“Patio milagroso” da frutos gigantes en Cartagena
“Ércole, que tomate tan tabluo”. Fue el comentario de un vecino de la señora Martha Blanco, la afortunada propietaria de una humilde vivienda en cuyo patio todo lo que siembra germina de un tamaño descomunal.
“Ércole, que tomate tan tabluo”. Fue el comentario de un vecino de la señora Martha Blanco, la afortunada propietaria de una humilde vivienda en cuyo patio todo lo que siembra germina de un tamaño descomunal
La expresión del asombrado joven no era para menos, justo ante sus ojos, estaban colgando de las ramas de una mata de tomate, los frutos mas grandes que jamás había visto
La vivienda de “Martha Tomate”, como fue bautizada la mujer que pasa de los 50 años de edad, localizada en la calle Primera de Las Flores, del barrio Ceballos, por estos días es la más visitada del sector, gracias a su “huerta mágica”
“Todo lo que siembro en este patio sale gigante. El otro día tenía un palo de ciruela y usted viera que cosas tan grandes y ahora tiré una semillita de tomate y mire los tomatones”, dijo Martha Blanco
Tanto ha sido el alboroto por los “tomates gigantes”, que algunos -con la jocosidad costeña-, se atrevieron a bautizar al patio como “Tierra Santa”
“Martha, niña, que le echó a la mata para que crecieran los tomates tan grandes. Fíjese, ayer compre un tomate chiquitito en la tienda y me costo 400 pesos, este debe valer mas de cuatro mil. Te vas a hacer rica pelá, abre el ojo”, señaló Catalina, una vecina del sector
Los tomates del patio de Martha son tan grandes, que las ramas las tiene amarradas con cordones en las puntas a las cuerdas del tendedero de ropa, porque el peso de los frutos las arrastra hasta el suelo
“Un tomate de estos alcanza sin mentirle para la ensalada de por lo menos 10 sábanas de carne asada y creo que me quedo corta”, dijo la propietaria del terreno
Lo único que no se atreve a sembrar marta en su “huerta milagrosa”, es patilla, porque seguramente, crecerían tanto que tendrían que dormir en la terraza de la casa vecina. Mientras nos alejamos se escuchó un grito que salía del patio, era una voz de adolescente diciendo: “Mira esos no son tomates, son melones”




