Vivir de la calle
Que van a multar a quienes mercamos cosas en los semáforos. Es lo que dice una ley que está para la firma del presidente Uribe y con ella se pretende que mejore lo que ahora llaman movilidad. Importa, pues, la movilidad de quienes van en carro en cumplimiento de esa premisa contemporánea colombiana según la cual el problema de las ciudades, el principal problema, es la movilidad.
Que van a multar a quienes mercamos cosas en los semáforos. Es lo que dice una ley que está para la firma del presidente Uribe y con ella se pretende que mejore lo que ahora llaman movilidad. Importa, pues, la movilidad de quienes van en carro en cumplimiento de esa premisa contemporánea colombiana según la cual el problema de las ciudades, el principal problema, es la movilidad. Que es que las ventas de semáforo producen trancones, dice la ley. Y producen accidentes, dicen otros sin estadísticas distintas a la percepción. Pero producen sobrevivencia, dirían los semaforeros que son millones de colombianos que se mantienen y mantienen a sus familias a punta de las monedas que se levantan allí. Nadie se para bajo estos aguaceros torrenciales o debajo de estos soles calcinantes porque le parezca un buen plan. Respirar veneno todos los días a todas las horas (ese Acpm que es azufre puro, esas nubes de contaminación que enferman) y recibir madrazos y displicencias no es una tarea grata. Esos colombianos que se vuelven racimos humanos en los semáforos son tragedias vivas del país que les hemos dejado. Y ahora les amenazan con que ni la calle les pertenece. Con que de la calle no se puede vivir. Que tampoco van a tener acceso a esas monedas de misericordia que cambian por una oblea o por una lavada de vidrios. Esa es una manera de asesinarlos. Una forma de lanzarlos en las manos de guerrillos y de narcos y de paras y demás malandros a quienes las autoridad sí les tiene respeto y temor.




