proliferando restaurantes peruanos. Cualquiera monta uno. Y cualquier comensal desinformado le parece que un montón de ceviches es suficiente para que un restaurante se llame peruano. Creo que para merecer ese nombre y ese reconocimiento, cualquier cocina peruana debe ofrecer como mínimo causa limeña y ají de gallina. Si no, no debe llamarse restaurante peruano




