El doble rasero
Supongo, pensando con el deseo, que la Corte Suprema de Justicia ha reparado en su dramática contradicción: por un lado, encarcela a políticos vinculados con delincuentes, sin aceptar las excusas típicas de los implicados. Que no sabía y que no firmé, son, seguramente, las más escuchadas en la parapolítica. <br />Y está bien que la Corte no les haga caso. Es deber de ellos, los congresistas, ser prudentes y cuidadosos a la hora de aceptar invitaciones, y ser responsables y cautelosos al rodearse de ciertos personajes. Eso está bien, repito, porque cuando dicen que no sabían que fulanito era mafioso, o que perencejo les pago el viaje, suena a embuste.
Supongo, pensando con el deseo, que la Corte Suprema de Justicia ha reparado en su dramática contradicción: por un lado, encarcela a políticos vinculados con delincuentes, sin aceptar las excusas típicas de los implicados. Que no sabía y que no firmé, son, seguramente, las más escuchadas en la parapolítica. Y está bien que la Corte no les haga caso. Es deber de ellos, los congresistas, ser prudentes y cuidadosos a la hora de aceptar invitaciones, y ser responsables y cautelosos al rodearse de ciertos personajes. Eso está bien, repito, porque cuando dicen que no sabían que fulanito era mafioso, o que perencejo les pago el viaje, suena a embuste. Pero decía de una contradicción, porque por el otro lado, los magistrados de la Corte son manguianchos con sus actitudes y no reparan --no mucho, digamos--, en los efectos de su vida privada sobre los juicios públicos. Es decir, hay una vara para el proceder con terceros y otra para la actitud con sus propios miembros. Me refiero a la revelación de la revista Semana según la cual 20 de sus 23 magistrados viajaron a Neiva invitados por Asencio Reyes, un oscuro e influyente personaje que resulto ser socio de un mafioso pedido en extradición por Estados Unidos. No es un caso aislado. El mismo señor había sido su anfitrión en una parranda similar en Santa Marta, en la que el pretexto fue homenajear a magistrados costeños de diferentes tribunales. Allí, en medio de la euforia, dos ilustres representantes de la justicia llenaron de elogios al señor Reyes. “…mantiene la llama inextinguible de la amistad que nos une de tiempo atrás y permite evocar con cariño aquellos tiempos idos, los tiempos de la cometa”, dijo en sentido discurso el magistrado José Alfredo Escobar, Presidente del Consejo de la Judicatura. Y en el mismo tono, el Presidente de la Corte Carlos Isaac Náder agregó: “A este opita, al que tal vez alguna relación atávica lo pone en sintonía con la manera de ser caribe, quiero hacerle una mención especial”. Ambos, Escobar y Náder, ya habían sido mencionados en el caso de Giorgio Sale por idénticos motivos. Por indelicados inicialmente al aceptar la generosidad ajena, y por amnésicos posteriormente cuando les pidieron cuentas por esa amistad. (Amistad a la que por supuesto, Sale le quiso meter negocios e influencia en ciertos procesos judiciales). La historia de Sale, extraditado a Italia por sus vínculos con la mafia calabresa, se está repitiendo con Reyes. No necesariamente porque sea o vaya a resultar un delincuente, sino por el mismo camino de ligereza que siguieron los máximos jueces ante un particular. ¿Tienen los magistrados un código ético de comportamiento que les guíe en encrucijadas como las que plantean estas circunstancias de chequera desbordada, pasado incierto y un exagerado afán de influencia? ¿Saben que toda esa queridura que les brindan no es gratis? Me temo que no. Sus viajes y actuaciones deben ser producto de una gran ingenuidad y de una dosis aún mayor de descuido.Pero eso no los exime del pecado. Esos mismos jueces que cometen tales imprudencias se sientan el lunes siguiente a pedirle cuentas al senador Luis Fernando Velasco, por citar un caso, a pedirle explicaciones por haber aceptado un viaje a Europa que resultó pagado por los paramilitares. “No teníamos por qué ponernos en la tarea de averiguar quién corría con todos los gastos”, respondió un magistrado cuando le preguntaron por su responsabilidad en el viaje masivo a Huila. Qué van a hacer entonces, pregunto, si ese es el mismo argumento de Velasco y de otros de los procesados por la parapolítica.




