Política

Bajémosle un tris al obamismo

Hará bien Obama en defender los intereses de su país, pues no para otra cosa lo eligieron, y harán bien, por fuera de los Estados Unidos, quienes tomen con prudencia su posesión y preparen las posaderas para cuando comiencen a sentirse las decisiones de un hombre que parece ser nuestro… pero es de ellos.

Aparte de la fortuna grande de que la raza negra –que ha construido con su sangre parte importante de lo que hoy es la nación más poderosa del mundo– tenga a uno de los suyos por primera vez (ojalá no última, y que venga un mandatario latino y otro de origen asiático) en la Presidencia, hay que ponerle mesura al exceso de optimismo que genera el color de los sueños de Obama. Uno, como tercer mundo, como miembro de este pueblo elegido por un dios sordo que eligió como verdadero dios al maíz, como número de esta parte de la humanidad mirada por los vecinos del Norte del Río Grande con recelo y desdén, como dueño de uno de esos pasaportes que otorgan a su tenedor tratamiento V.I.P en los aeropuertos del planeta… uno, mayoría tratada como minoría, digo yo, no resiste la tentación de sentirse obamista, de encontrarle al nuevo presidente rasgos como de algún conocido de Buenaventura, de sentir que le encantaría probar un bollo con suero, de pensar cómo gozaría un disco de Niche... y, de ahí para adelante, lo peor: creer que nos va a abrir la llave, que nos va a levantar restricciones en materia de comercio, que nos va a firmar el TLC (que, entre otras cosas, no era de recibo popular pero debido a la negativa del congreso norteamericano es ahora una especie de obsesión nacional), que nos va a doblar la ayuda social y militar, y, en fin, que nos va a tratar como verdaderos socios y aliados (de los pocos que le quedan a Estados Unidos en estos predios del Sur). Pero, como decía Jaime Garzón, “ante todo mucha calma”, porque Barack Obama, aparte del nombre, el apellido y la piel, no es el presidente del mundo sino apenas de los Estados Unidos, que es un mundo ajeno a casi todo el resto del mundo. Como tal, su tarea será defender lo intereses, todos, de los Estados Unidos, y los Estados Unidos son 50 y no 247, que son los estados que, desunidos y disímiles, se ubican fuera de esos estados ahora unidos por Obama. Hará bien Obama en defender los intereses de su país, pues no para otra cosa lo eligieron, y harán bien, por fuera de los Estados Unidos, quienes tomen con prudencia su posesión y preparen las posaderas para cuando comiencen a sentirse las decisiones de un hombre que parece ser nuestro… pero es de ellos. Que su elección es un hecho histórico, nadie lo duda, pero ¡cómo hemos padecido la historia del Norte aquí en el Sur! Es decir, aquí en las posaderas del mundo

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