Descubren macabro negocio en Italia
Descubren en Italia una mafia dedicada al tráfico de crucifijos, ataúdes e incluso de ropa de difuntos.
Descubren en Italia una mafia dedicada al tráfico de crucifijos, ataúdes e incluso de ropa de difuntos. La investigación revela macabras prácticas en la gestión de decenas de cementerios. Todo comenzó cuando en un operativo, la policía encontró entre la basura de los cementerios partes de cuerpos y sacos de plástico en cenizas. Se inició una investigación bautizada como Amén, que puso al descubierto esta red que vendía ataúdes de segunda mano, crucifijos y todo lo que pudieran robarle al difunto tras desenterrarlo. Los 15.384 cementerios del país fueron revisados así como 45 incineradoras y se descubrió que además de los sepultureros, en el macabro negocio estaban involucradas funerarias, hospitales y hasta funcionarios de las alcaldías. Que hacían para deshacerse de los fallecidos, los incineraban, por ejemplo de dos en dos, a otros nos los enterraban sino que los dejaban reposando eternamente en las cámaras mortuorias de los cementerios, congelados. Pero hallaron más anomalías. La incineración se hacía con gas --cuesta menos-- en lugar de gasóleo --alcanza un grado mayor de combustión-- y, encima, el horno funcionaba a medio gas para ahorrar combustible, un margen de ganancia estimado en 82.000 metros cubicos anuales, a los que hay que añadir los 380 euros por cadáver que las empresas reciben del ayuntamiento. Los descubrimientos prosiguieron, ya que a causa de la baja temperatura del horno los cadáveres no se quemaban del todo, por lo que los sepultureros ponían en sacos los restos sólidos de los incinerados y los amontonaban en una bodega, donde también yacían cadáveres anónimos sacados de sus ataúdes (¿tal vez los que se reutilizan?). En Massa, la policía contó hasta 500 kilos de cenizas, que corresponderían aproximadamente a 500 cadáveres y metieron en prisión a trece empleados municipales y de las empresas especializadas. En Milán, Roma y Bari salió a relucir que las funerarias mantenían un tráfico confidencial con los enfermeros de los hospitales para ser los primeros en hacerse con los muertos y crecer el negocio. En Padua, dentro de cinco urnas fueron descubiertas las cenizas mezcladas de tres de los cinco cadáveres incinerados el día anterior, por lo que dos empleados fueron denunciados por destrucción, supresión y secuestro de cadáver. En Novara y otras localidades, varios empresarios fueron denunciados por "enfriamiento de huesos y destrucción de restos procedentes del horno". En otras ciudades, aparecieron hornos ilegales, que incluso lucían certificados de calidad y a una empresa, muy conocida en Europa, le descubrieron 60 sacos con cenizas de 2.000 cuerpos.




