Texto del mensaje del presidente francés, Nicolas Sarkozy, a Manuel Marulanda, Ingrid Betancourt y a los secuestrados
"Deseo dirigirme a Manuel MARULANDA, el jefe de las FARC.
"Deseo dirigirme a Manuel MARULANDA, el jefe de las FARC. Las imágenes de los rehenes, las cartas a sus familias han conmocionado al mundo. El vídeo de Ingrid BETANCOURT, en particular, la carta tan profundamente conmovedora y desesperada que ha dirigido a su madre no pueden dejar indiferente a nadie. La llama se está apagando en esta mujer con una energía, audacia y coraje ganan la admiración de quienes la conocen. ¿Dónde está su sonrisa?? Esta mujer está al límite de su resistencia. Señor MARULANDA, usted lo sabe, no comparto sus ideas y condeno sus métodos, en particular los secuestros que sumen a tantas familias en la desgracia. Ninguna lucha tiene sentido sin el respeto de la dignidad del ser humano, que es el único fin posible de toda acción política. Señor MARULANDA, le pido solemnemente que libere a Ingrid Betancourt y no haga pesar sobre su conciencia el riesgo que significaría su desaparición. Es hoy una mujer sin fuerzas. Por mi parte, me comprometo a seguir implicándome personalmente en la búsqueda de una solución humanitaria para la liberación de todos los demás secuestrados. Más allá de ello, me comprometo a redoblar esfuerzos, si así se desea, para contribuir a encontrar una solución al conflicto colombiano". Pero, por ahora, señor MARULANDA, hay que salvar a una mujer en peligro de muerte.. Hago un sueño: el de ver a Ingrid con los suyos en Navidad. Señor Manuel MARULANDA, usted puede hacer realidad este sueño, usted puede mostrar al mundo que las FARC comprenden los imperativos humanitarios. Señor MARULANDA, tiene usted una gran responsabilidad. Le pido que la asuma."Texto del mensaje del presidente francés a Ingrid Betancourt y a los secuestrados"Buen día, Soy Nicolas Sarkozy, presidente de la República Francesa. Me dirijo a ustedes que están retenidos como rehenes, me dirijo a ustedes en nombre propio, pero sobre todo en nombre de los 62 millones de franceses y, creo poder decirlo, en nombre de todas las mujeres y todos los hombres de buena voluntad que, en todo el mundo, al unísono, reclaman su libertad. Con ellos, rechazo la idea de darlos por perdidos. Me he comprometido por ustedes. Me he comprometido a arrancarlos a un destino inhumano. Quienes los detienen cometen un error trágico. Se extravían. Se aislan. La comunidad internacional es unánime en la condena de sus métodos. Es hora para ellos de entenderlo y de hacer gala de iniciativa. Los documentos que acaban de ser publicados nos han conmocionado. Muestran el rostro del sufrimiento. Revelan el alma de la desesperanza. Por eso, quiero dirigirme a todos ustedes para llevarles el mensaje de solidaridad de Francia. Solidaridad con Colombia, que vive una tragedia diaria de la que ya nadie percibe el sentido; solidaridad con ustedes, retenidos injustamente, cruelmente, como rehenes; solidaridad con sus familias, con sus amigos, que calibran el tiempo perdido en el calendario de los recuerdos. A todos, quiero decirles: Francia no los olvidará. No los olvidará nunca. En este mismo momento, Francia busca nuevos medios para devolverles a la libertad, para devolverles a los suyos y a la vida. La urgencia de una solución se ha hecho aún más evidente para todos. Mantendré, con la discreción que se impone, todos los contactos necesarios para alcanzar el único objetivo que me interesa: su libertad. Ya he tenido numerosos intercambios personales con dirigentes que, de una manera u otra, pueden ayudarnos a avanzar: en primer lugar, el Presidente Alvaro Uribe, con el que mantengo un diálogo constante; el Presidente Chávez, que recibí en París; el Presidente de Estados Unidos, del que tres compatriotas figuran entre ustedes. Proseguiré sin descanso esta acción y me impongo una obligación de resultados. Para terminar este corto mensaje de solidaridad y esperanza, quiero dirigirme más particularmente a Ingrid Betancourt, mi compatriota. Quiero expresarle, querida Ingrid, mi admiración por su dignidad, por su coraje en una situación en que seres más débiles hubieran perdido hasta su humanidad; quiero expresarle el afecto de los suyos, con los que mantengo una relación confiada y regular; quiero aportarle el testimonio de la negativa de Francia a aceptar lo inaceptable. Ingrid, nunca la abandonaremos. Le suplico que tenga confianza. Lo conseguiremos. Tiene que aguantar porque su familia le espera."




